Thorne y después

18 Jun 2017 | 0:04 h

¿Han escuchado completo el audio de la conversación entre el ministro Thorne, el contralor Alarcón y sus respectivos asesores? Es una conversación de más de treinta minutos, que transcurre en todo momento con cordialidad y naturalidad. Hacia el minuto 25, el ministro dice “… solo falta la firma del presidente (para atender un pedido de fondos hecho por la Contraloría), pero el presidente me ha pedido, habla tú con el contralor y explícale un poco en qué estamos, que el contralor nos ayude en los casos que estamos involucrados, que nos ayude a dar un empujón, él quiere que haya un ejemplo, no quiere un proyecto específico, quiere que se muestre de que hay un compromiso de este gobierno por promover la inversión”. El contralor responde “no hay ningún problema (…). Lo que sí más bien es que yo no sé hasta el momento los resultados de la auditoría (del caso Chinchero), cómo concluye el equipo” (…) Porque no quisiera que el resultado de la auditoría esté sujeto a la firma del presidente”. A lo que Thorne responde, “no, lo discutiremos en su momento con Martín (Vizcarra). Martín creo que en eso ha sido muy estricto y él ha dicho que va hacer lo que contraloría le pida que haga (todos los énfasis míos) (…), lo que sería bueno que usted explique en esa reunión por dónde va un poco la cosa, y él tendrá que hacer las correcciones que tiene que hacer. No creo que haya nada, ninguna sorpresa por ese lado. Como le digo, lo importante es que trabajemos juntos”. Alarcón cierra esta parte diciendo “yo estoy muy gustoso, y además es mi trabajo, esta gestión la hemos enfocado, orientado, y gracias por el apoyo, no queremos ser solo los policías, sino que también queremos ayudar a que la gestión sea efectiva, eficiente, eso en todos los sectores”.

En otras palabras, el audio no muestra una extorsión al contralor, o un intento de condicionar desembolsos a cambio de un informe favorable de la contraloría respecto del caso Chinchero. Es más, buena parte de la conversación es para encontrar un buen esquema de financiamiento para la Contraloría, para lo cual se cuenta con el apoyo del Banco Mundial, para encontrar las mejores prácticas internacionales al respecto. Por supuesto, a lo largo de los treinta minutos hay pasajes con frases desafortunadas, pero no se debe olvidar que se trata de una conversación privada grabada y difundida indebidamente.

El audio no justifica una censura al ministro. En realidad, la oposición aprovecha el audio para mantener la narrativa de un gobierno al servicio de lobbies encubiertos, de allí la convergencia de las bancadas fujimorista, aprista, frenteamplista y de Acción Popular. Se trata de un ministro débil, tanto por errores políticos previos como por cuestionamientos al propio manejo económico, incluso desde sectores ortodoxos. La suerte del ministro por eso está echada (y ojo que el tema Chinchero está lejos de estar resuelto). El gobierno no tiene salida en el corto plazo: la renuncia de Thorne equivale a una capitulación, ir a la censura implica alargar la agonía, y no tiene la fuerza para plantear la confianza por Thorne y poner en juego a todo el Consejo de Ministros.

¿Qué hacer? En el cortísimo plazo, me parece que se debe pensar en la mejor estrategia para proteger al ministro del Interior, quien tampoco merece una censura. Y de cara al 28 de julio, se impone una reestructuración muy de fondo del gabinete y de la lógica del gobierno: se debe pensar en cómo relanzar un perfil reformista, y desde esas reformas relacionarse con la oposición. Es la única manera de conseguir oxígeno para los cuatro años que siguen.

En otras palabras, el audio no muestra una extorsión al contralor, o un intento de condicionar desembolsos a cambio de un informe favorable de la contraloría respecto del caso Chinchero.

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