Centrofobia, fachofilia

6 May 2017 | 19:00 h

Es cierto que la dinámica de las democracias electorales ha cambiado mucho en el mundo, pero los apóstatas siguen siendo un género lamentable. En esto tienen un lugar destacado aquellas izquierdas radicales que por frenar a los sectores moderados le abren las puertas de la victoria a sus propios enemigos de la extrema derecha.

El ejemplo emblemático es el Partido Comunista alemán que en los años 30, bajo instrucciones de la URSS, le negó su apoyo a la social-democracia y así produjo el triunfo del nacional-socialismo nazi. La estúpida maroma electoral le costó a la URSS más de 20 millones de muertos, para no mencionar a los de otros países que entraron a la guerra.

Una versión mini de esta situación fue la encrucijada peruana del 2016, cuando el Frente Amplio debió decidir entre si darle o no su apoyo a Pedro Pablo Kuczynski. La decisión de apoyar a PPK fue la coherente, pensamos, y ayudó a mantener en su rumbo al proceso democrático. A pesar de sus propios problemas, el FA no tiene de qué arrepentirse en su decisión.

Estos comentarios vienen a cuento por la insalubre decisión de Jean-Luc Melanchón en Francia, quien ha optado por no apoyar al candidato de centro Emmanuel Macron, propiciando un abstencionismo que objetivamente favorece a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen. Que esta tenga pocas chances de ganar no hace menos patético el gesto de Melanchón.

El gesto de Melanchón no va a decidir la elección de hoy, y pocos de la izquierda que votó por él van a seguirlo. Pero la traición a las ideas socialistas que lo acercaron al 20% en la primera vuelta se va a dejar sentir por largo tiempo. Sobre todo la sospecha de que si dependiera de Melanchón, la extrema derecha ganaría esta segunda vuelta.

La conducta de las izquierdas es importante en el proceso de una Unión Europea actualmente atribulada. Si ella no se guía por principios, entonces funcionará como una simple quinta columna de los sectores más reaccionarios de ese continente. Melanchón con su actitud ha desperdiciado una esperanza de la izquierda francesa de volver a ser gobierno. Pues con gente como Melanchón a la cabeza eso nunca se va a producir.

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