Aquí, todo puede cambiar en una semana

18 Mar 2017 | 19:00 h

Hace una semana el gobierno de Kuczynski, con apenas 7 meses en el poder, parecía en la recta final hacia su debacle. El ministro Vizcarra, acusado por el procurador anticorrupción “con pruebas”, decía Keiko Fujimori, debía presentarse a ser crucificado por la mayoría fujimorista al Congreso el jueves 16. No habría obstáculo para una segunda censura ministerial y luego para arremeter contra el Presidente “que debería estar en funciones” pero que se “bañaba en la piscina de El Golf mientras el pueblo sufre”, también en las malévolas palabras de Fujimori. Hoy, las cosas han cambiado, tanto como cambiaron en la última semana de las elecciones en las que perdió, justamente, Fujimori.

Nadie tiene culpa si el mar de la costa peruana eleva su temperatura y así, se altera el ciclo regular del agua. Un “Niño Costero” no se presenta en esta magnitud desde 1925. A raíz del fenómeno de 1983, el de 1998 ya fue monitoreado mundialmente y permitió anticipar las anomalías del Océano en sus efectos globales. En ambos casos se trató de masas de agua que atravesaron el Pacífico. Hemos estado esperando un Fenómeno El Niño similar desde entonces y no ha ocurrido. Lo que vivimos hoy, y desde hace más de dos meses es, por ahora, local y solo perturba el clima de Ecuador y Perú. Por esa razón, nadie tenía cómo anticiparlo para este verano. De eso, no hay responsabilidad científica, política o administrativa. Pero de lo que sí hay culpa es de permanecer indiferente a sus consecuencias cuando las lluvias, aludes e inundaciones ya están sobre nosotros.

Solo fue hasta la noche del miércoles 15, horas antes de la cita, en que la mayoría fujimorista entendió que tenía que suspender sus planes de asalto político. Ese día, la costa norte y centro, ya golpeada, se terminó de desbordar por donde pudo. Una interpelación, justamente al Ministro de Transportes que no hacía sino multiplicarse por el país para responder al corte de carreteras por las lluvias, no era más que un debate lleno de mezquindad que sería un boomerang decapitador para el fujimorismo. Luz Salgado lo paró, con las justas, después de las 8 pm.

Desde el miércoles 15, hasta el momento en que esto escribo, el despliegue gubernamental ha tenido una proactividad que estaba dormida. Bajo el lema #UnaSolaFuerza, el que comenzaron a usar las fuerzas armadas y policiales y que luego se extendió a toda la campaña, la movilización ha sido recibida como una bendición –ahí donde ha llegado– por los sobrevivientes. Hay 500,000 afectados para los cuales las fuerzas combinadas son suficientes, aunque falte mucho por hacer. A ello hay que sumar medidas de gran rapidez con suspender escuelas, cerrar vías, establecer rescates aéreos o cerrar la Atarjea en Lima que pueden haber ahorrado muchas vidas y mucho mayores daños.

El gobierno tiene varios elementos que juegan a su favor. Algunas obras para el Niño que se esperaba el 2015, así como la creación del COEN para ese fin y la compra del satélite que ahora resulta de utilidad. Tenemos un país comunicado vía celulares, un mejor sistema de pozos de emergencia para Lima y una generación adulta que ya vivió dos experiencias de esta magnitud. Todo eso no lo tuvo Belaúnde en 1983, así que las comparaciones no tienen sentido. Esta mañana llegó a millones de celulares un mensaje de texto del propio Presidente. La propaganda de emergencia bombardea todos los medios. Se ha hecho rápido y, aunque falte un mes más de lluvias, el desaliento y los gritos están cediendo a la solidaridad y empatía de millones de peruanos que entienden que es hora de actuar.

Es verdad que la mezquindad no descansa. Mensajes maliciosos y falsos sobre saqueos, inundaciones, donde no las hay, y hasta hashtags de fujimoristas descubiertos en su coordinación para celebrar un supuesto desgobierno, no han faltado. Tampoco autoridades locales que han preferido acusar al gobierno central y que reclaman a gritos “estado de emergencia” (para comprar sin control) mientras no asumen que son ellas las encargadas por ley de la prevención que no hicieron. Mención aparte merece la desastrosa actuación del Alcalde de Lima, que espero, haya demostrado a los incrédulos todo lo que siempre se supo.

No creo que esta sea la peor hora del Perú. Salvo la vida humana –que no puede arriesgarse más– todo se puede reparar. Estamos en el momento de mostrar que 30 millones de peruanos pueden ocuparse bien de 500,000 y que la política grande puede hacer cosas inmensas si se usa para el bien. A aguantar el mes que falta de lluvias.

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