La crisis que estamos por transitar

11 Feb 2017 | 19:00 h

Esta es la segunda gran crisis moral e institucional que como país nos toca después de la corrupción centralizada del fujimorismo de los noventa. Ahora la maraña corrupta ya no se circunscribe al fujimorismo, sino que interpela a la democracia y a los presidentes posteriores al régimen de Fujimori: Toledo, García, y Humala. E incluso los nombres de Castañeda, Villarán y PPK pueden terminar implicados.

Entonces, esto va más allá de Odebrecht, más allá de Lava Jato, más allá del fujimorismo (aunque por supuesto lo incluye desde que se firmaron más contratos con Odebrecht durante el gobierno de Fujimori que durante los tres gobiernos juntos de García, Humala y Toledo). Y esta crisis tiene como protagonistas a los políticos y a los empresarios, principalmente, pero también a cierta prensa, ciertas instituciones y tecnócratas que fueron pagados para callar, o que callaron por conveniencia o temor.

En medio de esta crisis que estamos empezando a transitar, también es necesario separar la crítica necesaria de una crítica que aprovecha el desconcierto y el hastío para sacar ventaja política y homologar a todos en el lodazal. Se nos impone, sí, realizar una sincera autocrítica y acusar recibo del golpe que esto significa para quienes creímos que ciertas personas representaban ciertos valores. Es insuficiente decir: qué pena y qué mal que esas personas se volvieran tan corruptas como contra las que luchaban. Además de la rabia por la irresponsabilidad y desprecio que estas personas (y aquí me estoy refiriendo a Toledo) han mostrado frente a lo que representaron en su momento. La democracia está golpeada, pero la democracia permite denunciarlos y castigarlos y así debemos exigírselo a las instituciones.

También es necesario decir dos cosas muy importantes: una, que quienes defendemos valores (por más que haya gente que eso le joda o parezca hipócrita o estúpido), lo hacemos primero por los valores mismos, y en segunda instancia porque existen personas que comparten los valores que consideramos sustanciales para la supervivencia democrática. La historia turbulenta del Perú nos ha puesto en la disyuntiva de elegir, una y otra vez, entre lo menos malo y lo putrefacto. En ese sentido, el Alejandro Toledo de la vincha, o el Ollanta Humala del juramento, o PPK antifujimorista de campaña solo son funcionales a la democracia que aspiramos y defendemos, en tanto se comporten dentro de sus cánones y principios. En el momento que los trasgreden, se convierte de facto en nuestro enemigo y pasan a las filas de la corrupción junto con el fujiaprismo.

Desde la autocrítica cabe también preguntarse cómo actuar una siguiente vez en que la democracia corra peligro frente al fujiaprismo, ¿cómo dar esa pelea sin ser identificados como haciendo campaña por alguien que no es nuestra primera elección, pero aparece como lo menos malo comparado a los otros y aun cuando eventualmente puede terminar probándose tan corrupto como ellos? Aún no tengo respuesta, siempre será un riesgo a correr. Pero sí sé que, ante una nueva situación parecida, siempre lucharemos para que el narcoestado, la corrupción probada y el delito normalizado no accedan al poder.

Sé también que en estos momentos muchas personas están sintiendo que todo es lo mismo, que no se puede confiar en nadie, que para qué marchar si todo será igual. Mi respuesta es que salir a marchar, levantar la voz, es lo mínimo y primero que hay que hacer. El político le teme a la voz del pueblo organizado. Enviar un mensaje claro a los corruptos de toda tienda, derecha, izquierda, pro-modelo, antimodelo, que no vamos a quedarnos callados, de brazos cruzados, dejándoles ser juez y parte de sus juicios y penas. Y para eso es necesario también respaldar a la Fiscalía, nuestra única esperanza hoy de que los ladrones de la política y la empresa reciban un mensaje claro de a dónde los lleva la coima que reciben y dan. A veces provoca no hacer nada, no hablar, exponerse a la crítica, pero eso es lo fácil. Y eso es lo que los corruptos esperan para manejar todo a su antojo e intentar igualarnos en su lodazal. Yo opto por no dejárselas fácil y pelear. La marcha es una de varias acciones que se vienen coordinando por el país. Te necesitamos a ti, todos nos necesitamos, no perdamos la fe, aún hay gente honesta, sí la hay. No dejemos que el corrupto político, empresario, periodista, operador, tecnócrata, de derecha o izquierda, nos hunda. El país es nuestro, no de ellos. Nos vemos en las calles, el 14 de marzo, a nivel nacional.

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