Holanda: la primera gran derrota de la ultraderecha

en occidente. El primer ministro Mark Rutte superó con claridad al populista y xenófobo Geert Wilders. Este último aparecía como el favorito pero perdió fuerza en las últimas semanas. Se frenó la ola populista.

16 Mar 2017 | 19:00 h

Holanda ha puesto el freno a la extrema derecha en Europa. Las urnas han dado como ganador al actual primer ministro, el liberal de derechas Mark Rutte, y revelan que Geert Wilders, el candidato racista y antieuropeísta que llegó a liderar las encuestas, no ha tenido tanto apoyo como el que se le presuponía. Después del Brexit y el éxito que supuso la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el populismo xenófobo ha recibido su primera gran derrota en Occidente.

Con más del 95% de los votos escrutados, Rutte ha quedado en primer lugar con 33 escaños, lejos de los 76 que se necesitan para formar Gobierno. De todos modos el liberal tendrá que entenderse con tres o cuatro partidos para tratar de formar un ejecutivo que le mantenga en el poder otros cuatro años más.

Pese a haber sufrido una derrota después de que los pronósticos lo situaran en cabeza durante varios meses, la formación de Wilders, el Partido para la Libertad, obtiene 20 asientos. Con uno menos, 19, se quedan los cristianodemócratas y los liberales de izquierda (D66). Wilders suma cinco escaños más que en 2012 pero lejos de los 24 en 2010. En pleno tsunami euroescéptico sus resultados no son tan halagüeños.

De madrugada el mapa político holandés ha quedado casi resuelto, a excepción de uno o dos escaños que no desnivelan la balanza. El partido de Rutte obtuvo el 21,4% de los votos, por el 13,1% para el partido de Wilders, el 12,5% para los democristianos y el 12% para los liberales de izquierdas de D66. Los socialistas radicales se quedaron con el 9,7%, mientras que los ecologistas de Groenlinks cosecharon un 9%.

Hasta la recta final Wilders aparecía como el favorito, pero en las últimas semanas fue perdiendo fuelle frente a Rutte hasta cosechar un resultado discreto. Wilders asumió su derrota, aunque reivindicó su movimiento. "Esto es una primavera patriótica. Yo soy un luchador y no un populista. Nuestra influencia es grande", aseguró. Afirmó también que prefiere gobernar pero que en caso de no hacerlo se ocupará de hacer "una fuerte oposición" al ejecutivo que se forme.

El político de melena oxigenada vive aislado por miedo a ser asesinado por sus furibundas críticas al islam y así recibió los resultados. El hombre que lidera una entente de radicalidad y racismo con otros líderes similares en Francia, Alemania y Austria se presenta a sí mismo como la voz de la gente de la calle, pero la realidad es que lleva más de una década viviendo en una burbuja. 24 horas protegido por la policía.

Con estos resultados, el Gobierno más probable nacerá del entendimiento entre cuatro o cinco partidos. Lo que es seguro es que Wilders se quedará en la oposición. El hecho de que liderara las encuestas llevó a pensar que tendría opciones de gobernar un país al que quería aislar y sacar de la UE. Por el momento eso no va a pasar. Los holandeses han contenido el primer embate de la ola populista.

ap

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