Donald Trump reconocería a Jerusalén como capital de Israel

EE.UU. Magnate revelaría traslado de su embajada en anuncio que tiene en vilo a toda la región. Ningún asunto en Medio Oriente ha sido tan contencioso en una ciudad que israelíes y palestinos reclaman como propia.

6 Dic 2017 | 6:30 h

El presidente de EEUU, Donald Trump, revelará este miércoles si reconoce a Jerusalén como capital de Israel y si traslada allí la embajada estadounidense, un anuncio que tiene a la región en vilo y que puede echar por tierra cualquier perspectiva de un proceso de paz mediado por Washington.

La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, adelantó en su conferencia de prensa diaria que Trump hará este miércoles un anuncio sobre la posición estadounidense respecto a Jerusalén, aunque no quiso adelantar detalles. "El presidente tomará la que sienta que es la mejor decisión para Estados Unidos", dijo Sanders en una conferencia de prensa.

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Lo tiene claro

Trump habló con cinco líderes de la región para comunicarles su decisión: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu; el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás; el rey Abdalá II de Jordania; el presidente de Egipto, Abdelfatah Al Sisi; y el rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdelaziz.

La Casa Blanca se limitó a indicar, en un comunicado, que Trump había hablado con ellos sobre "posibles decisiones respecto a Jerusalén", además de expresarles su "compromiso de impulsar las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos" y subrayar la importancia de la "cooperación" regional para apoyar ese proceso.

Al menos en sus llamadas con Abás, Al Sisi y el rey Abdalá, Trump expresó su intención de trasladar de Tel Aviv a Jerusalén la embajada estadounidense en Israel, según las oficinas de esos tres líderes.

Tanto ellos como el rey saudí manifestaron su preocupación por la posible medida, que rompería el consenso de la comunidad internacional sobre el estatus de Jerusalén.

Aunque Israel considera a Jerusalén su capital, la soberanía del país sobre la parte oriental de la urbe (Jerusalén Este) no está reconocida por gran parte de la comunidad internacional, que mantiene su aparato diplomático en Tel Aviv y sus suburbios. Los palestinos quieren establecer en Jerusalén Este, ocupada por Israel desde la Guerra de los Seis Días (1967), la capital de su futuro Estado, y han dado mucha importancia a esa cuestión en las negociaciones de paz de las últimas décadas.

Promesa de campaña

Durante la campaña electoral de 2016, Trump prometió que trasladaría a Jerusalén la embajada estadounidense en Israel y la Casa Blanca ha adelantado en los últimos días que la cuestión no es si el presidente ordenará o no ese cambio, sino "cuándo" lo hará.

Un territorio en disputa

El ser considerada como una ciudad sagrada por los fieles de las tres grandes religiones monoteístas —judíos, cristianos y musulmanes— paradójicamente convirtió a Jerusalén en objeto de numerosas disputas que, a lo largo de siglos, derivaron en reiteradas conquistas y reconquistas.

Cuando en 1947 la ONU aprobó la resolución 181 para la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe, se pensó en considerar a Jerusalén como una "entidad aparte", una ciudad internacional que sería administrada durante diez años por la ONU antes de realizar un referendo para definir su destino.

Este plan no llegó a aplicarse debido al estallido de la primera guerra árabe-israelí en 1948, que en la práctica derivó en la división de la ciudad en dos partes: Jerusalén este, bajo control árabe; y Jerusalén oeste, en manos de Israel. 

Jerusalén

Intenciones no esclarecidas

- No está claro qué pretende conseguir Trump con esa medida que pone en riesgo el futuro de cualquier esfuerzo de paz mediado por Washington, en un momento en el que su yerno y asesor, Jared Kushner, ultimaba los detalles de su plan para la paz en Oriente Próximo.

-De acuerdo con The New York Times, Trump ha argumentado que resolver el tema de la embajada estadounidense puede acelerar el proceso de paz, porque quitaría de la mesa un asunto espinoso sobre el cual el presidente estadounidense debe pronunciarse cada seis meses, con base en la ley de 1995.

-Pero eso ignora el hecho de que el futuro de Jerusalén es el tema más sensible y volátil en las negociaciones de paz.

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