Las buenas intenciones

Tibia reacción del Gobierno a la ofensiva contra las instituciones democráticas.

11 Nov 2017 | 6:00 h

La ofensiva de Fuerza Popular contra instituciones autónomas como el Ministerio Público y el Tribunal Constitucional (TC) y contra el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ha tenido hasta ahora una tibia respuesta del Gobierno. El acoso contra PPK es respondido muy limitadamente por el gabinete, y en algunos casos con silencios calculados en tanto que, respecto de las otras dos instituciones agredidas, la indiferencia es mayor.

Además del apreciable silencio, algunas respuestas son increíbles. El ministro de Justicia, Enrique Mendoza, de quien se espera una defensa jurídica firme y razonada de la institución presidencial y el liderazgo en el debate en defensa del presidente, compareció ante un medio solo para sugerirle a PPK de modo personal –algo que se hace característico en él– que “brinde la mayor colaboración a la Comisión Lava Jato por escrito, como aparece en el informe”. De esa manera, el asesor legal del presidente y del Ejecutivo obvia deportivamente el contenido funesto del informe aprobado por la Comisión de Constitución claramente inconstitucional y contrario a PPK. Por si no quedaran dudas, Mendoza ha sostenido que dicho documento “hace precisiones muy interesantes”.

Extraño además el silencio del MINJUS respecto a la ofensiva de Fuerza Popular contra el Tribunal Constitucional (TC) y contra el Ministerio Público, contrariando el mandato de las normas que son su razón de ser. Los responsables de este sector deberían recordar que la defensa de la independencia de los magistrados es una garantía de la función jurisdiccional señalada en la Constitución.

La misma premier Mercedes Aráoz, vocera del gobierno y en esa condición el rostro político del Ejecutivo, ha reaccionado contenidamente al cargamontón del fujimorismo contra el presidente. En un exceso de ingenuidad se ha resistido a realizar “juicios de valor”, es decir, calificar los actos del Legislativo, añadiendo “no estoy pensado en que haya aquí una maldad. Yo no creo en maldades, no creo que haya malas intenciones ni mucho menos”.

De la bancada oficialista ya se podía esperar poco pero no ese nivel de omisión. Salvo dos o tres legisladores, la mayoría se ha expresado con timidez respecto al acoso contra el presidente Kuczynski y se han resistido a luchar en el seno mismo del Congreso contra la ofensiva antidemocrática. A gran parte de la bancada de PPK se les ha notado mucho más interesados en promover la ley de alimentación saludable a gusto de los industriales que preocupados por la estabilidad de su Gobierno.

Más allá de los cálculos personales o el interés de llevarse bien con el Congreso para salvar presupuestos o proyectos de ley, al Gobierno y a cada miembro del gabinete la corresponde sopesar la naturaleza de este período, en donde se juega el tipo de gobernabilidad que se pretende imponer a costa de la precariedad de las otras instituciones. Esa debilidad se hará extensiva al Gobierno en su conjunto por más amigos que algún integrante del oficialismo intente conservar en el Parlamento.

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