Toledo: del amor al odio con Arequipa

Historia. La Ciudad Blanca ha tenido una relación difícil con los últimos presidentes. Con Toledo no fue la excepción. En el 2000 y 2001 el líder de Perú Posible recibió una votación aluvional, pero el amor se desvaneció con el Arequipazo. Los mistianos nunca le perdonaron una de sus mentiras de la campaña.

1. Abril de 2001. Toledo cierra su campaña en Arequipa. Vargas Llosa participó en el mitin

1. Abril de 2001. Toledo cierra su campaña en Arequipa. Vargas Llosa participó en el mitin. La República.

2. Arequipazo. Disturbios en la plaza de Armas por la privatización de Egasa. Junio de 2002.

2. Arequipazo. Disturbios en la plaza de Armas por la privatización de Egasa. Junio de 2002.. La República.

3. Apoyo. El escritor peruano Mario Vargas Llosa y el entonces alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, respaldaron a Toledo

3. Apoyo. El escritor peruano Mario Vargas Llosa y el entonces alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, respaldaron a Toledo. La República.

4. Luna de miel. Arequipa acogió de la mejor manera a Toledo. Vargas Llosa lo apoyó antes de ser Premio Nobel de Literatura.

4. Luna de miel. Arequipa acogió de la mejor manera a Toledo. Vargas Llosa lo apoyó antes de ser Premio Nobel de Literatura.. La República.

5. Aliado. Tras la víctoria de Alejandro Toledo, Raúl Diez Canseco se convertiría en su vicepresidente.

5. Aliado. Tras la víctoria de Alejandro Toledo, Raúl Diez Canseco se convertiría en su vicepresidente.. La República.

6. Compañía. Un baño de popularidad de Toledo, acompañado de Eliane Karp y Diez Canseco.

6. Compañía. Un baño de popularidad de Toledo, acompañado de Eliane Karp y Diez Canseco.. La República.

7. En familia. Para el cierre de campaña en Arequipa, Toledo llegó acompañado de Eliane Karp y la hija de ambos, Chantal.

7. En familia. Para el cierre de campaña en Arequipa, Toledo llegó acompañado de Eliane Karp y la hija de ambos, Chantal.. La República.

8. Unidos. Cuando Juan Manuel Guillén creía en las promesas de Toledo.

8. Unidos. Cuando Juan Manuel Guillén creía en las promesas de Toledo.. La República.

Importantes. La imagen de Vargas Llosa y Guillén consolidaron la víctoria de Toledo en el sur.

Importantes. La imagen de Vargas Llosa y Guillén consolidaron la víctoria de Toledo en el sur.. La República.

Juan Carlos Soto

PRIMER ACTO

15 de mayo de 2001. Alejandro Toledo encabeza un mitin en la plaza de Armas de Arequipa. El candidato presidencial no solo promete acabar con la corrupción - marca registrada del fujimorismo de esa época - también suspender la privatización de las empresas públicas rematadas a precio huevo en los noventa. Con libreta en mano anotan esas promesas Gerónimo López, Luis Saraya, Jano Pacheco y Julio Flores, los mismos dirigentes protagonistas del Arequipazo, el primer conflicto social que le reventó en la cara a Toledo cuando ya estaba instalado en Palacio.

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Al término del mitin,  Saraya y sus colegas intentan entrevistarse con el candidato. Después de sortear varias barreras conversan con él en el salón de eventos del Hotel Portal (hoy Casa Andina). Los dirigentes primero le muestran respaldo a sus propuestas sobre todo las referidas a las privatizaciones. Al día siguiente, lo invitan al local de la Federación Departamental de Trabajadores (FDTA). Ahí el candidato firmaría su sentencia de muerte política con Arequipa. En el acta estaba el compromiso expreso de no privatizar las empresas de servicios básicos: Sedapar, Seal y Egasa. De ese documento se aferraron los dirigentes arequipeños para oponerse a la venta de Egasa y Egesur, proceso que abortó tras los incidentes de junio del 2002; el Arequipazo.

SEGUNDO ACTO.

15 de agosto de 2003. El alcalde de Arequipa, Yamel Romero Peralta, invita al presidente Toledo al aniversario de la ciudad. Era un gesto para cerrar las heridas dejadas por el Arequipazo y conseguir un compromiso para apoyar a la ciudad. Toledo duda. Para tantear terreno invita a Romero a Palacio meses antes. El burgomaestre lo espera dos horas. No solo hubo hora cabana, se notaba que el presidente estaba borracho. “Le hablaba a un zombie, su secretario era quien anotaba mis pedidos”, recuerda Romero. En otra cita con Toledo, Yamel sintió el mismo tufo. 

