Una visita provechosa

El Papa en el Perú, un balance final positivo.

22 Ene 2018 | 6:05 h

En un balance general, la visita del papa Francisco al Perú ha sido un hecho positivo y fresco en medio de una crisis de liderazgos y discursos. Durante cuatro días, y aun antes, el Perú católico se movilizó con entusiasmo para recibir al más alto representante de la iglesia sabiendo que su discurso desborda desde su misma elección los cánones tradicionales del mundo católico.

En líneas generales, el Papa ha cumplido con creces la expectativa depositada en su viaje. De hecho, ha colocado en la agenda nacional varios temas sobre los cuales se habla a medias, se emiten recetas tibias o, simplemente, se levanta una orden ideológica de intangibilidad. Estos temas son el modelo del desarrollo, la corrupción, el respeto a los pueblos originarios y el papel de la juventud.

Sus propuestas más logradas fueron las referidas al ambiente. Su llamado a respetar la Amazonía como parte de la casa común no vino solo; fue unido a una recusación firme del modelo económico extractivista, egoísta, depredador y utilitario, es decir, una crítica dura al neoliberalismo. El silencio del sector conservador de la iglesia es elocuente, y por esa razón se entiende su apuesta por rescatar de la visita de Francisco las imágenes menos apostólicas.

Un hecho durante la visita merece una reflexión crítica: la omisión en suelo peruano por parte de Francisco de los graves abusos sexuales, físicos y psicológicos, cometidos al interior del grupo Sodalicio de Vida Cristiana y en otras diócesis, sobre los cuales la justicia peruana ha iniciado una investigación que ha llevado a la fiscalía a solicitar la prisión preventiva de Luis Fernando Figari, fundador de Sodalicio y principal abusador. A pesar de ello, sin embargo, y reconociendo el dolor de las víctimas que esperaban una mención más directa, debe ser rescatado el hecho de que antes de su visita personalmente decidiera intervenir esta cuestionada organización y que en la misma iglesia hay voces críticas contra la impunidad, como las del cardenal Sean O’Malley.

No puede dejar de mencionarse las contradicciones que esta importante visita desnudó. Las más emblemáticas fueron la del gobernador de Madre de Dios, notable defensor de la minería ilegal, convertido por unos días en ambientalista, y la infeliz decisión de las autoridades de Trujillo de tapar con planchas de madera las zonas afectadas por El Niño costero por las que pasó la comitiva del Papa.

Debe reconocerse, finalmente, la acertada organización de la visita a cargo de la Conferencia Episcopal Peruana, la misma que supo compatibilizar los temperamentos al interior de la iglesia peruana y sortear los disfuerzos de un sector ligado al cardenal Juan Luis Cipriani, patente en la insistencia descortés de celebrar la misa en Lima en la Costa Verde. Al final, la organización en los tres lugares que visitó el Papa fue muy adecuada, sin incidentes y con la participación de miles de voluntarios en un gran momento para el país y la mayoría de sus ciudadanos.

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