El verdadero abogado del diablo

El jefe policial de Trujillo debe resolver el asesinato de su principal acusador. El archiconocido William Galindo era belicoso por naturaleza. Antes de morir, cogió dos veces en falta a quien investiga su crimen. El arte de sembrar pruebas, según cámaras indiscretas de la ciudad. El informante

17 Dic 2013 | 3:54 h

Ricardo Uceda

Un cadáver anda suelto en Trujillo: el del abogado William Galindo, asesinado por desconocidos la noche del 6 de noviembre, al ingresar a su departamento de la avenida Nicolás de Piérola. La policía ha hecho notar que cualquiera de sus relaciones peligrosas pudo haber causado el crimen. Frecuentaba a delincuentes, litigaba por la posesión de terrenos de propiedad dudosa, vivía entre continuas trifulcas, dando y recibiendo amenazas. En un video de 2011 transmitido por televisión luego de su muerte, aparece con un desconocido, aparentemente concertando un atentado. En otra grabación conversa con Ricardo Ríos Iglesias, acusado de lavar dinero de la banda Los Malditos del Triunfo, acerca de una intimidación por hacer, a propósito de un juicio por terrenos. Y en otra se lo escucha hablando por teléfono con Johnny Vásquez Carty, alias La Gata, un secuestrador condenado a 25 años de prisión. El abogado le propuso hacer una llamada extorsiva. Pronunció lo que La Gata debía decirle a la víctima:

−Yo estoy con el Chato Galindo. Si no arreglas, por mi madre que te liquido…

En otra faceta, había sido abogado de modelos y vedettes: Andrea Montenegro, Angie Jibaja, Maribel Velarde. De futbolistas: Machito Gómez. Como era conocido, en 2011 tentó una curul parlamentaria, pero fue desembarcado por Fuerza 2011. Culpó a Fernando Rospigliosi, quien lo había calificado de defensor de delincuentes. Lo demandó por cien mil dólares. “Ya sería congresista, si no fuera por lo que escribiste”, le increpó este año, durante una audiencia judicial en Trujillo. Como siempre, iba con cuatro guardaespaldas armados. Era un camorrista pertinaz desde que estudiaba Derecho en la Universidad Católica, de la que fue temporalmente expulsado por participar en una gresca.
¿Por qué importan los antecedentes de su muerte? Porque detrás de los episodios de su turbulenta trayectoria están los métodos que la policía usó para combatirlo. Son de lo más interesantes ahora que la lucha contra la criminalidad está en el centro de la atención.

PRIMERA SIEMBRA

La madrugada del 5 de agosto del 2012 fue allanado el domicilio de Rocío More, en Porto Alegre 310, urbanización El Alambre. La operación estuvo dirigida por el jefe territorial de la policía de Trujillo, coronel PNP Roger Torres, en presencia del fiscal adjunto antidroga Jesús Ramírez. Según el expediente, recibieron información de que More y su sobrina, Merly Durand, harían una transacción ilícita. De acuerdo con el acta, los policías decomisaron bolsas con un contenido aparente de cocaína y marihuana. Las mujeres fueron detenidas. En ese momento el coronel Torres no podía imaginar que terminaría haciendo el ridículo.

Al día siguiente las detenidas pidieron su libertad ofreciendo una grabación en CD de la intervención policial. Una cámara había registrado los hechos dentro de la vivienda, y las imágenes mostraban a dos policías introduciendo bolsas en el mobiliario: los paquetes incautados. Las mujeres tuvieron que ser puestas en libertad. El video fue colgado en youtube y los policías quedaron a punto para ser acusados de abuso de autoridad.

Durante la indagación posterior el Ministerio Público se prestó a un grotesco encubrimiento. Tenía a uno de sus funcionarios involucrado. Una de las mujeres, Rocío More, se desdijo, y pasó a declarar que la filmación no era verdadera. Como si las imágenes se hubieran creado por computadora. El laboratorio de la policía dictaminó que la sustancia incautada era harina, y que la supuesta marihuana no era tal. La fiscalía, que jamás ordenó un peritaje de la grabación, no encontró nada que denunciar. Pero Merly Durand mantuvo su versión. Y allí apareció para manejar la denuncia el belicoso abogado William Galindo. De inmediato salió en los medios para acusar de sembrador de droga al jefe policial de Trujillo.

