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  • René Gastelumendi
  • Extremo centro
Jueves, 18 de Enero de 2018 | 6:6:00 am

El Papa y yo

Era el año 2015 y mi camarógrafo y yo íbamos caminando por la avenida Paseo en La Habana, resignados a no tener credencial oficial para la cobertura de la visita de Francisco a Cuba. Estábamos en calidad de turistas y solo podíamos trabajar de manera “clandestina” para evitar que nos detenga la policía de la dictadura. Unos cuatro kilómetros separaban nuestro hotel de la Plaza de la Revolución donde, esa mañana, el Papa daría una homilía. La calle era un paraje solitario, pues las multitudes ya estaban aguardando la llegada de Francisco en el lugar convenido. De pronto, el sonido de las motos que nos pasaron lentamente y, detrás de ellas, la blanca silueta del papamóvil. Aníbal prendió la pequeña cámara amateur que había metido a la maleta a último momento. Entonces el Papa se fue acercando y cuando estuvo a solo unos metros de distancia, frente a nosotros, logramos registrar una imagen que ningún periodista acreditado hubiese podido obtener en el circuito oficial. Francisco nos miró a los ojos, nos bendijo con la mano y respondió nuestro saludo. Yo solo atiné a gritarle el nombre de nuestro país: Perú, Perú. Tras el fugaz encuentro, sí que me emocioné a pesar de mi agnosticismo. Dos años después, tuve la suerte de conocer el Palacio del Vaticano cubriendo le llegada de PPK para coordinar la esperada visita a nuestro país. No dejaron ingresar las cámaras. Pasé los guardias suizos, saludé a unos señorones de la diplomacia, a unos curas solemnes y, apenas PPK terminó su cita de cinco minutos, el implacable jefe de prensa del Vaticano permitió que me acerque a darle la mano. No palabras, me advirtió. Otra vez lo miré a los ojos, otra vez frente a frente con Francisco. Lindos recuerdos, maravillosa experiencia, hasta que pienso en Luis Fernando Figari y nada, ni este intento, tiene sentido.❧

Francisco respondió nuestro saludo. Yo solo atiné a gritarle el nombre del país: Perú, Perú.