Turismo en países de alto riesgo

Lugares muy poco visitados a causa de su mala prensa, ya sea real o infundada, reivindicaron su valor como destino vacacional en una feria internacional desarrollada en España.

Redacción LR

Lunes, 5 de Febrero del 2018

A priori, muy pocos aceptarían ir de vacaciones a países que solo suelen salir en los medios de comunicación por la elevada pobreza de sus ciudadanos, porque en su territorio se libra un conflicto, porque la delincuencia es el pan de cada día. En algunos casos, son realidades palpables y, en otros, se trata más bien de una mala imagen debida a problemas de tiempos pasados que aún hoy lastran su imagen. Saben que la opinión pública pesa y que la tienen en contra pero, aún así, en la Feria Internacional de Turismo de Madrid 2018 (Fitur), celebrada entre el 17 y el 21 de enero pasados, los visitantes han encontrado carpas promocionales de algunos de estos lugares en las que han mostrado su mejor cara y han reivindicado su valor como destino turístico.

 

República de Irán

 

Pensar en Irán es pensar, automáticamente, en su programa nuclear, en Jomeini y en la revolución religiosa que lideró en 1979 y que convirtió al país en la República Islámica que es hoy. Se cuestiona la censura y la obligatoriedad del velo femenino, y las noticias que han llegado últimamente tienen que ver con la intención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de sacrificar el pacto nuclear que mantienen ambos países. O con las revueltas en la ciudad de Mashad. Pero Irán es considerado un país estable al que cada vez viajan más turistas, según los datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Ellos llegan atraídos por su tremendo legado histórico, artístico y arquitectónico, con 17 lugares protegidos por la Unesco. También por sus ciudades en plena ruta de la seda, como Kasahn, la laberíntica Yadz o Persépolis, la antigua capital del imperio persa.

 

República Árabe de Siria

 

En el año 2010, Siria, cuna de civilizaciones, recibió casi 10 millones de visitas. Luego vino una guerra que ya dura seis años y ha obligado a salir de sus fronteras a casi seis millones de personas, y ha matado a unas 200 mil. En Siria existe una crisis humanitaria sin precedentes y el país que un día fue potencia turística hoy ha quedado reducido a escombros. La destrucción de Palmira o de Alepo son los ejemplos más sonados de un rosario de tropelías contra la población y contra el patrimonio del país.

Frente a semejante estampa de destrucción, Siria asistió por primera vez en seis años a Fitur para dejar de ser invisible. Saca pecho con imágenes de las playas de Latakia, de las que ya en 2015 hacía promoción el Gobierno, o de varios barrios de Damasco. Estos lugares han seguido recibiendo turistas según el Gobierno sirio (la OMT no tiene datos desde 2010): 1.3 millones en 2017. "No son suicidas, si no fuera seguro, no vendrían", insiste Bassam Barsik, director de marketing y promociones del Ministerio de Turismo, que refiere también que el 90% del país está controlado por el Ejército y que las zonas que no lo están, son de acceso prohibido. ¿Y dónde ir? Los turistas van sobre todo a Damasco, la capital más antigua del mundo; a Maalula, la única ciudad del mundo donde se habla arameo; a Sednaia, el segundo destino del turismo religioso tras Jerusalén; a la costa de Latakia o al Crack de los Caballeros, donde está el mayor castillo medieval del mundo.

 

Venezuela

 

La carpa de Venezuela en Fitur es grande y luminosa, y allí se encuentra Franklin A. Rangel, director de cooperación e integración internacional del Ministerio del Poder Popular para el Turismo. No hay día que el país no salga en las noticias por su profunda crisis económica y social. La última la ha dado Unicef, que informó la pasada semana del aumento del número de niños con malnutrición. Violencia, aumento de la criminalidad, desabastecimiento de productos básicos y exiliados que se cuentan por millones suelen acaparar los titulares relacionados con el país. El número de turistas desciende año tras año, pero aún hay quienes se animan a conocer más allá de la actualidad política: 680 mil el pasado año según la OMT.

"Por el ingreso petrolero, no tuvimos el boom hotelero que sufrieron otros en los años ochenta", cuenta Rangel. "En Venezuela puedes estar en contacto con la naturaleza y las comunidades indígenas, que son las que manejan el turismo, y ver cómo es el desarrollo sostenible para ellos. Tienes el Salto del Ángel, que es el salto de agua más grande el mundo, de un kilómetro, el Parque Nacional de Canaima, poblaciones pesqueras donde puedes nadar en el mar y ver manadas de delfines", describe.

"No hemos tenido incidentes con turistas. Si se dieran, imagínate cómo serían las noticias, ¿no?”, argumenta el venezolano.

Tomado de El País

 

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