Somos Jorge y Diana

Todos somos Jorge y Diana, padres de Jimena. Todos lo somos no solo en la marcha del jueves.

7 Feb 2018 | 6:05 h

Tengo una amiga que cuida a su pequeño hijo con muchísimo celo. A veces le decía en broma: padeces de 'mamitis' incurable. Pero ¡qué grave error el mío!, con lo sucedido a Jimenita me doy cuenta de que sus cuidados se justifican, que toda precaución es necesaria con los menores de la familia.

Hay que estar prevenidos, pienso hoy, cuando en mi cabeza todavía martillea el llanto de la mamá de la niña asesinada. Su dolor demuestra que nuestra sociedad está mal, sigue fallando, carece de cordura. La niña desapareció, la señora lo denunció y nadie movió un dedo. Los policías no le hicieron caso. La prensa solo buscó hacerle un zoom a su angustia, a su rostro dolido. Fiscales, jueces, alcaldes y ministros, todos, seguramente durmieron muy tranquilos ese 3 de febrero.

Al día siguiente, la indignación y la reacción tardía. Un desquiciado suelto (¿cuántos otros habrán?) y la ciudad seguía su rutina... Ahora, lo peligroso del crimen de Jimena es que solo quede en el titular, en el informe televisivo. ¿Seguirán dándose talleres a niños en las comisarías, allí donde van gente de mal vivir? ¿No es posible hacerlo en un local comunal o en una escuela? ¿Qué acciones ofrece la policía, la fiscalía, el poder judicial, el sector Educación o Salud, para cuidar a los niños del país? 

¿Qué hace el Congreso, que -como dice Marisa Glave- en año y medio de funciones sólo aprobó dos leyes contra la violencia hacia las mujeres?, ¿por qué no convoca a un Pleno extraordinario para tratar la violencia contra los menores?

Esto debe acabar. Todos somos Jorge y Diana, padres de Jimena. Todos lo somos no solo en la marcha del jueves. También a la hora de exigir autoridades capaces de defender la vida humana. Que no solo estén para la indignación del momento. Hasta que ocurra otra tragedia y aparezcan otra vez para las condolencias y la foto, muy ‘dolidos’, por cierto.
 

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