Teatro

'Santiago, el pajarero', instrucciones para volar

'Santiago, el pajarero', obra de Julio Ramón Ribeyro, se presenta en el teatro La Plaza hasta el 27 de febrero. De cómo un hombre con ideas pioneras sobre el arte de volar se enfrenta al peso de los prejuicios, la intolerancia y el miedo a ver más allá.

Raúl Mendoza

Domingo, 11 de Febrero del 2018

Santiago ha sido marinero y ha pasado parte de su juventud examinando el vuelo de las tijeretas o aves fragata que seguían a su barco en altamar. Él ha puesto sus ojos y sus sentidos más en el cielo que en el mar. Cree poder desentrañar los misterios que guardan las frágiles alas de esos pájaros para poder remontar el vuelo.

Por eso, cuando su barco encalla y él debe volver a tierra, su interés se vuelca hacia cualquier ave que pueble el cielo. Abre una tienda y se convierte en Santiago, el pajarero, un hombre cuyo sueño obsesivo es construir unas alas o un aparato que sirva para que los hombres puedan transportarse raudos por los aires.

Y entonces vemos a Santiago (Óscar Meza) en su taller como un hombre absorto en sus divagaciones sobre el vuelo y distante hasta de su propia novia, Rosaluz (Gisela Ponce de León), que le reclama andar en las nubes y no prestarle la atención suficiente. "Yo sueño contigo, tú sueñas con pájaros", le dice ella. En este punto inicia la obra Santiago, el pajarero, de Julio Ramón Ribeyro, que el teatro La Plaza ha puesto por sus 15 años, dirigida por Nishme Súmar.

Santiago se ha convertido en un estudioso de la anatomía de las aves con el fin de lograr el diseño perfecto para que su aparato pueda moverse con el viento, remontar vuelo y flotar sin caer a tierra. Ese proyecto pionero se estrella en principio contra la convención social de dedicarse a una actividad más lucrativa. Una que pueda asegurar un matrimonio y una vida con Rosaluz, la novia, que le hace ese pedido expreso.

Ribeyro ambientaba su obra en la Lima del siglo XVIII, con el virrey Amat como la máxima autoridad, pero en la versión dirigida por Nishme Súmar casi toda la acción transcurre en un lugar y un tiempo que puede ser cualquiera. "No queríamos hacer una obra costumbrista, ni en historia ni en propuesta escénica. Nuestro punto de partida ha sido hablar de la obra desde lo que somos hoy, desde el presente", dice.

Por eso, los sueños de Santiago, su defensa de unas ideas audaces e incomprendidas, se sienten tan actuales para cualquiera que acuda a ver el montaje. Santiago debe luchar contra la envidia del comerciante vecino que no entiende lo que hace, contra la mirada prejuiciosa de aquellos a quienes pide ayuda sin encontrarla, y contra la burla ignorante de toda una ciudad.

Santiago, el personaje

La historia de Santiago, el pajarero, de Ribeyro, está basada en una tradición de Ricardo Palma llamada Santiago volador que a su vez rescata la historia real de Santiago de Cárdenas, un limeño nacido en 1726 que realizó investigaciones autodidactas sobre ornitología y mecánica del vuelo en un tiempo en que ello era poco menos que una herejía. Palma mandó imprimir su manuscrito titulado "Nuevo sistema de navegar por los aires, sacado de las observaciones de la naturaleza volátil".

Ese Santiago, soñador y adelantado, es reinventado en la obra. "Leí la obra cuando era muy joven y el destino final del personaje me dejó una sensación de desesperanza. Pero cuando he vuelto al texto para esta puesta en escena, años más tarde, la sensación ha sido distinta. Dentro de su aparente desesperanza encontré que había mucha luz. Me quedó una sensación más optimista", dice la directora.

