Serrat en Lima: Gran noche para fans gracias a concierto lleno de nostalgia y humor

Cantautor deleitó con sus más grandes éxitos al culminar gira por sus 50 años de trayectoria.

22 Nov 2015 | 11:24 h

Joan Manuel Serrat volvió a cautivar los corazones peruanos durante una noche que fue una perfecta combinación de melodía, nostalgia y humor. 

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Se le veía emocionado, casi tanto como el público. No se trata de un concierto más cuando se cierra un periodo de 50 años de trayectoria. Arrancó el show con "El Carrusel del Furo" y no abandonó el escenario sino hasta después de entregar todo su arte para complacer a sus fieles seguidores, el último sábado en el Gran Teatro Nacional. Este fue el lugar elegido para cerrar su gira mundial "Antología desordenada".
 
"Que yo me haya subido a un escenario hace 50 años, por favor, coincidan conmigo en que no tiene la menor importancia. Loque sí que es valorable es que lleve 50 años sin bajarme (risas). Y quiero aprovechar esta noche y mi paso por esta hermosa ciudad de Lima para agradecer a todos los que han tenido que ver alguna cosa con que mi vida haya discurrido así", expresó con solemnidad  luego de las primeras canciones.

 

Varias de las frases del cantautor español reflejaron una nostalgia desbordante de satisfacción por lo vivido. Mezcló algunas efemérides, mucho de ese sano humor que consiste en reírse de sí mismo, con reflexiones tan duras como la realidad que viven los niños de los lugares más golpeados del mundo, que en profundo silencio escucharon los asistentes.

"Vivimos en un mundo donde la mayor parte de los niños son pobres y la mayor parte de los pobres son niños". Esta triste certeza fue parte del preámbulo de su bella pieza musical "Esos locos bajitos".

Un momento incómodo que él logró hacer pasar casi desapercibido se debió a un breve ataque de tos que le sobrevino en medio de la canción "Mi niñez". Lejos de amilanarse, invadió el alma de los asistentes interpretando algunos de sus clásicos románticos como "Tu nombre me sabe a hierba" o "No hago otra cosa que pensar en ti". Con "Algo personal" volvió a remecer la conciencia social y complació con los infaltables temas "Cantares" y “Mediterráneo".

Con una interpretación en catalán de Cançó de bressol, o canción de cuna, recordó su amor por su tierra originaria, Barcelona, y aquel entrañable lazo con su madre. Cinco músicos lo acompañaron en un escenario que oscilaba entre luces rojas, azules y moradas. A todos ellos brindó un profundo agradecimiento por los años de recorrido juntos.

Los temas fueron disfrutados en silencio, como suele suceder con las presentaciones en el Gran Teatro Nacional. Pero al concluir cada pieza, el público no escatimó en aplausos, incluso de pie.

Luego de interpretar 20 de sus creaciones, se fue y la tristeza se apoderó del lugar. Tal vez lo hizo solo para probar cuánto eran capaces de reclamarlo de vuelta. Regresó con dos de sus grandes éxitos y antes de partir definitivamente, apeló a la filosofía para invitar al público a no extrañarlo tanto.  Fue un regalo aquella reflexión sobre lo inexorable y a la vez afortunado de que todo lo propio de la vida tenga un final.

"Este puede ser un gran día" fue uno de los temas que sacudió los espíritus de los fans, quienes se fueron con ganas de más pero contentos, porque en efecto el "puede ser" se transformó en "fue un gran día", o una gran noche, gracias a la magia del "Nano".

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