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  • Carlos Páucar
  • El blablador
Miercoles, 24 de Enero de 2018 | 6:6:05 am

Polo peruano

El caso de Augusto Polo Campos es sorprendente, muy especial.

¿Cómo alguien que no leyó un libro en su vida, que no sabía de música, que no tocaba un instrumento, logró composiciones tan importantes en el país? ¿Cómo llegó a canciones coreadas por distintas generaciones con similar intensidad y sentimiento?

¿Cómo una persona que no leyó siquiera un poema logró versos tan contundentes como “guitarra tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto” (Cuando llora mi guitarra), “y en la esquina solitaria voy a ver a mi alma, que espera tus pasos, buscando mis brazos” (Cada domingo a las doce), “si fuiste mi gloria serás mi condena” (Yo tengo una pena), “regresa aunque sea para despedirte” (Regresa), “y si no sabes que te necesito, pasa un ratito por mi soledad” (Cariño bonito), “ten respeto, por favor, por mi cariño que aún no ha muerto” (Cariño malo), “nuestro amor fue como un sueño que se va de prisa, quiero beber en tus labios la última noche” (El último brindis), “y hoy eres, sin mí, la flor del abismo” (Ya ves), “y sus ojitos verde mar… tenían huellas de llorar” (Tu perdición), “soy el barco que sin ver tus ojos, navega perdido” (Contigo y sin ti)?

Por apenas este manojo de canciones ya merece un lugar especial en la música popular peruana, sin mencionar sus conocidos temas nacionalistas como Contigo Perú, Y se llama Perú, Cuenta conmigo Perú, Esta es mi tierra, o jocosos como La jarana de Colón o Romance en La Parada.

Un creador con mucho qué expresar, más allá de haber sido criticado en varios momentos por su cercanía al poder, su mediático machismo, su ego que lo llevó a decir a La República que era mejor que Pinglo. Así era. Tan contradictorio como muchos peruanos. Uno que sabía que la gente sigue y seguirá enamorándose y venerando a su país –como dijo Monsivais– y por eso componía, pues “ni el amor ni los fracasos se viven con holgura”. ❧