En defensa de los Comunicadores

19 Jun 2017 | 0:02 h

Henry Rafael
(*) Consultor y presidente de EDIRCOM

Hace unos días culminamos en Cartagena, Colombia, la XI Cumbre Mundial de Comunicación Política que hace dos años tuve el privilegio de presidir en Lima. Profesionalizar la comunicación en el ámbito público, privado y gubernamental es un esfuerzo que año a año desarrollamos de la mano con el pionero de la organización, el comunicador y diputado argentino Daniel Ivoskus.

Somos conscientes de que la labor del comunicador atraviesa por el tremendo reto de hacer un mundo más y mejor comunicado. Los problemas políticos, las crisis reputacionales de las empresas e instituciones, los casos de corrupción, como el de Odebrecht, y el hartazgo ciudadano de la política sencilla, nauseabunda y carente de profundidad, convierte al camino empedrado en uno de púas.

La semana pasada, un político con quien compartí un set de televisión se quejó de los comunicadores. Los llamó maquilladores de la realidad. Unos simple marketeros. Pero está equivocado. Hoy, el boom de las comunicaciones y el empoderamiento ciudadano hacen muy difícil que la gente no reconozca entre un político que le miente y otro que le dice la verdad. Si el ciudadano elige al que miente es el resultado del ejercicio de la democracia. No del marketing político.

Tampoco la comunicación es solo marketing. Es al revés, el marketing es una herramienta más de la comunicación integral, término que hoy impulsamos con fuerza en los foros de profesionalización que organizamos. Tanto se equivocan quienes limitan la labor del comunicador al marketing o al periodismo, como quienes creen que la comunicación estratégica está limitada a efectivas campañas publicitarias, la movilización de redes y el buen manejo de la relación con la prensa.

La ciencia de la comunicación social es una profesión universitaria, con maestrías y doctorados de especialización en casi todas las universidades prestigiosas del mundo.

Pero hay que ser responsables y autocríticos. Nuestra profesión comparte los problemas de credibilidad y confianza que tiene la política. Los procesos electorales de los últimos cinco años demuestran la limitada incidencia que tiene la prensa en el voto ciudadano. Tampoco las redes sociales generan, todavía, incidencia a gran escala. Lo dijo el reconocido estratega español, Antonio Solá, en una entrevista en el portal depolitika.pe: “las redes sociales son generadoras de opinión, pero no son prescriptoras del voto”.

En la conferencia que dicté en Cartagena, “Ganar y Gobernar”, señalé que una campaña que logra ser tendencia en redes solo funciona cuando emerge de gente real. Cuando emerge de trolls, solo generan falsas sensaciones de triunfo. No hay campaña comunicacional que pueda esconder una pobre gestión pública o privada. Quienes lo creen, o lo hacen creer así, necesitan profundizar su aprendizaje de la comunicación y de política.

Tampoco son saludables las campañas de difamación y ataque a los comunicadores, que como todo profesional, brindan sus servicios para una empresa u otra, para un gobierno u otro, para un color o el contrario. ¿No aplica lo mismo con un médico, abogado o cualquier otro profesional?

No nos equivoquemos. La comunicación social es una profesión puesta al servicio de quienes apuestan por tener una mejor relación con los ciudadanos, con sus clientes o con su público interno. Aplica para el sector público y privado. Por ello, necesitamos más comunicadores que sepan de política y políticos que sepan de comunicación. En ese esfuerzo estamos, pero es indispensable defender primero el valor profesional del comunicador y comunicadora del país.

Nuestra profesión comparte los problemas de credibilidad y confianza que tiene la política. Los procesos electorales de los últimos cinco años demuestran la limitada incidencia que tiene la prensa en el voto ciudadano.

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