El relato de un idiota

11 Sep 2017 | 6:00 h

La frase del Macbeth de Shakespeare es célebre: “El relato de un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”. William Faulkner la tomó para el título de una de sus obras maestras: El Ruido y la Furia. El personaje central, Benjy, un discapacitado mental, nos introduce sin embargo, en 1929, en los laberintos del monólogo interior. Todo esto viene a cuento por lo que acaba de suceder con la interpelación a la ministra de Educación, Marilú Martens. En un congreso con más de cien congresistas ausentes, asistimos a una farsa grotesca, en donde lo que menos importaba era la educación de los niños peruanos.

Lo grave de este manoseo masturbatorio de los instrumentos democráticos es precisamente su esterilidad. Todos nos damos cuenta de que se trata de una primitiva demostración de fuerza bruta. Nada más. El único interés es debilitar aún más a un Gobierno que, para eso, no precisa de ayuda. Sin embargo, esta penosa demostración de abuso y desperdicio de tiempo y recursos, tiene otras consecuencias de gran peligro: el descrédito y la erosión de la democracia.

Groucho Marx: “Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje engañar: es un idiota”. Esta frase merece ser matizada. Muchos de los congresistas de FP no tienen un pelo de tontos: Luis Galarreta o Úrsula Letona, por ejemplo. No obstante, la dinámica grupal en la que se ven inmersos, en donde el objetivo de destruir al Gobierno pasa por encima de cualquier razonamiento o argumento, los conduce a proferir insensateces y falsedades con una convicción que haría palidecer de envidia al Benjy de Faulkner.

Si a esto se añaden iniciativas regresivas y negacionistas como borrar el nombre de Gustavo Mohme Llona de una sala congresal vinculada a la comunicación, es fácil advertir adónde nos están llevando: a repetir lo sucedido en los noventas. El galimatías en el que se enredó un congresista articulado como Mulder, a fin de justificar este nuevo intento de asesinar la imagen de Mohme, es otra prueba de lo que está sucediendo. Es imposible reproducir el pasado porque el Perú de ahora no es el de entonces. Pero lo que sí puede ocurrir es que, debido a la incapacidad de Keiko Fujimori de procesar su derrota electoral, aunada a la sumisión del régimen de PPK, engendremos alguno de esos monstruos que nuestro país cobija en las entrañas de su historia.

Porque no se limitaron a quitar su nombre. Como en la era de Montesinos y Fujimori, salieron en las redes sociales a culparlo de haber revelado la estrategia para rescatar la embajada del Japón, durante el secuestro del MRTA. Todo esto ya lo conocemos. Freud lo llamaba la compulsión de repetición, una de las tapaderas de la pulsión de muerte. Por eso la alianza de FP con el Movadef durante la huelga magisterial no fue solo una táctica: fue un aviso.

El galimatías en el que se enredó un congresista articulado como Mulder, a fin de justificar este nuevo intento de asesinar la imagen de Mohme, es otra prueba de lo que está sucediendo.

Te puede interesar