De temer

La indesmayable corrupción alcanza al sustituto de Dilma Rousseff.

La República

Brasil vive agitadas horas. Otro escándalo de corrupción ha tocado las puertas del poder, un año después de que fuera destituida la presidenta Dilma Rousseff en un procedimiento cuestionado que motivó las críticas de la Comisión Interamericana de DDHH, un extraño juicio en el que 25 de los 61 senadores que derrocaron a Rousseff estaban acusados de corrupción. Ahora, el hombre que la sustituyó, acusado en ese momento también de recibir sobornos, ha sido pillado en falta.

Según el diario O Globo, Temer fue grabado aprobando la compra del silencio del ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, detenido por corrupción, miembro del partido de Temer, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y artífice de la destitución de Rousseff. La grabación fue realizada por uno de los hermanos Batista, empresarios acusados de colaborar con la trama del financiamiento ilegal de los partidos, y forma parte del acuerdo de colaboración eficaz con la justicia brasileña.

El de Temer era ya un gobierno débil lastrado por la corrupción desde el primer momento. A los pocos días de entrar en funciones debió renunciar el ministro de Planificación, Romero Jucá, luego de que se difundiera un audio en el que proponía delimitar la investigación sobre la corrupción. Posteriormente renunció el ministro de Transparencia, Fabiano Silveira, después de que se publicara una grabación en la que critica las investigaciones en la empresa petrolera estatal Petrobras; y a inicios de abril el Supremo Tribunal Federal (STF) ordenó se abra investigación a ocho ministros de Temer.

El mismo presidente ya estaba acusado. A finales de abril, el fiscal general, Rodrigo Janot, colocó a Temer en el centro de un grupo mafioso de captación de sobornos para su partido el PMDB.

Las calles del gigante sudamericano han empezado a resonar en tanto que Temer ha dicho que no renunciará, asumiendo el rito clásico de los acusados a la espera de un futuro sobre el cual tienen poco poder. Las grandes fuerzas que determinará ese futuro aparecen de entrada distantes, a diferencia de las jornadas de los años 2015 y 2016. Por un lado los ciudadanos y por el otro el Congreso, fragmentado ahora más que nunca en mil pedazos con una legitimidad extremadamente baja. Lo que se juega en estas horas es la posibilidad de adelanto de elecciones, inicialmente previstas para octubre del 2018, para lo que se precisa una reforma constitucional.

Con Temer en la picota entra en crisis la coalición que derrocó a Rousseff y que llevó adelante un programa de reformas económicas neoliberales que ya había generado dos grandes paros nacionales y que estaba a la espera de la luz verde para nuevas medidas desreguladoras de la economía. El escenario ha cambiado bruscamente; con los ciudadanos en las calles y el poder a la defensiva, son los cambios políticos que la clase dirigente del país ha ignorado los últimos años los que pasan a ser decisivos en el marco de una lucha tenaz contra la corrupción, tan indesmayable como esta.

Síguenos en Facebook

ÚLTIMAS COLUMNAS

La República
Atención en emergencia
Lunes, 29 de Mayo de 2017
Jorge Bruce
Lugares de resistencia
Lunes, 29 de Mayo de 2017
Mirko Lauer
Muerte de un estratega
Lunes, 29 de Mayo de 2017
La República
Baja calidad
Lunes, 29 de Mayo de 2017
Augusto Álvarez Rodrich
Monos con metralleta
Lunes, 29 de Mayo de 2017