Los dos Almagros

Las razones de un sorprendente giro.

14 Feb 2018 | 6:05 h

En su reciente visita a Lima, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, rectificó declaraciones anteriores respecto al indulto otorgado por el Gobierno a Alberto Fujimori. Almagro señaló que, al hacerlo, el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) había demostrado “firmeza y liderazgo” y que no tiene problemas en “asumir riesgos para sanear el país o llevarlo hacia adelante”.

El secretario general de la OEA también reveló que el pasado 2 de noviembre, durante una cena en el Teatro Colón de Buenos Aires, PPK le confió que tenía pensado indultar a Fujimori mucho antes que se presentara el pedido de vacancia, asegurando –cree Almagro en favor de PPK– que Kuczynski “era consciente de los riesgos que esto tenía, pero también, más allá de lo que definitivamente hacemos nuestro o lo señalado por el Sistema Interamericano, demostró firmeza y liderazgo para afirmar decisiones que eran importantes”.

Los requiebres verbales usados por Almagro no han logrado ocultar su cambio de posición. El pasado 4 de enero dijo que compartía la posición señalada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), agregando que “en materia de derechos humanos, los contenidos reflejados allí son importantes y vinculantes para la Secretaría General”, en una conversación con varias agencias de prensa. En ese momento, Almagro decía que “respecto a temas institucionales sobre los cuales también se nos han hecho planteos, deberemos esperar el dictamen de la Corte sobre si ese indulto ha sido realizado de manera constitucional, y la consulta a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para determinar si ese indulto está en consonancia con las sentencias de la misma que afectaron a Fujimori”.

Antes de juzgar el cambio de posición en pocas semanas, es conveniente señalar el contexto y las probables razones del giro. La primera opción, la del gesto cortés de un visitante, debe ser descartada porque ha superado los límites convencionales de las buenas maneras. Son extremas, e irreales incluso para un extranjero, las menciones al liderazgo y la firmeza, y el desafío al riesgo de una decisión que ha sido cuestionada formalmente por el organismo hemisférico especializado en DDHH y relacionado íntimamente con la OEA, el organismo que gerencia Almagro.

Considerando el destacado papel del secretario general de la OEA en las gestiones para el retorno a la democracia en Venezuela, un desempeño muy aplaudido en la región, es probable que la rebaja de la crítica al indulto intente oxigenar a un gobierno acosado que se apresta a ser anfitrión en la Cumbre de las Américas en abril próximo. Si esa fuese la lógica del cambio de Almagro, tampoco sería aceptable, teniendo en cuenta que la lucha en la región contra el autoritarismo es indesligable de los reclamos contra la impunidad. Esta precisión es válida y necesaria, sobre todo cuando los peruanos debatimos el valor de la reciente resolución de la Corte IDH sobre el TC y esperamos su fallo precisamente sobre el indulto.

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