A 4 años, el discurso que le dio el papado a Francisco

pontifice. AP halló notas de su puño en las que llama a lograr una Iglesia que no se encierre en sí misma.

17 Mar 2017 | 19:00 h

La letra es diminuta, apenas legible y escrita en el español nativo del autor. Pero las ideas resultan ya tan familiares que se comprenden con facilidad.

Son las notas manuscritas del discurso que ofreció Jorge Mario Bergoglio a los demás cardenales la víspera de ser elegido papa.

Y ahora ofrecen una lectura fascinante, una vista previa a un papado marcado por el deseo de Bergoglio de que la Iglesia no se vea consumida por el "narcisismo teológico" ni la "mundanidad espiritual" y que en cambio se acerque a las "periferias" para encontrar almas necesitadas.

El hombre que ahora es el papa Francisco celebra esta semana el cuarto aniversario de su elección, el 13 de marzo de 2013, en medio de los análisis sobre lo que ha logrado y lo que no como el 266 pontífice.

Lo que no se debate es que su discurso de 2013, ofrecido a puerta cerrada en las "congregaciones generales" que preceden a un cónclave, fue tan inspirador para los príncipes de la Iglesia católica que lo votaron como Papa unos pocos días después.

"La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales", señaló el religioso argentino. "Las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria".

En su discurso criticó la tendencia "autorreferencial" de la Iglesia a cerrarse sobre sí misma, reacia a abrir las puertas y buscar a los más necesitados del consuelo divino.

"Los males... que se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico".

El futuro Papa, señaló, debería ser un hombre que desde la contemplación de Jesucristo "ayude a la Iglesia a salir de sí misma hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de 'la dulce y confortadora alegría de evangelizar'''.

El entonces arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega, se sintió tan conmovido por el discurso que pidió una copia.

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