Retablo, la película peruana que compite en el Festival de Berlín

Ópera prima. Conozca el destacado filme de Álvaro Delgado-Aparicio, grabado en quechua, que se estrena en la sección ‘Generation’ en Alemania.

13 Feb 2018 | 10:15 h

Retablo, la historia acerca de la herencia familiar, la cultura y el amor, filmada en Ayacucho, inicia su carrera en el Festival de Berlín. “Les gustó la autenticidad de los personajes y algo que les llamó la atención, que era algo que nosotros queríamos visualmente representar, fue el retablo en el arte, en todo sentido”, señala Alvaro Delgado-Aparicio sobre su ópera prima.

El protagonista es Junior Bejar, quien interpreta a ‘Segundo Páucar’, un adolescente que anhela convertirse en un retablista como su padre, Noé Páucar (Amiel Cayo). Pero conoce un secreto de su progenitor y tendrá que lidiar con eso solo, hasta que el escándalo estalle en una comunidad aún homófoba. La cinta tiene a Magaly Solier en un destacado rol secundario. “¿Si se termina la admiración, con qué te quedas?”, era la interrogante que planteó el cineasta.

PUEDES VER  Neymar se desnuda y causa revuelo en Instagram [FOTO]

El protagonista

El amor está en una suma de sensaciones que han sido retratadas por el protagonista. A pesar de tratarse de su debut como actor, Junior Bejar fue seleccionado entre 650 jóvenes en Ayacucho. “Si no teníamos el protagonista adecuado, no había película”, dice el director. Pasó tres meses buscándolo en “todos los colegios de Huamanga”.

La disciplina y su “poder de concentración” terminaron por convencer al cineasta. “A mí el arte sí me gusta, pero no específicamente la actuación. Por probar nuevas cosas, levanté la mano en el salón”, comenta Bejar. “Al casting me llevó mi mamá, ahí sí tenía miedo, pero me llevó a la fuerza y ahí empezó todo”.

Las escenas que más le costaron, comenta, fueron las despedidas. “Esa escena es muy fuerte”, sostiene sobre su guion con Magaly Solier, su madre en la ficción. “He sentido un montón de cosas, he dado lo mejor de mí”.

Magaly Solier y filmar en runasimi

La película estrenada en el último Festival de Cine de Lima no inició como un proyecto en quechua. “La sugerencia de Magaly fue: ‘Creo que por lo menos la familia debería hablar en quechua’. Curiosamente, Junior habla quechua con sus papás, Amiel y ella también. A mí me daba miedo, el único que no hablaba quechua era yo”, declara entre risas el director. Tuvo que llevar clases aceleradas de runasimi y trabajar en el rodaje con un intérprete.

“Ensayábamos en español. Y cuando grabábamos en quechua había una fuerza interna. Después le preguntaba al intérprete: ‘¿Dijeron lo mismo que escribí?’ (risas). Fuimos ajustando cosas. Le tenemos mucho respeto al idioma. Algunas personas me comentaron que es tan fuerte lo que escuchas que no necesitas ver los subtítulos porque transmiten”, agrega el cineasta, quien coincidió con Solier en Huanta y, tras ver “la complicidad” que tenía con su hijo de cinco años, le preguntó si quería ser parte del filme.

El equipo de producción y el elenco principal convivieron tres meses en el rodaje. Amiel Cayo se encargaba de ir a recoger a Bejar del colegio para luego ir a los ensayos. “Cuando empezamos a grabar, ya teníamos varios recursos”, sostiene el cineasta que dejó a los actores improvisar en las cosas cotidianas: poner la mesa, los platos, servir. “Hubo escenas que salieron en una toma”.

-Tu intención no era que pesara tanto el ‘tema tabú’, ¿no?

Sí, sabíamos que era una historia de amor filial, A veces, cuando admiras a alguien y esta persona no termina siendo como te imaginaste, sientes un vacío. Entonces, la pregunta era ¿cómo manejas ese vacío?, ¿se puede reparar? y eso era lo interesante de entrar al mundo de los retablos, porque son portales que nos llevan a otras dimensiones, a las que nos da miedo entrar. Pero si entramos con el corazón, pueden pasar cosas interesantes.

-Amiel Cayo dijo que la homofobia era más fuerte en las comunidades andinas. ¿Están de acuerdo?

Junior: Eso es cierto, es verdad. Allá, en mi pueblo, Morochucos, el tema de la homosexualidad se ve mal. Incluso en otros pueblos son castigados por los pobladores, brutalmente.

Alvaro: Claro, aunque Retablo es ficción y no un documental, lo que encontramos es que hablar de la sexualidad, para empezar, es difícil. La diversidad es compleja. El pueblo de Ayacucho fue recontra abierto con nosotros, nos ayudó. Sin eso, no hubiéramos podido hacer la película.

-¿Hay una fecha tentativa de estreno en Lima? ¿Esperas que se abran salas alternativas?

No tenemos fecha aún. Mi posición es que, cuando uno hace una película, es una maratón interminable. Pero a veces los directores creemos que terminas de editar y ya terminaste, pero no, es la mitad de la maratón. ¿Cómo haces para que la gente la pueda ver, no solo en el Perú sino en el mundo? De lo que sí estamos contentos es de que afuera ya hay mucha expectativa e interés. Fuera del mundo de la película, pensando en los artesanos, es increíble el talento que existe; este es un homenaje a ellos. Estamos muy contentos de representar al país.

Te puede interesar