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  • René Gastelumendi
  • Extremo centro
Jueves, 4 de Enero de 2018 | 6:6:05 am

Comisión de La Verdad II

No ser fujimorista no tiene por qué ser rojete, pro terruco, caviar, comunista, mermelero, como ser fujimorista no tiene por qué ser facho, homofóbico, machista, conserva, de extrema derecha, analfabeto. No obstante, así de primitivo es nuestro debate porque somos parte de una sociedad atrapada en la improductiva dinámica del razonamiento dicotómico, ese que dice, a groso modo: “o estás conmigo o estás contra mí”, sin admitir los necesarios matices, marginando de plano cualquier posible entendimiento con el otro.

Vivimos en un país atrofiado por el complejo de que aceptar argumentos contrarios a nuestras posturas es sinónimo de debilidad. Así de infantil es la cosa. Parece como si en nuestra pequeña aldea nos hubiésemos quedado atrapados en el necio anacronismo de la guerra fría. Tenemos, por dar un ejemplo, en un extremo, a izquierdistas radicales porfiando con el estatismo y la antiminería y, del otro, a macartistas locales que deliran, a niveles psicóticos, que detrás de alguien que está a favor de la igualdad de género, hay un cuco comunista. En el Perú, es obvio que el pensamiento dicotómico, en términos generales, gira en torno al fujimorismo. El indulto ha agudizado las diferencias de en un país polarizado, pero no podemos, los unos a los otros, eliminarnos de la faz de la tierra, que es lo que parece que muchos quisieran con sus insultos, con su arrogancia, con su violencia.

Si hay algo positivo de esta coyuntura es que nos está forzando a conversar, a volver a examinarnos, a revisar nuestra historia reciente y nuestras heridas. Para ello, propongo la creación de una segunda Comisión de la Verdad. No para corregir, sino para complementar el gran trabajo de la primera que, por más bueno que este haya sido, no está escrito en piedra.