Saber morir

Y, de ese modo, quizá hasta realmente llegar a ganar.

18 Jun 2017 | 0:04 h

Por primera vez, Pedro Pablo Kuczynski podría tomar la iniciativa ante una oposición acostumbrada a rayarle la cancha como le conviene para que el gobierno siga contribuyendo –por temor, impericia o indecisión– a su afán de demolición.

La oposición fujimorista, con la colaboración entusiasta y variopinta de Mauricio Mulder, Víctor Andrés García Belaunde y Marco Arana, puso el pie en el acelerador de la demolición del gobierno con el intento de obligar a renunciar a Alfredo Thorne.

No es claro qué quiere, finalmente, el fujimorismo con la demolición que ha emprendido. Puede ser la pataleta no resuelta de Keiko Fujimori y de sus asesores más cercanos como José Chlimper; debilitar al gobierno hasta ponerlo en el piso y ya solo le quede aceptar lo que Fuerza Popular indique; atacar al gobierno y nunca llegar a un acuerdo para marcar un perfil opositor que –en teoría– mejore su posibilidad 2021; o la vacancia presidencial y el adelanto electoral.

Es curiosa la andanada de cuestionamientos a Thorne, a quien solo se puede acusar por ingenuidad política –una carencia grave para manejar el MEF–, mientras blindan a alguien que parece sacado de una acequia.

Esto podría obedecer a que algunos fujimoristas están preocupados por el riesgo de que Edgar Alarcón los hay chuponeado cuando maniobraban contra el gobierno, o porque el contralor actual todavía les sea útil para sus fines políticos.

Pero parece evidente que la oposición no quiere censurar a Thorne sino presionarlo para que, como Martín Vizcarra, renuncie, pues sabe que convocar a una interpelación y votar por la condena al titular del MEF podría, por un lado, actuar como un bumerán al desprestigiar más al fujimorismo; pero, por el otro lado, podría activar el camino de la disolución constitucional del congreso.

Ello implicaría, sin embargo, un cambio radical en la reacción que ha tenido el presidente Kuczynski ante el ataque cada vez más descontrolado de la oposición y de sus cómplices.

Pero PPK podría ahora sorprenderse a sí mismo y, de paso, a la oposición, si toma la iniciativa y opta por hacer una cuestión de confianza por el intento de censurar a Thorne, notificándoles que el riesgo de la disolución constitucional del congreso se ha puesto en marcha.

Entonces, PPK podría tranquilizar un poco a la oposición al descubrir cuántos ganapanes hay ahí que no van a querer perder su pago de fin de mes por ningún motivo. En ese caso, la eventual censura de Alfredo Thorne podría empezar a valer la pena. Solo es cosa de saber morir.

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