¿Desastres Inesperados?

17 Mar 2017 | 19:00 h

No es correcto diagnosticar como inesperados a los desastres que tienen al país en jaque. En realidad, hay toda una institucionalidad, presupuestos y agencias estatales que, formalmente, buscan prevenir y enfrentar este tipo de eventos climáticos. Los conocemos bien, los esperamos, y, en teoría, sabemos lo que deberíamos hacer para enfrentarlos. Y sin embargo una y otra vez huaicos y lluvias dejan en evidencia que no se hizo la tarea, que es enorme la distancia entre las leyes y los planes con la realidad.

Una vez más, los responsables de las obras de prevención no cumplieron con ejecutar sus presupuestos. Las autoridades no fueron capaces de hacer respetar normas que prohíben las construcciones en los márgenes de los ríos y en zonas de riesgo. Confirmamos que al sistema de defensa civil existente le cuesta establecer con claridad responsabilidades y tomar acciones rápidas. Los militares, de nuevo, terminan cargando con las funciones de las agencias competentes. Por supuesto, hoy prometemos que no volverá a suceder y que la próxima vez estaremos preparados.

¿Por qué si el problema es cíclico siempre nos vuelve a pasar? El jueves en esta página Sinesio López ha puesto el acento en la capacidad estatal como factor central para explicar por qué los desastres naturales golpean más a unos Estados que a otros. Un Estado con una burocracia profesional, capaz de establecer procedimientos de prevención, que educa e informa a sus ciudadanos y que cuenta con capacidad logística para responder a emergencias, enfrentará mejor el desastre y la reconstrucción posterior.

Sinesio hace referencia al trabajo de politólogos como Markus Kurtz y Hillel Soifer, quienes en recientes trabajos exploran las causas históricas de la capacidad estatal, y presentan al Perú como un ejemplo de un Estado débil. Un Estado débil que mostrará todas sus limitaciones precisamente cuando enfrente desastres.

De acuerdo con el diagnóstico y la relevancia de este factor. Pero la capacidad estatal no explica del todo nuestra mala respuesta a los desastres. Para comenzar, hay Estados con similares recursos al peruano que tienen mejores sistemas de prevención y atención. Es posible para estados en desarrollo construir mayor capacidad en áreas urgentes, como esta, logrando así un mejor desempeño. Pero incluso al interior del Perú vemos claros contrastes de eficiencia. Hay municipios que con los mismos recursos y similar burocracia que otros hacen un mucho mejor trabajo. Los presupuestos están allí, el problema es que no se ejecutan.

Para comprender la complejidad del tema hay que evaluar las razones políticas detrás de la inacción de las autoridades. Hay autoridades que permiten, y en algunos casos promueven, la ocupación de tierras en áreas que no deberían ser ocupadas. Incluso entregan servicios públicos, sabiendo que la ocupación es precaria. Y diversas autoridades prefieren dar prioridad a otros temas antes que a la prevención, pues esta no es políticamente rentable. La profesora Alisha Holland llama forbearance (algo así como “dejar hacer”) a las conductas de autoridades que permiten ciertas conductas a cambio de un beneficio político (o para evitar costos).

Y no solo interés político, la corrupción puede ser una causa de inacción o que determina que se construya pésima infraestructura. Traficantes de tierras y empresarios corruptos e informales también están detrás de lo que sucede. Las autoridades podrían cumplir mejor sus obligaciones, pero por buscar beneficios políticos o por corruptos, no lo hacen.

¿Cómo cambiar esta situación? Por un lado, reforzando las agencias estatales encargadas de las actividades de prevención y control, dándoles poder y apoyo para hacer respetar su regulación. No solo garrote, sino también con políticas de vivienda y ordenamiento territorial. Hay también una función educativa por parte de autoridades y medios en estos días que el tema capta la atención de todos. Así como está bien denunciar los errores y corruptelas de malas administraciones, hay que resaltar casos positivos donde se trabajó mejor. Aprovechar nuestra atención para construir de diversas formas un sentido de urgencia permanente que evite que el olvido nos lleva en pocos años a un nuevo desastre.

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