Falta una palabra

Silencio sobre el cambio climático en el tratamiento de la emergencia  .

La República

Un reciente comunicado del Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN)) estima que El Niño costero en curso se extendería por lo menos hasta abril, esperándose que la temperatura en la costa norte continúe entre 28°C y 29°C, de modo que es alta la probabilidad de lluvias muy fuertes en las zonas medias y bajas de la costa.

Los especialistas debaten hace varios años el carácter estructural de El Niño esencialmente en torno a cuánto de los eventos mostrados obedecen también a los efectos del cambio climático, respondiendo en general a esta interrogante con la evidencia de una atmósfera más inestable y a cambios más rápidos de la temperatura del mar, y al hecho irrefutable del incremento de humedad en la Amazonía, al punto que una de las opciones es que el actual Niño costero ceda el paso a un Niño Global. Aun así, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC en inglés) no ha validado la conexión entre ambos fenómenos.

A pesar de ello, una de las palabras menos pronunciadas en este emergencia es “cambio climático” y en cambio se recurre al carácter “natural” de los desastres y a la tradicional explicación de que las anomalías del clima son en realidad la expresión de la “furia” de la naturaleza ante la cual no es posible hacer nada porque el ser humano, en su infinita pequeñez frente al mundo, es una potencial víctima que solo debe ponerse a buen recaudo.

Esta visión es profundamente atrasada respecto de estudios que evidencian que la actividad humana ha modificado regresivamente el clima forzando el calentamiento de la temperatura, especialmente por la emisión de gases de efecto invernadero. La persistencia de esta óptica incluso entre altas autoridades del gobierno y de agencias públicas especializadas impide extraer lecciones más profundas de las emergencias.

La primera de ellas es la ausencia de una política de ordenamiento territorial, el gran drama que se encuentra a la base del poblamiento y repoblamiento de las quebradas pero también de los conflictos sociales de naturaleza ambiental. En una reciente entrevista, el profesor Julio Kuroiwa ha señalado que luego del fenómeno El Niño de 1998 se propuso que la reconstrucción se lleve a cabo de acuerdo al mapa de inundaciones, incluyendo el efecto sísmico pero que eso no fue posible por decisión de los detentadores del poder. Kuroiwa ha puesto dos ejemplos: el de la ciudad de Piura que ha crecido hacia la parte baja favoreciendo la inundación, y el de Chosica, donde la Quebrada el Pedregal luego de la destrucción de 1997 se ha vuelto a poblar de casas.

Concurrentemente, otra de las ausencias que abonan silencio sobre el cambio climático es la virtual inexistencia de una política de riesgo de desastres, patentizado en hechos, por señalar un ejemplo, como el que el alcalde de Lima transfiera los recursos para las obras de prevención para mejorar la Costa Verde. Sin ordenamiento territorial y un manejo de los desastres desde la perspectiva del cambio climático tendremos con nosotros emergencias más destructivas.

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