“Historia oficial de Chile y Perú sobre la guerra sigue enfrentando a ambos países”

12 Feb 2013 | 4:20 h

Inés Flores.

Es un convencido de que las disputas entre los países de la región impiden observar procesos tan o más importantes que la guerra. En esta entrevista sugiere, al menos en la relación Chile-Perú, hacer el recorrido nuevamente de los hechos y estudiarlos no solo desde el punto de vista oficial sino con la incorporación de la sociedad.

Usted propone enseñar la historia común e integrada en Latinoamérica, ¿cómo lograrlo mientras se mantienen disputas territoriales entre países de la región?

Creo también que de alguna manera si insistimos en nuestros problemas y proyectos comunes debiéramos resignificar la historia, sobre todo con respecto a estas situaciones conflictivas, situándolas en su propio contexto y en su propia circunstancia. El siglo XIX no es el siglo XXI.

En Chile se dice mucho que no hay que vivir del pasado, pero para poder avanzar primero hay que resolver los temas pendientes. ¿No le parece así?

Sí, pero una cosa es lo que se dice y cómo se dice; lo otro es el significado de aquello que se dice. Por lo menos, los historiadores estamos apuntalando a esta idea de resignificar la historia. No estamos diciendo soslayar la historia; no estamos diciendo que hay que ir adelante olvidándonos del pasado; estamos diciendo que hay que ir adelante, no con los ojos del siglo XIX sino con los ojos del Siglo XXI pero resolviendo primero los problemas que tenemos todavía del pasado.

Está pendiente la solución del diferendo marítimo entre Perú y Chile, y Chile tiene otro tema por resolver con Bolivia.

Acá ha habido fundamentalmente dos sectores que son muy importantes: los gobiernos y los empresarios. Frente a lo sucedido con La Haya (el diferendo marítimo entre Perú y Chile), los gobiernos están en un plano absolutamente positivo; los cancilleres están en un plan muy pro positivo, y eso de alguna manera permite al menos conversar más abiertamente y con menos grado de desconfianza. El problema es que los gobiernos van pasando y los problemas vuelven a resurgir…

¿O están ahí?

Si vuelven a resurgir es porque están ahí. Lo que hay que esperar es que estas buenas relaciones se transformen en políticas de Estado, no de gobiernos determinados. En segundo lugar, están los empresarios, quienes a mí me parece han jugado un papel muy importante en llevar las relaciones peruano-chilenas en un buen momento en estos días.

¿Cuidan sus intereses?

Sí, los empresarios se preocupan de sus propios intereses, y cuando las cosas económicas van bien no hay problemas, pero cuando no van bien, las dificultades se vuelven en dificultades nacionales, y volvemos con los problemas. Creo que, a diferencia del siglo XIX, las sociedades tienen mucho que decir y son muy importantes. Tenemos que estudiar la historia en conjunto, asumir los errores en conjunto, y tener gestos que de alguna manera ayuden a disminuir en primer lugar el grado de desconfianza.

En Europa, los conflictos se resolvieron cuando Alemania le devolvió sus territorios a Francia.

Los conflictos que menciona se resolvieron cuando comenzaron a entrar a una fase de cooperación entre los Estados. Lo otro, era un cuento de nunca acabar: Alsacia y Lorena estaban en manos alemanas y francesas, y por ahí seguían los resentimientos mutuos. Indudablemente que después de la segunda guerra mundial ya no era ese problema territorial sino el problema de cómo enfrentar el futuro.

Si hablamos de cómo se escribió la historia sobre la guerra del 79, Chile la presenta como una concertación entre Perú y Bolivia para agredirlo, y en nuestro país se tiene presente que Santiago incumplió con convocar al plebiscito en Arica.

Los incumplimientos en general van siempre por ambos lados, y yo creo que eso hay que aclarar. Hay que hacer el recorrido nuevamente, pero hacerlo abiertamente, y en ese sentido, por lo menos en las relaciones entre chilenos y peruanos, se tiene que  ir descubriendo por dónde estuvieron los errores, por dónde han estado los incumplimientos, qué es lo que habría que hacer para ir sanando, ni siquiera las heridas porque es difícil, una memoria de frustraciones. Creo que cuando hay conflictos es por ambos lados.

También se ha referido a los gestos, ¿no fue torpe que los alumnos de la escuela naval de su país entrenen por las calles gritando frases agresivas contra los países vecinos?

Torpe, usted lo ha dicho. No estoy por la teoría del empate, pero también hace unos años un general del Ejército peruano cometió la misma torpeza al hablar de que a los chilenos los iba a mandar prácticamente en sacos. Creo que lo del video es grave, y felizmente el gobierno chileno reaccionó inmediatamente y esperamos el resultado de  la investigación que ordenó. Aquí entra el cuarto actor: los medios de comunicación. Alguna prensa (peruana) ha sobredimensionado la situación en vez de esperar 48 horas.
Otro ejemplo: En el Dakar, un piloto chileno de un auto de la competencia (ex capitán del Ejército) lució en territorio peruano, en Chorrillos precisamente, la gorra que utilizó la tropa chilena en el saqueo en Chorrillos.

Si seguimos buscando ejemplos, también recuerdo haber leído en la prensa toda la representación en Perú respecto a la batalla de Concepción. Son tonteras, pero obedecen a una forma que se tiene de mirar la historia en términos equívocos. Podemos respetar nuestras tradiciones, nuestros héroes, buscar los valores que ellos dejaron, sin que ello signifique seguir enturbiando las relaciones entre dos países.

¿Hasta qué época en los libros de historia peruanos y chilenos se mantuvo expresiones o referencias que generan ese rechazo hacia el otro país respecto a lo que fue la guerra?

Lamentablemente, se siguen sosteniendo. Posiblemente hoy día en tono más imperceptible, en una forma más fina.

¿Por ejemplo?

En el sentido de que las historias que enseñamos siguen siendo solamente las historias oficiales de los Estados. Yo no estoy en contra de la historia oficial o de la historia de los Estados, pero creo que no es la única historia. Lo que se enseña hoy en los colegios es la historia oficial, no se enseña todavía la historia de la sociedad. Si extendemos nuestra mirada sobre una historia que es mucho más abierta hoy día, más participativa, no vamos a estar mirando solo la historia de los oficiales. Por eso digo que los historiadores podemos tomar la iniciativa pero esto corresponde a toda la sociedad.

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