Niño Costero: la angustia de los damnificados en albergue de José Leonardo Ortiz

Refugio está situado cerca a camiones recolectores de basura, vehículos oxidados y desmonte. Defensa Civil solo ha atendido al 45% de las familias afectadas por las lluvias en todo el distrito. Algunas familias refugiadas temen ser retiradas del albergue.

ANGUSTIA. Los refugiados temen ser retirados del albergue de José Leonardo Ortiz No perciben el apoyo de las autoridades.

ANGUSTIA. Los refugiados temen ser retirados del albergue de José Leonardo Ortiz No perciben el apoyo de las autoridades.. La República

CEMENTERIO. El albergue está situado cerca a fierros oxidados

CEMENTERIO. El albergue está situado cerca a fierros oxidados. La República

SALUD. Las erupciones en los niños preocupa a los padres

SALUD. Las erupciones en los niños preocupa a los padres. La República

TRISTE. Se bañan a la intemperie. No cuentan con sanitarios

TRISTE. Se bañan a la intemperie. No cuentan con sanitarios. La República

Leonardo Muñoz

Mientras un par de buitres vigila sus movimientos, una niña –apenas cubierta por su toalla crema– corre de un extremo a otro con dirección hacia el arco posterior del estadio. Sí, el refugio alguna vez fue un campo deportivo. Ahora, ese arco debe transformarse en ducha para que la pequeña pueda bañarse e ir al colegio. Solo un delgado forro de plástico cubre su desnudez de la mirada voyeurista de los demás habitantes. No hay duchas, tampoco inodoros.

PUEDES VER: Refugiados del Niño Costero: "Tenemos miedo de volver a casa"

El albergue de José Leonardo Ortiz se encuentra instalado en el mismo lugar donde reposan camiones de basura y fierros oxidados. Las cuarenta carpas que alguna vez hospedaron a 43 familias hoy solo cobijan a 37. Seis tuvieron que irse porque no encontraron refugio en el albergue.

“Nos prometieron baños portátiles, pero no llegan. Para hacer nuestras necesidades (fisiológicas) esperamos la noche. Tenemos que hacer ‘huequitos de zorro’ para los niños y para nosotros”, describe Geofroy Villegas, huésped temporal del estadio.

Los servicios higiénicos del deportivo Carlos Castañeda permanecen cerrados. Cuando pregunto el por qué, un grupo de refugiados acusa al otro de haberlos ensuciado. El efectivo del Serenazgo me dirá después que los sanitarios colapsaron porque las familias no tuvieron cuidado. Llegada la noche, padres e hijos volverán a buscar un espacio entre el desmonte del estadio para aliviar el peso del estómago.

Salud en riesgo

“Antes renegaba de la casa vieja y mi hermana me decía: ‘casa viejita, pero ahí vives’. Tenía razón, casita vieja pero teníamos y ahora ya no la tengo”, cuenta Jacinta Céspedes Huamán cuando recuerda que su hermana, María Perpetua, no pudo quedarse con ella en el albergue debido al tumor maligno que aloja en su esófago hace cuatro años.

Recibe alimentos licuados a través de una sonda en el estómago. Vocaliza palabras con dificultad. Sus piernas no resisten el peso de su cuerpo. El polvo, la basura o un descuido, podría ser trágico para ella. Las fuertes lluvias de febrero derrumbaron parte de su vivienda en San Lorenzo. María Perpetua tuvo que abandonar su casa. Ahora, también el refugio.

“Solo quisiera que me ayuden a sacar el desmonte, yo levanto mi casita aunque sea de estera o de palitos. Yo...”. Se detiene. Baja la mirada. Las lágrimas caen sobre sus pies descalzos. Aleja el llanto con sus manos. “Solo quiero que mi hermanita ya vuelva con nosotros”, solloza.

Los padres están preocupados. Varias erupciones han empezado a cubrir los brazos y el rostro del pequeño Thiago. No saben si es contagioso. La hija de Geofroy está con fiebre y diarrea desde la mañana. No saben si persistirá. 

No vienen con una campaña médica, mi niña está con fiebre. Hay niños con granos. Solo vienen a dar charlas, pero no traen medicina o si quiera los revisan”, grita enojado.

Salud parece un tema tan visible como sus dudas. Don Aurelio Díaz Mirez no es la excepción. Él vive en una carpa con Mercedes, su esposa, y la traviesa compañía de sus dos nietos. Aurelio padece cirrosis, tiene los brazos y piernas hinchadas producto de una lentitud en la circulación de su sangre. Sin embargo, lo que más preocupa a Mercedes son los ataques de encefalopatía hepática.

Cuando ocurren esos trances, Aurelio desconoce todo lo que ve: a su esposa, con quien lleva décadas de convivencia, también a sus nietos, e incluso olvida quién es él. Se torna violento, empuja sin control lo que encuentra en su camino, lanza objetos, orina las paredes y confunde fácilmente la realidad.

“Una vez creyó que estaba en el baño, abrió los cajones de una cómoda y empezó a orinar ahí”, añade la mujer.

Según cuenta Mercedes, las medicinas que toma su esposo las cubría el seguro, pero la última vez que fue a sacarle cita le dijeron que estaba desafiliado. Ella no entiende, pero le preocupa que los ataques vuelvan. Por fortuna en el refugio no han ocurrido. Todavía.

Incertidumbre

El caluroso clima parece incitar a los refugiados a lanzar encendidas acusaciones contra las autoridades: que el alcalde jamás los ha visitado, que las donaciones de la municipalidad solo han llegado dos veces en un mes y que si sobreviven es gracias a la caridad de las parroquias. La única certeza que tienen es que nadie sabe qué habrá después del refugio.

Los rumores van tan rápido como el polvo del estadio. Geofroy, durante una pequeña asamblea, comenta a los otros vecinos lo que ha oído.

“A los que no tenemos casas y que vivíamos alquilando, en una o dos semanas nos van a retirar, porque la ayuda para nosotros no va a llegar”, lo dice visiblemente preocupado, pues siente que los excluyen.

Es casi mediodía y el carbón que les prometieron para cocinar sus alimentos aún no llega. Las dudas no llenan lo suficiente. Se interrumpe la asamblea, deben ir a comprarlo.

¿Damnificados deben irse del albergue?

El secretario técnico de Defensa Civil de la Municipalidad Distrital de JLO, Arturo Huanca Bejarano, señaló que solo se ha podido atender al 45% de las familias afectadas por los desastres naturales, pues el flujo de ayuda sería insuficiente.

Además, Huanca advirtió que la prioridad de las atenciones en el albergue son los damnificados que perdieron sus viviendas (propietarios), no quienes alquilaban –o resguardaban– terrenos y podrían ser retirados.

Sin embargo, el secretario técnico del Comité de Defensa Civil del Gobierno Regional de Lambayeque, Carlos Balarezo Mesones, afirmó que no permitirá que los damnificados sean retirados de los albergues.

“¿Cuál es la diferencia entre inquilinos y propietarios? Definitvamente, no hay ninguna diferencia. Si se comprueba este hecho informaremos al Ministerio Público y a la Defensoría del Pueblo, porque es una negligencia que no vamos a permitir”, precisó.

Síguenos en Facebook