Informe no toca a la cúpula del Sodalicio

La República

El informe tiene un gran vacío: no hay ninguna información sobre la cúpula que encubrió por 45 años lo que pasó en el Sodalicio de Vida Cristiana (SVC).

No se menciona a Jaime Baertl, el encargado de las finanzas de la congregación, ni a todos los que estuvieron y vieron lo que ocurrió cuando eran jerarcas del Sodalicio y lo siguen siendo. Solo se habla de cuatro responsables, uno de los cuales está muerto y otro confinado en Roma.

La verdad es que el superior general del SVC, Alessandro Moroni, tiene miedo de acusar a Baertl porque si lo hace se le cerraría el caño del dinero.

Los testimonios dan cuenta de agresiones sexuales cometidas entre los años 1975 y el 2002, y es sabido que el delito de abuso sexual en el Perú prescribe en 10 años y, por ello, las denuncias se van a archivar como ha ocurrido en el Ministerio Público.

Moroni tiene que dar la cara y responder a la prensa, pero no a través de las redes sociales, sobre esos 45 años de abusos sexuales en los colegios y en las casas del Sodalicio.

El verdadero camino de la búsqueda de la verdad tiene otros escenarios.

El Ministerio de Educación debería investigar a los colegios del Sodalicio, y la Cancillería peruana enviar una carta al Vaticano indagando sobre por qué protege a Luis Figari.

No hay que olvidar que el Sodalicio es un sistema perverso, de abuso físico y psicológico en contra de mucha gente, que se llena de dinero evadiendo impuestos y cuya fortuna llegaría a los mil millones de dólares.

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