La Teoría del Big Bang “estalló” en Arequipa

Desde fines del siglo XIX, la Ciudad Blanca contó con el observatorio astronómico más avanzado del mundo. De sus observaciones surgieron las primeras pruebas tangibles que validaron la teoría del origen del Universo. Hoy en día el local de este observatorio ha sido propuesto como Patrimonio Científico de la Humanidad.

17 Abr 2017 | 5:50 h

La Teoría del Big Bang -esa gran explosión que dio origen al Universo- cobró fuerza en 1960 tras la magistral intervención de Stephen Hawking. Pero la idea venía circulando entre astrofísicos y matemáticos de talla mundial desde comienzos del siglo XX.
 
Sin embargo, la primera gran prueba no teórica que dio pie a la expansión del Universo la sostuvo Edwin Hubble, considerado el padre de la astronomía estadounidense -de ahí que el telescopio espacial lleva su nombre. Pocos saben, empero, que Hubble basó su explicación en la observación de las placas fotográficas de vidrio tomadas en el telescopio de la ciudad de Arequipa.
 
La historia empezó a fines del siglo XIX cuando la Universidad de Harvard decidió instalar un telescopio de vanguardia en algún lugar de la costa occidental de América del Sur. Hoy sabemos que el mejor lugar es el desierto de Atacama, en Chile, pero en 1889 el científico Solon I. Bailey descartó el desierto chileno por su escasa infraestructura y viajó a Perú, donde el entonces presidente Andrés Avelino Cáceres lo convenció para instalar el telescopio en Chosica. Las lluvias de temporada, el exceso de nubosidad y los huaicos propios del Fenómeno del Niño obligaron a cambiar la sede del telescopio y se mudaron al mirador de Carmen Alto, en el distrito arequipeño de Arequipa.
 
Fue ahí donde el poderoso telescopio Bruce del 24 pulgadas -la joya de la tecnología astronómica de la época- empezó a fotografiar el cielo desde febrero de 1896. Desde entonces miles de placas de vidrio fueron iluminando la ciencia astronómica.
 
Si bien el cielo arequipeño era mejor que el de Chosica, los científicos gringos no calcularon cel temperamento explosivo de los arequipeños. En la revolución de 1895 Bailey y su familia fueron tomados prisioneros y acusados de “rebeldes” cuando se disponían a tomar su barco en el puerto de Mollendo.

Satélites y asteroides”quechuas”

Más allá de las anécdotas revolucionarias, el telescopio siguió funcionando y Bailey logró registrar más de 300 conglomerados globulares. Gracias a las placas fotográficas que llegaban por cientos a la Universidad de Harvard, en 1899 Willian Pickering logró descubrir el satélite Phoebe -la novena luna de Saturno. En 1901 y 1902, desde el telescopio arequipeño se descubrieron los asteroirdes 475 “Ocllo” (en honor a la esposa de Manco Capac), 504 “Cora” y 505 “Cava”. Fueron los primeros asteroides bautizados con nombres de origen quechua.
 
Tanto en el observatorio de Carmen Alto como en las instalaciones de la Universidad de Harvard, en EE.UU. las placas fotográficas de vidrio eran supervisadas por un grupo de mujeres estadounidenses conocidas como las “calculadoras”, todas ellas de exquisita formación matemática y física pero que por ser mujeres -perjuicios de la época- no merecían el título de astrónomas. Una de ellas, Henrietta Leavitt (1868-1921) analiazando las imágenes de la Nube de Magallanes estableció la relación período-luminosidad de las estrellas Cefeidas. Su hallazgo fue utilizado por Edwin Hubble para demostrar la expansión del Universo, otorgando una prueba tangible para la posterior Teoría del Big Bang.
 
De 1918 a 1922, el Observatorio de Carmen Alto fue dirigido por el científico peruano Juan E. Muñíz, quien trabajó durante 20 años en el mantenimiento de los telescopios y su sofisticado instrumental. Muñíz inventó una conexión 3eléctrica que sincronizaba los relojes ecuatoriales. Fue patentado como la “conexión Muñíz” en honor al peruano.
 
Años después, la Universidad de Harvard cerró el observatorio de Carmen Alto y todo el instrumental fue trasladado a una estación en Sudáfrica. En Harvard quedaron más de cien mil placas fotográficas tomadas en Arequipa. El observatorio de Carmen Alto sirve hoy como depósito de una asociación benéfica.
 
Este observatorio que marcó un antes y un después en el avance de la astronomía en el mundo quedó en el olvido hasta comienzos del siglo XXI, cuando un grupo de científicos peruanos y extranjeros iniciaron una campaña para declararlo Patrimonio Científico de la Humanidad.
 
La iniciativa es liderada por Javier Ramírez, director de la Asociación Peruana de Astronomía, y cuenta con el apoyo de científicos de todo el mundo, especialmente extranjeros pues las autoridades en el Perú no le dieron la importancia del caso.
 
Ramíez logró el apoyo, por ejemplo, del Dr. Robert Willians y de la Dra. Silvia Torres-Peimbert, presidenta a la Unión Astronómica Internacional, quien recientemente envió una carta con el pedido internacional al presidente Pedro Pablo Kuczyniski.

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