SEGUNDA SIEMBRA

El 20 de abril del 2013, dos suboficiales de la PNP, en presencia del coronel Roger Torres, detuvieron a Luis Alberto Rodríguez Arce, esposo de Merly Durand, la mujer que lo había denunciado. Es conocido como Chiquilín, por ser el menor de la banda denominada Los Plataneros, a la que desde hace años la policía sindica como una de las principales organizaciones de extorsión pero sin lograr pruebas en su contra. Chiquilín fue detenido con su hermano Julio César y con un amigo de ambos, Jorge Rodríguez Flores, cuando conversaban en el interior del auto de este último. En el Complejo Policial San Andrés, adonde fueron llevados, la policía hizo un acta en la que figuraba un decomiso de cien gramos de droga. Los intervenidos no la firmaron, aduciendo que era falso. Nuevamente William Galindo se hizo cargo del caso. Chiquilín era uno de sus mejores amigos.

Galindo obtuvo las grabaciones de la cámara de seguridad del instituto El Cultural, ubicado en la cuadra dos de la avenida Larco, a pocos metros de donde se produjo la intervención. Había registrado todo. Resultó que los policías en ningún momento registraron el vehículo ni a las personas, ni se aprecia el decomiso consignado  en el acta. Hubo una segunda siembra, solo que esta vez la droga no pudo ser cambiada por harina.

Los detenidos pudieron salir en libertad semanas después. Galindo, ni corto ni perezoso, volvió a arremeter contra Torres, quien adujo haber estado de paso por el lugar, acercándose cuando la intervención se produjo. El 30 de setiembre pasado la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Trujillo dispuso abrir una investigación contra los suboficiales, con el coronel como testigo. Galindo 2, Torres 0.

TERCERA SIEMBRA

El 13 de setiembre se produjo una tercera siembra, aunque de otra índole. Galindo debía acudir a una audiencia judicial para defender la apelación de un cliente, Hernán Arroyo, acusado de usurpación de tierras por la fiscalía. Pero Arroyo, al comenzar la diligencia, dijo que Galindo no era su abogado y que no le interesaba apelar. La fiscal Celia Goycochea pidió a la sala detener a Galindo, por el fraude que implicaba la suplantación. En la audiencia estaba el coronel Torres con una numerosa dotación policial. Todo estaba preparado para que Galindo fuera llevado preso, pero los jueces no se dejaron convencer. Aunque lo sacaron del caso, no ordenaron su detención.

El abogado denunció una confabulación entre el coronel Torres y la fiscalía para encarcelarlo. Dijo que a su cliente le habían ofrecido pasar por alto las acusaciones en su contra. En los exteriores de la Corte Superior de Justicia de La Libertad, Galindo dio amplias, agresivas declaraciones a la prensa. Entretanto, la policía decidió no regresar a su base con las manos vacías. Detuvo a los guardaespaldas del abogado por posesión ilegal de armas, pese a que tenían licencias en regla. Al día siguiente fueron puestos en libertad. Pudieron ver sus fotos en los diarios locales, presentados como extorsionadores.

Posteriormente la policía involucró a Galindo en una balacera con heridos que se produjo en una discoteca. La fiscalía archivó el caso por falta de pruebas y el abogado renovó sus acusaciones contra Torres. A continuación la policía rodeó sus oficinas para intimidarlo. Galindo ya había dirigido cartas a todas las autoridades locales y regionales, incluidos el premier y el ministro del Interior, acusando a Torres de amenazarlo sistemáticamente. Cuando fue asesinado las miradas voltearon hacia el jefe policial, pero este dijo:

−Ni siquiera lo conocí personalmente. ¿Por qué tendría que amenazarlo?

SEMBRADORES EN ACCIÓN

Por un fin superior –combatir el crimen, que este año produjo 178 homicidios en Trujillo− la policía está empleando métodos ilícitos, hasta el momento con la vista gorda del Ministerio Público. Tanto lo saben los delincuentes que en primer caso pusieron una cámara para dejar evidencia de que les siembran la droga. Lo demostraron. En el segundo sembrado, hay un relato adulterado de los hechos, efectuado por un policía que no estuvo presente. Esta versión es completamente desmentida por el video, como seguramente mostrará la investigación en curso. En cuanto al crimen de Galindo, la policía espera una orden judicial para ingresar a su domicilio ¿Alguien puede poner una cámara indiscreta por favor?

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