Misterios del tráfico limeño

17 Jun 2017 | 23:30 h

Que el tráfico limeño está al borde del colapso parece un hecho, al punto que ya hay quienes sugieren que se establezcan, como en los tiempos del gobierno militar, turnos para que los automóviles circulen. Por si no lo recuerdan, me refiero a la época en que, con el objetivo de ahorrar combustible, se dispuso que los autos tuvieran uno de dos colores de calcomanías –rojas y azules– y con las que solo podían circular, alternadamente, tres veces por semana. 

Sin embargo, más allá del parque automotor que crece a un ritmo vertiginoso, porque cada vez se compran más autos nuevos sin descartar los antiguos (que se venden y revenden hasta el infinito), hay algunos inexplicables hábitos de automovilistas, peatones y hasta policías limeños que hacen que el tráfico no solo sea intenso y caótico, sino el auténtico universo del absurdo.

Por eso, como me pongo filosófica cada vez que la avenida Washington se convierte en mi hogar, cuando me quedo plantada entre semáforo y semáforo, y como producto de andar observando el comportamiento de la gente al volante de sus automóviles durante muchos años, he hecho una lista de dudas existenciales que se me han ido ocurriendo en el tiempo.

1. ¿De qué conversan con el taxista los pasajeros que paran un taxi a mitad de cuadra y se quedan largos minutos obstruyendo el flujo de los demás autos? ¿Le cuentan su vida? ¿Le explican la ruta completa? ¿Le mandan saludos a su familia? ¿Tanto tiempo toma decir: cuánto me cobra por ir a tal sitio?

2. ¿Por qué los otros taxistas siempre se ponen en fila detrás del taxista que fue convocado primero, esperando que este rechace la carrera para ver si les liga el cliente, como si fuera un casting en medio del tráfico? ¿No se dan cuenta que, aparte de un acto de deslealtad, los obligará a bajar más su tarifa? ¿Y por qué luego se quejan de que Uber les robe la clientela?

3. ¿Qué demonio o malvada entidad se mete en el cuerpo de ese automovilista que avanza justo al medio del cruce entre dos calles y se planta, sin poder pasar ni dejar pasar a los que vienen por la otra vía, cuando ya sabe que no hay espacio para un auto más en la siguiente cuadra? ¿Es tan dramático esperar al siguiente semáforo?

4. ¿En qué cuernos piensa el tipo que toca el claxon desesperadamente cuando el auto de adelante está yendo a la velocidad reglamentaria?  ¿Y el que lo toca en medio del tráfico, sabiendo que delante tuyo hay mil automóviles esperará que al de adelante le salgan hélices y vuele? 

5. ¿Y ese que toca claxon por quítame estas pajas no sabe que ese ruido horrible no va a apurar al de adelante (sobre todo si lleva las lunas cerradas), sino que molesta a todos los que están alrededor, incluyendo a personas enfermas o a bebés dormidos? ¿Le gustaría dormir con ese ruido en la oreja? ¿Y el psicópata que le toca el claxon en el oído a la viejecita que se metió en la pista por error no sabe que el peatón es la prioridad en cualquier sistema de tráfico del mundo?

6. ¿Qué gana el tipo del carril derecho que, cuando ve que haces luces para voltear (a la derecha) desde el carril del centro, acelera como loco para evitar que lo hagas? ¿Le afecta en algo seguir a la velocidad que iba? ¿Por qué el automovilista limeño se niega tajantemente a dar el pase a quien sea?

7. ¿Y ese de la cuatro por cuatro gigantesca se dará cuenta de lo ridículo que es tener un camionetón hecho para terrenos accidentados en plena... avenida Larco? ¿Cuándo esos vehículos antieconómicos y antiecológicos se convirtieron en el símbolo de estatus favorito de los nuevos ricos?

8. ¿Y por qué el policía que para al conductor de micro que ha cometido una falta se lo lleva a conversar a un costadito, a unos metros del vehículo? ¿Qué tiene que decirle que los pasajeros no pueden escuchar? ¿Por qué casi nunca le pone una papeleta?

9. ¿El muchacho que cuida autos y me guía (¡déale, déaleeee!) sin que se lo pida piensa realmente que soy incapaz de salir de un estacionamiento por mi propia cuenta? ¿De cuándo acá los cuidadores de autos son semi propietarios de los estacionamientos callejeros y se creen con derecho a cobrarte, bajo el pretexto de que van a “cuidar” tu auto?

10. ¿Y por qué siempre hay un policía cuando te robas media cuadra a la una de la mañana de un domingo en una calle secundaria, pero no hay uno ni para remedio a las seis de la tarde en el cruce de Jorge Chávez-Salaverry-Guzmán Blanco-Washington-28 de julio, que es cuando se arman unos atracones de madre y señora mía?

En fin, las preguntas son infinitas, pero lo único que queda claro es que el terrible problema del tráfico limeño no terminará con más bypasses, pistas más anchas ni con turnos de algún tipo, sino cuando nos demos cuenta de que la esencia del reglamento de tránsito, más allá de los paporreteos que exigen para sacar el brevete, es el respeto al tiempo del otro (que es tan valioso como el de uno) y el trato considerado a los demás. Es decir, la regla más antigua del mundo: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.

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