Alianza sin Progreso

La misa a la que irán Alan García y Lourdes Flores.

2 Nov 2015 | 23:30 h

Sería una gran sorpresa que la alianza electoral que se cocina entre el Apra y el PPC tuviera el éxito que anima a sus promotores.
 
Por las declaraciones de Alan García –quien corta el jamón en el Apra como le da la gana– y Lourdes Flores –cuya influencia en el PPC está mellada y compite con otros sectores del partido– es claro que hay una conversación avanzada.
 
La aspiración de ambos sería ganar la elección o, al menos, tener un desempeño razonablemente exitoso. García quisiera volver a ser presidente o, al menos, pasar a la segunda vuelta; mientras Flores aspiraría a un premierato o, al menos, a no perder la inscripción partidaria.
 
Si esta alianza tuviera algún éxito sería un indicio de que algunas cosas importantes están cambiando en la política peruana. Para empezar, la percepción popular de que las alianzas electorales entre partidos tradicionales pueden funcionar para ganar una elección.
 
Al votante promedio peruano no le gustan las alianzas porque no las interpreta como la conjunción bien intencionada para, dentro de un juego normal de lo que es hacer política, aunar fuerzas para sacar adelante un proyecto. No lo ve como un pacto por la gobernabilidad sino como un arreglo bajo la mesa.
 
La explicación radicaría en el desprestigio tan profundo de los políticos así como sus actitudes tan cambiantes en función de la necesidad del momento. El todo vale.
 
Por ejemplo, escuchar a Carlos Bruce o Juan Sheput criticar con dureza a Pedro Pablo Kuczynski y luego matricularse en su partido y hablar maravillas de él, justificando el cambio de opinión solo porque ya se está en otra elección, confunde al elector y lo llena de desconfianza. 
 
Algo similar puede ocurrir en esta alianza electoral en camino entre García y Flores, quien hoy no se plantea –aduciendo el interés nacional– problema alguno en juntarse con quien perdió elecciones porque la noqueó etiquetándola injustamente como la candidata de los ricos y a quien ella misma acusó de haberle robado la votación en mesa, dos veces, para el pase a la segunda vuelta, para no hablar de sus tiempos juveniles en los que la estrella rutilante del PPC investigaba al entonces presidente por corrupción.
 
Se equivocan García y Flores si creen que pueden reactivar tiempos pasados en una alianza, pues ni él es Víctor Raúl Haya de la Torre, ni ella Luis Bedoya Reyes en la constituyente de hace más de tres décadas para salir de la dictadura militar.
 
Lo más probable es que esta alianza no tenga mucho progreso pues será vista, lamentablemente, como el pacto entre la candidata de los ricos –como dijo García– y el candidato de los narcos, como le acaba de llamar Rosa María Palacios.

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