Del horror y otros delitos

La organización, la prevención y la alerta son pilares en la lucha por evitar estos crímenes que demuestran una vez más el débil funcionamiento de políticas educativas y de seguridad.

13 Feb 2018 | 6:05 h

Martes 13… ¿Acaso no es un buen día para desempolvar nuestra película o serie de terror favorita? ¿Qué mejor que preparar canchita y sentir el miedo recorriendo nuestro cuerpo? Admitámoslo, preferimos estar cómodos, sentados en el sofá, resguardándonos en la ficción, ya que la realidad es mucho más cruda y tenebrosa. 

Recientemente, crímenes por violación sexual y asesinato a menores de edad han instalado el horror, sobre todo en las mujeres, de ser víctimas de alguno de estos degenerados que, a pesar de contar con varias denuncias en contra, aún siguen libres en las calles.

Y es que, reaccionamos por el momento. Cuando ha ocurrido lo peor, volteamos a opinar, a coger nuestras cámaras y grabar el llanto, a repetir una y otra vez la cronología de esa desgracia, a escribir, ya sea un artículo o una columna, y cuestionar nuestro papel en una sociedad ya podrida. 

¿Ejecutarlos a todos? Qué fácil sería coger una Death Note y escribir los nombres de los 604 buscados por violación sexual que el ministerio del Interior publicó la semana pasada y esperar cuarenta segundos a que mueran de un ataque al corazón. Pero no. 

Bien advierte Augusto Rey en su columna del 8 de febrero que “esta ira colectiva trae consigo el riesgo enorme de que terminemos abrazando propuestas populistas e ineficaces”, que sin más podrían ser aceptadas por la población, pero que no responden debidamente a la justicia como tal. 

La organización, la prevención y la alerta son pilares en la lucha por evitar estos crímenes que demuestran una vez más el débil funcionamiento de políticas educativas y de seguridad. Actuemos de inmediato o sino, cuando despertemos, los niños ya no estarán ahí.

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