Oda al clickbait

Marco Sifuentes
Seguro usted los ha visto: “Todo lo que tienes que saber sobre…”, “Jamás imaginaste que…” o las omnipresentes listas de 9 datos o 25 gatos o lo que sea. Esos titulares se llaman clickbait (literalmente: anzuelo del clicks). El clickbait nos ha invadido en todas sus variantes. Las que iniciaban este texto se parecen a las que impuso Buzzfeed. Pero también están esos otros, tipo Upworthy. Usted reconocerá la diferencia en estos dos titulares al azar que acaban de aparecerme: “Este chico se sacó selfies durante 8 años y en sólo 2 minutos podrás ver su sorprendente viaje” y “Esta reina de belleza entró al escenario vestida de enfermera y ahora mira por qué dejó a todos impresionados”.
 
Al margen de lo exasperante que puedan ser para algunos, estos títulos responden a una necesidad de estos tiempos: un titular a la antigua, como nos lo enseñaron en la universidad, ofrece la ilusión de estar brindando toda la información que necesitas. Digamos: “Nadine será sometida al peritaje grafotécnico”. Eso funciona bien en papel, el lector de periódico será atraído al resto de la nota. Pero un titular así en Facebook, compitiendo con miles de fotos de perritos y con videos que ahora se cargan automáticamente, no funciona. Al ofrecer la sensación de brindar toda la información, el potencial lector no da click en la nota, es decir, cree que no necesita más. ¿Resultado? Comenta la nota con una opinión formada únicamente en base al titular. Es más, puede perfectamente compartir el artículo e incluso agregarle alguna arenga indignada, sin haber leído absolutamente nada, solo en base al titular.
 
A diferencia del lector de periódico, que ha tomado la decisión de gastar su dinero en pasar cierto rato informándose (a menos que lo haya comprado por la promoción, pero ssshhh mejor no entremos en esas honduras por aquí), el usuario de redes sociales necesita un incentivo extra para abandonar la dulce modorra de los últimos memes y las fotos del bautizo/matrimonio/juerga del fin de semana. Así nomás no va a elegir ponerse a leer un artículo sobre las causas del conflicto en Las Bambas cuando apenas unos cuantos píxeles más abajo acaba de cargarse el video de unas viejitas que bailan muy gracioso. El titular necesita incentivar un sentimiento suficientemente poderoso como para que tengas las fuerzas para interrumpir tu dosis de Facebook. Y ese sentimiento es la curiosidad o, en todo caso, la promesa de un sentimiento aún más fuerte (la ternura, la indignación, etc.). Pero no: nada racional. Olvídense de eso.
 
El clickbait suele ser usado para vender temas como “Esta es la lista de las 10 profesiones y oficios más infieles” (acompañado de la imagen de una seductora pareja oficinista) o “¿Cómo lucen los protagonistas de ‘Amigas y Rivales’ 14 años después? (FOTOS)”. Pero también puede funcionar algo “Si no entiendes nada de lo que pasa con las agendas de Nadine, llegó este post a tu rescate” o “9 fotos que demuestran que los genios de Greenpeace sí dañaron las Líneas de Nazca”. No es precisamente el fraseo más elegante pero funciona. Consigue atraer a gente que, de otra manera, estaría repasando la lista de profesiones de infieles o viendo cómo envejeció cierto actor adolescente. Peor es nada.

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