PRESUNTO GOL ANULADO

No todos los clubes de fútbol podrán acogerse a la reducción de la deuda con la SUNAT. La pregunta es por qué se generó la expectativa.

La República

Después de la aclaración hecha por la SUNAT, respecto del Decreto Legislativo 1257 que crea el Fraccionamiento Especial de Deudas Tributarias (FRAES), ha quedado claro que algunos de los grandes clubes de fútbol (Universitario y Alianza Lima, por ejemplo) no serán beneficiados. El gol, digamos, ha sido anulado, pero conviene preguntarse por qué se creyó que era tal.

En las últimas décadas, el fútbol –a nivel mundial– se ha convertido en meganegocio, que en ocasiones hace pensar que el talento de este juego maravilloso cada vez se vuelve más escurridizo o invisible en medio de los millones. Todos los países donde este deporte es rey sufren esa impronta, incluido el Perú, a pesar de nuestros magros resultados internacionales.

Universitario de Deportes, uno de los clubes que más pasiones despiertan en el país, tiene con la SUNAT una deuda de 160 millones de soles, fuera de la deuda que tiene con otros acreedores. Aún así, ha hecho recientemente fichajes importantes, y acaso millonarios, como el de Juan Manuel Vargas (por ahora por seis meses), otrora jugador señero de la selección nacional.

Este tipo de decisiones ya sueltan una primera pista: Vargas ha sido contratado supuestamente para ser parte de un “plan de recuperación del club”, lo que significa que la prestigiosa institución cree que puede levantar pico, tener éxito y, por cierto, pagar sus deudas. No le hubiera caído mal el perdón presunto ofrecido por la SUNAT, en esta tarea de retomar oxígeno.

La institución estatal, sin embargo, ha precisado que solo se pueden beneficiar con el FRAES las deudas que no están en un “procedimiento concursal”, es decir, que no tienen ya un proceso que posibilitaría cumplir con el pago. Tanto la “U” como Alianza Lima (30 millones de deuda a la SUNAT) están en dicha vía y, por tanto, no aplican para el beneficio.

La economía y la administración tributaria son una cosa, y el fútbol otra. Sin duda el presidente Pedro Pablo Kuczynski se excedió al deslizar en una entrevista de radio la posibilidad de que los grandes clubes –esos que supuestamente llenan estadios– se beneficiarían. La pregunta es si ese desborde fue inconsciente o se asentó en la conciencia de la popularidad del fútbol.

En España, hacia el año 2012, se generó una situación similar, cuando la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) impulsó medidas similares que reducían las deudas de los clubes de fútbol, que en ese caso ascendían a más de 700 millones de euros. El entusiasmo se generó, pero también la protesta, sobre todo de los sufridos contribuyentes más modestos.

El asunto incluso ameritó una investigación de la Comisión Europea a este país, ante la sospecha de que había otorgado ventajas fiscales a los clubes. Todo esto llama a pensar cómo es que el fútbol se ha ido convirtiendo en bastante más que un juego en el que se intentan empujar pelotas contra una red, luego de 90 minutos sudorosos. Su influencia en la política es visible.

Pero debería amenguarse. Hasta los últimos minutos del partido (de los decretos legislativos) muchas personas, o hinchas, esperaban que se dé una norma que beneficiara a los grandes clubes. No fue así, aunque quizás la ‘goleadora’ iniciativa aparezca pronto. Ese será el momento en el cual habrá que ver cómo sufren su partido los ciudadanos modestos que no tienen esas ventajas.

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