El presidente acepta la invitación para las fiestas de Arequipa. Inteligencia no rastreó ninguna contramanifestación. Se equivocaron. Ese 15 de agosto, mientras abandonaba la Catedral donde se celebró la liturgia, un grupo de manifestantes lo acompañó en su recorrido al Teatro Municipal arrojándole botellas, frutas y piedras. Las llagas del Arequipazo no habían cerrado, pese a los pedidos de perdón del jefe de Estado. Su congresista Gilberto Díaz lo recuerda ese día descendiendo de la escalinata del avión y besando el suelo arequipeño en signo de reconciliación.

El maestro Óscar Cuya, editor de La República, capitalizando la potencia de una fotografía con los abucheos, tituló: “Arequipa no perdona a Toledo". Ese título fue futurista. Nunca más hubo reconciliación. ¿Fueron espontáneas las manifestaciones de 2003? El exalcalde Romero culpa de ellas a Daniel Vera Ballón, en ese entonces el presidente regional. Para Romero hubo dos hechos que refuerzan su afirmación. Terminada la misa en la Catedral, del grupo de autoridades Vera Ballón desapareció. Quería evitar lo que se venía. “He sido aprista y conozco a su gente, 'los polleros', eran quienes le tiraban piedras a Toledo”. Consultado de estos hechos, Vera no confirma ni niega nada. Solo recuerda que los guardaespaldas del presidente no lo dejaron ingresar al Teatro Municipal en represalia a la contramanifestación que supuestamente él había organizado.

TIEMPOS BUENOS

Los dos actos descritos marcan la relación de amor y odio con Toledo. Sin embargo, antes de la ruptura, hubo momentos pletóricos con el líder de Perú Posible. Cuando enfrentó a Alberto Fujimori en el 2000, Arequipa se convirtió en su principal bastión. Lo apoyó el alcalde Juan Manuel Guillén Benavides, un líder regional con presencia nacional, quien mediante una carta había pedido la renuncia de Fujimori. Perú Posible perdió esas elecciones marcadas por el fraude. Pese a la asunción de Fujimori por tercera vez, la resistencia continuó en las calles. Los domingos se lavaba la bandera, se boicoteaban las ceremonias de izamiento de bandera. Implícitamente se reconocía a Toledo como un líder. Tras la renuncia de Fujimori por fax en noviembre de 2000, se convocaron a elecciones.

Arequipa volvió a jugársela por el toledismo. Su cierre de campaña de la primera vuelta fue de antología, con el escritor Mario Vargas Llosa y Guillén pidiendo el voto para él. En esa elección, el candidato alcanzó el 41 % en este departamento, dejando atrás a Lourdes Flores Nano (19%) y Alan García (17%). En su mensaje de asunción, Toledo anunció a Guillén como secretario del Consejo Nacional de Descentralización (CND). Este organismo tenía la misión de reactivar la regionalización con autoridades elegidas. Guillén no estaba muy convencido del proceso. Para el entonces alcalde mistiano, antes de conformar los gobiernos regionales, debían fortalecerse los municipios. Ventiló esa crítica públicamente y Toledo lo cuadró. “Esto es deslealtad, ya no puedes estar declarando así”. Guillén renunció al cargo semanas después y al año siguiente pasó a la orilla opositora con el Arequipazo. Nunca más supo de ese aliado político a quien conoció en 1995 en su primera postulación.

EL AREQUIPAZO

La privatización de Egasa se fue cocinando desde inicios de 2002. El gobierno apeló a dos fórmulas para convencer a los arequipeños: optó por la persuasión. Luis Saraya, en su libro La gesta de junio, recuerda que el presidente convocó a los dirigentes opositores a Palacio para convencerlos. Llegaron a Lima en un Antonov viejo. Después de una larga discusión, el presidente sufrió un lapsus que puso los pelos de punta a los ministros. Dijo que no privatizaría si le demostraban la rentabilidad de Egasa. Los ministros le enmendaron la plana.

Como era imposible remontar la posición arequipeña, el gobierno desató una ofensiva verbal. Acusaban a autoridades y dirigentes de desestabilizar la democracia. Fernando Olivera, Fernando Rospigliosi y Carlos Bruce fueron los más agresivos. Esa actitud, en lugar de intimidar, enardeció los ánimos y desencadenó las protestas desde el 14 de junio. Otra metida de pata del prefecto de ese entonces, Luis Gutiérrez, hizo del conflicto ingobernable. Gutiérrez dijo que "los protestantes eran unos cuantos". Hubo dos muertos y millonarias pérdidas, superiores al monto que se pretendía vender a Egasa. Cuatro días después, la privatización se suspendió en forma definitiva. En sus últimas visitas, los arequipeños enrostraban a Toledo lo ocurrido en 2002. Él no se cansaba de pedir perdón. Y parece que nunca lo habrá tras los últimos sucesos que comprometen a ese ex presidente en actos de  corrupción.

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