De vida o muerte

Un debate nacional sobre los medicamentos y el derecho a la salud.

31 Ene 2018 | 6:05 h

La compra por el grupo Intercorp del 100% de acciones del grupo Quicorp genera una ultraconcentración del mercado de medicamentos en el Perú. Casi el 90% de la venta de medicinas está bajo el control de un solo grupo económico, de modo que prácticamente ha sido asfixiada la libre competencia en este sector.

La discusión que este hecho promueve tiene varias dimensiones. En el ámbito constitucional, la primera referencia es a que la Constitución no prohíbe el monopolio y solo cuestiona el abuso de la posición dominante en el mercado, ignorando las sentencias del Tribunal Constitucional (TC) que en reiteradas oportunidades ha cuestionado el “absoluto abstencionismo estatal frente al desarrollo del mercado”. Indecopi, institución llamada a vigilar la libre competencia, solo ha visto una parte de esta ecuación, es decir, la libre competencia, y no la segunda, que es la concentración de un modo limitante de esa libertad económica.

Las reacciones en el Gobierno colocan sobre la mesa los asuntos de fondo que el temperamento contemplativo de Indecopi se resiste a abordar. La ministra de Economía, Claudia Cooper, ha señalado que no se puede permitir el abuso de posición de dominio, que hay que focalizar el aspecto normativo, apoyar la mayor penetración de medicamentos genéricos en el sector Salud, y que debe atenderse el problema de los precios en el sector. Desde su sector, el ministro de Salud, Abel Salinas, ha señalado que el principal riesgo de la concentración de las cadenas de distribución de farmacias es la subida de precios al consumidor y que debemos caminar hacia una organización reguladora de medicamentos muy potente, capaz de regular este mercado.

La discusión posee entonces dos grandes horizontes; el primero de ellos es la defensa de la libre competencia, un reclamo social que no es una exigencia populista como lo señalan los defensores del monopolio farmacéutico, sino la demanda al Estado para que regule, controle, prevenga y prohíba conductas en sectores delicados como el de las medicinas, base del derecho a la salud.

Es extraño que los defensores del monopolio que dicen defender la modernidad de la economía no reparen en que, precisamente, los países con economías abiertas, todos ellos miembros de la OCDE, tienen reglas claras de control de las fusiones y adquisiciones para defender los derechos ciudadanos frente al mercado.

El segundo problema es el de los precios. Sería injusto sostener que los precios de las medicinas eran baratos antes de esta compra monopólica. Sí es cierto, en cambio, que desde cuando dos o tres grandes empresas se repartían el mercado, y aún antes, el Estado desatendió su deber de impedir tanto la concertación de precios como el encarecimiento de las medicinas. Sobre el punto existe una agenda espinosa sobre producción, etiquetado, importación, venta, suministro de medicinas en el sistema de salud y acceso a los medicamentos genéricos que debe ser tratado desde un debate nacional serio. Este no es un asunto de mercado, exclusivamente, sino de vida o muerte.

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