A medida que la historia avanza podemos ver que Santiago, incomprendido pero decidido, ha logrado llegar hasta la máxima autoridad de la ciudad para entregarle un memorial de más de doscientas páginas con su proyecto. "Tengo un invento", le cuenta. La autoridad decide, finalmente, entregárselo a los eruditos. Y el estudio del pajarero cae en manos de otro personaje central de esta historia: Cosme Bueno (Andrés Salas), el mayor matemático y académico que hay por estas tierras.

Es esta persona quien analiza los estudios hechos por Santiago y refuta con argumentos no científicos el proyecto. En su alocución se mezclan el prejuicio, el oscurantismo y el temor a mirar con ojos nuevos una propuesta basada en un esfuerzo de conocimiento. Hay sorna e intolerancia en esta parte, pero es uno de los puntos más altos del montaje porque aquí la obra se hace más actual que nunca.

"La obra de Ribeyro es atemporal. Él sitúa la historia en el Virreinato, pero hay referentes claros con el presente, con la política actual, hasta con el Congreso. Es como si la historia se hubiera cristalizado y el Perú no hubiera mutado casi nada en los más de dos siglos que han pasado desde que Santiago de Cárdenas intentó hacer realidad su proyecto. Todo siempre se mueve por intereses y sin empatía por el otro", analiza la directora.

Otro de los puntos altos de la obra está en la defensa que Santiago hace de su proyecto cuando este ya ha sido diseccionado y desautorizado por Cosme Bueno. El protagonista, Óscar Meza, ve ese monólogo que hace ante el público como un discurso que todos los actores o artistas quisieran decir en la vida. Hay una frase inolvidable que dice Santiago, el personaje, en esta parte: Si volar les parece una locura, espero que sea contagiosa.

"Se puede hacer una analogía con la vida de un artista hoy. En el sentido de que esta profesión no es vista como una carrera seria. La búsqueda de Santiago porque se le escuche, se le respete y se le dé la oportunidad de decir lo que piensa es una búsqueda que siento mía y de los artistas en general", explica Óscar.

Santiago de Cárdenas es un personaje histórico trágico. Quizá por eso lo escogió Ribeyro para contar una historia que, como muchas de las suyas, no termina bien. En la vida real Santiago acabó sus días a los 40 años en circunstancias hasta hoy no esclarecidas.

En la obra, se ha tratado de rescatar la parte más luminosa del personaje. "No hemos querido que el público sienta desde el comienzo que a este hombre le va a ir mal, que va a perder, que su destino es fatal. A lo largo de la historia vemos su fuerza, lo que hace por acercarse a su sueño, la esperanza que hay en él", dice Nishme Súmar. Sin embargo, es todo un sistema el que lo aplasta y bloquea sus ansias de elevar los pies del suelo.

El montaje apela a distintas formas de contar la historia. Hay máscaras que manipulan los mismos actores y algunos de ellos hacen más de un personaje. Óscar Meza, Gisela Ponce de León, Andrés Salas y Mayra Najar son los actores que nos cuentan esta historia.

En la presentación de la obra, el teatro La Plaza reseña: "Esta es una poderosa metáfora para hablar de la realidad que vive el artista en el Perú frente a un Estado que aún no comprende el valor del arte y la cultura en la vida de sus ciudadanos. Un Estado que no les da alas a sus creadores que, tercamente empeñados en sacar adelante sus proyectos, buscan repensar el Perú a través de historias y personajes con valores que construyan una sociedad más democrática".

En escena, Santiago, el pajarero, logra construir el aparato y, en algún momento de la obra, hace como quien va a levantar el vuelo.

Una aclaración histórica: nunca ofreció tirarse desde el cerro San Cristóbal hasta la Plaza de Armas.

Por eso durante mucho tiempo lo recordaron en son de burla. Hoy la historia lo ha reivindicado: lo consideran un precursor de la aviación. Nos quedamos con una frase de la obra: "Todos los aquí presentes hemos pensado alguna vez en volar". 

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