Hacia una reingeniería del MEF

6 Dic 2017 | 6:00 h

En la CADE el Presidente del BCR, Julio Velarde, dijo que el MEF había “perdido peso”, pues desde el Congreso se cuestionan sus decisiones, lo que antes no sucedía. Esa “pérdida” estaría atentando directamente contra el eje del crecimiento y la estabilidad económica en los últimos 20 años.

La crítica se dirigió a las iniciativas “mercantilistas”, sobre todo del fujimorismo, por ejemplo, al proyecto que reactiva las exoneraciones tributarias a las empresas aéreas, beneficiando a las “grandes” (Latam).

Estas iniciativas con intereses particulares deben combatirse, pero sin olvidar que algunas sí son pertinentes (como las que hicieron posible que el gas de Camisea llegue a Lima). Dicho esto, el tema de fondo radica en saber si el “peso” del MEF debe mantenerse, sí o sí, pues sería la condición sine qua non del crecimiento.

Un primer tema es la sobrevaloración de la política económica peruana. Si nos remitimos a las cifras, queda claro que su alto crecimiento no ha sido una “excepción”, sino la regla en todos los países que exportan materias primas, pues sus precios se triplicaron debido al superciclo impulsado, en gran medida, por la industrialización de China. Por tanto, el crecimiento vino por los buenos términos de intercambio (TI).

Dice José Antonio Ocampo (1) que del 2003 al 2013, el crecimiento promedio de Perú fue de 6.4%, con una mejora en los TI de 4.2%. De su lado, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela tuvieron importantes tasas de crecimiento –algo menores a las de Perú– también debido a los favorables TI. Así, a pesar de sus distintas políticas económicas (y de si tenían o no, por ejemplo, empresas estatales), el crecimiento subió y cayó con el superciclo (que terminó en el 2013).

Digamos también que si se propugna la “total autonomía” del MEF, va de suyo que el Perú habría funcionado muy bien con las “cuerdas separadas”: la economía y la política podrían “correr solas”, lo que es una crítica central al “motto” de la CADE.

Pero lo cierto es que no hay compartimientos estancos entre la economía y la política. Para acabar con las cuerdas separadas hay que reformar al todopoderoso MEF –conservando los equilibrios macroeconómicos– para poner el péndulo al medio y alejarnos de la idea que el “libre mercado” lo puede todo.

Esta discusión no se agota en un artículo. Pero se pueden tocar algunos temas. No tenemos un Plan Nacional de Desarrollo de largo plazo, lo que sí existe en vecinos como Chile y Colombia. Sobre esa base, en Chile las inversiones las programa el Ministerio de Desarrollo Social y en Colombia el Departamento Nacional de Planeación, que depende del Presidente de la República.

Los MEFs intervienen, claro está, en la asignación presupuestal y el seguimiento del gasto. Pero no deciden como aquí –dejando al CEPLAN como un “papel mojado”– sobre la base de un presupuesto anual y/o, en el mejor de los casos, con un Marco Macroeconómico Multianual cuyo “largo plazo” es de… 3 años. Y allá la programación de la inversión de las Asociaciones Público Privadas no depende de un Proinversión adscrito y obediente al MEF.

El MEF tampoco ha querido evitar la concentración empresarial (pocas empresas controlan los mercados importantes), oponiéndose a todos los proyectos de ley para regular las fusiones y adquisiciones.

Durante el anterior gobierno, el MEF apenas si apoyó la diversificación productiva –que le atañe a PRODUCE– pues “el piloto automático” no necesitaría “otros motores para el crecimiento”. Peor: se está desandando lo avanzado, más por anteojeras ideológicas que por carencia de fondos.

Tampoco ha encabezado la lucha contra la elusión tributaria, que evade el pago de impuestos buscando vacíos legales que permiten inflar costos y hacer transferencias a paraísos fiscales. Recordemos que la Norma XVI, que otorga a la SUNAT instrumentos para combatir la elusión, fue autorizada por el DL 1121 del 2011, pero fue “suspendida” por la Ley 30230 del 2014, impulsada por Miguel Castilla, luego por Alonso Segura, lo que continúa con este gobierno.

Ya es hora de aprobar la Norma XVI. Ojo: dice la SUNAT que la evasión y elusión tributaria llegan a S/ 55,000 millones anuales, los que deberían aumentar el presupuesto, principal herramienta para el pago de los funcionarios públicos y la inversión pública para reactivar la economía y atacar la inequidad social.

Por tanto, para “juntar las cuerdas” es clave una “reingeniería” del MEF, no para que gane o pierda peso, pues la solución no es un tema de cantidades. Es una cuestión cualitativa, que apunta a un crecimiento duradero y diversificado, con equidad social. Última cuestión: si de eso se trata, entonces la CADE debió acoger a representantes de los trabajadores y las llamadas “capas emergentes”, que brillaron por su ausencia.

(1) Ver http://booksandjournals.brillonline.com/content/books/b9789004351677s005

El MEF tampoco ha querido evitar la concentración empresarial, oponiéndose a todos los proyectos de ley para regular las fusiones y adquisiciones.

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