Un país desigual y conflictivo

24 Abr 2016 | 23:30 h

En estos días en que el debate público parece determinado por la búsqueda obsesiva de las diferencias entre los dos candidatos en liza (eso que Freud llamaba el narcisismo de las pequeñas diferencias), conviene recordar el fondo de la cuestión: el futuro de nuestra sociedad (es decir, el espacio en el cual somos socios). El Instituto de Estudios Peruanos y la Fundación Gustavo Mohme han realizado un estudio de opinión pública sumamente útil al respecto: “La ciudadanía desde la escuela: vivir en el Perú”. 
 
Las encuestas se aplicaron en 22 escuelas públicas en zonas urbano marginales de Arequipa, Ayacucho, Callao, Iquitos, Lima y Piura. La mayoría de los encuestados –estudiantes de 6to de primaria, 4to de secundaria, padres y docentes– perciben a la sociedad peruana como violenta, discriminadora y desigual. Quienes sufren la discriminación con mayor violencia son los pobres, las personas con discapacidad física y mental y los homosexuales.
 
Alrededor de un 20% de estudiantes de 6to de primaria y padres de familia piensa que los indígenas son pobres porque son menos inteligentes.
 
Asimismo, un 60% cree que el gobierno escucha más a la gente con dinero. Todo esto abona a una desconfianza generalizada hacia el “otro” y corroe la construcción de una noción de comunidad. En vez de relaciones de respeto y cooperación e identificación, se fomenta una cultura de supervivencia individual y pendejada. La tolerancia a la corrupción no se menciona, pero a mi entender aquí se encuentran sus raíces.
 
De todo esto se desprende una baja confianza en las instituciones públicas y políticas. Más grave todavía: esta crisis de confianza en los instrumentos que deberían lograr la mejora en la calidad de vida de las personas y el bien público, desembocan en el apoyo a soluciones contra la Constitución. Más del 70% de estudiantes de 4to de secundaria, padres y docentes, apoyan que se cierre el Congreso en caso se comprueben casos de corrupción de varios congresistas.También apoyan que las personas tomen justicia con sus propias manos, cuando la policía no hace bien su trabajo o los jueces no castigan a los culpables.
 
La luz en este sombrío panorama es que la mayoría confía algo o mucho en su escuela. Esta sería la base para la construcción de una ciudadanía “en la que los estudiantes asuman obligaciones y no solo derechos, y en la que se promueva el reconocimiento y el respeto por las personas, las instituciones y las leyes”.
 
Este es el germen de lo malo y lo deseable en nuestro presente y futuro. Los candidatos harían bien en leer este estudio (www.fundacionmohme.org o www.iep.org.pe). En particular PPK haría bien en aprovechar esta oportunidad para subrayar sus credenciales democráticas. Pero también para desdecirse de las barbaridades discriminatorias proferidas en el pasado reciente. 
 

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