El vacío de poder y la descomposición social

Si algún dato relevante muestra la mayoría de encuestas en estos días es que todos los actores políticos, económicos e instituciones pierden mes a mes legitimidad y popularidad. Es cierto que algunos pierden más que otros, pero el dato sigue siendo el mismo, todos pierden: el Presidente, sus ministros, el Congreso, líderes políticos, empresarios, instituciones del régimen, etc. Estamos entrando, en realidad ya estamos, a una coyuntura en la que el juego se llama pierde-pierde. Hay por lo tanto en marcha un proceso que apunta en el corto y mediano plazo a la aparición de “un vacío de poder”, algo por lo demás prematuro para un gobierno que apenas tiene ocho meses de instalado.

El factor detonante de esta situación han sido los casos de corrupción que tienen como actores centrales a empresas brasileñas y peruanas, que comprometen a políticos y a los últimos gobiernos (Toledo, García y Humala) a los que habría que sumar al actual y al fujimorismo y a un sector de los empresarios. El descubrimiento de la corrupción ha sido y sigue siendo una suerte de combustible que alimenta un fuego que ha terminado por expandirse y comprometer el futuro de este gobierno, de los partidos y de la propia democracia.

Y si bien, como hemos dicho, la corrupción ha sido el detonante de la actual situación, el otro componente que alimenta este fuego es la falta de liderazgo del actual gobierno y del “partido” oficial, y en especial del Presidente, así como hechos recientes como el tema del aeropuerto de Chinchero, que en lugar de tranquilizar a una población indignada por la corrupción atiza la desconfianza y la bronca hacia los políticos y las elites sociales y económicas.

La pregunta que habría que hacernos en esta coyuntura es la siguiente: ¿hasta cuándo los partidos, líderes políticos y las instituciones del régimen democrático pueden soportar un juego en el que, hasta ahora, todos pierden popularidad y legitimidad, amenazando no solo sus expectativas futuras sino también su existencia política?

El caso último del periodista Phillip Butters, que amenaza a PPK y a Keiko Fujimori y que busca ser vocero y hasta representante político de los sectores evangélicos más conservadores y reaccionarios de nuestra sociedad, lo que muestra es que el espacio para los aventureros se abre paso cada día.

Pero también evidencia otro hecho tan o más peligroso que el surgimiento de los aventureros: la incapacidad de los actores del sistema político para resolver la crisis que se viene incubando en el país. Dicho de otra manera, el problema no es solo de falta de instituciones sólidas sino también la carencia de actores políticos con capacidad de resolver o encontrar salidas consensuales a la actual coyuntura. Estamos frente a una democracia vacía no solo porque carece de instituciones sólidas sino también porque está huérfana de reales actores políticos y sociales.

Ello demuestra el fracaso de la transición que nació luego del fin del autoritarismo fujimorista. Siguiendo a los españoles Javier Benegas y Juan Blanco en su libro “Catarsis”, podemos decir que el régimen político surgido luego de la transición en nuestro país por responsabilidad de Toledo, García, Humala y ahora de PPK, pero también de los empresarios y partidos políticos, “es en realidad una democracia de muy baja calidad, un sistema de acceso restringido dominado por los privilegios, la corrupción, el caciquismo, el intercambio de favores y las barreras de participación, encontrándose actualmente en avanzado proceso de descomposición”.

Se podría afirmar que las características que definen el corto y mediano plazo se resumen en tres palabras: vacío de poder, carencia de reales actores políticos y descomposición política y social. Que hoy la religión se incorpore a la conflictividad social y política en el país es la mejor demostración de que la política no funciona como canal de expresión de las demandas y los malestares sociales, como tampoco los actores del sistema político actúan como representantes de los sectores sociales. Y que la lucha religiosa sea un espacio posible para el surgimiento de aventureros es también otra expresión de la descomposición política, social y de las elites del país.

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