Informe

Lima, el agua que derrochamos

Sólo en una ducha de 10 minutos gastamos 80 litros de agua, mientras que en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, la gente tiene que vivir con 25 litros al día y pronto se quedará sin agua. ¿Está Lima preparada para la sequía?

Juana Gallegos

Domingo, 4 de Febrero del 2018

Un limeño promedio gasta 50 litros de agua lavando sus utensilios, 160 litros en duchas de 20 minutos, 540 litros en lavar el auto en media hora.

Parace que nos hemos sacado la “tinka hídrica” y somos unos derrochadores incurables del agua. Y lo sabemos pues no tenemos conciencia de la sed que se está viviendo en otras latitudes, como en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde -desde este 1 de febrero- cada residente tendrá derecho solo a 25 litros de agua al día para vivir.

Si hacemos un parelelo con nuestro consumo, eso significa que con los 360 litros de agua que gastamos al regar por media hora las plantas del jardín podríamos cubrir el consumo de agua de 14 días de un capense.

Y no es que Ciudad del Cabo sea el típico pueblo rural africano que imaginamos. Por el contrario, es una megaurbe de 4 millones de habitantes y de playas paradisíacas, que recibe a miles de turistas, y que por la falta de planificación vive la peor crisis hídrica de su historia.

Debido a un periodo de sequía de tres años, sus represas se están quedando sin agua. Hasta el momento, solo tienen colmada el 26% de su capacidad, y si no llueve pronto, llegará el día en que las autoridades tendrán que cortar totalmente el servicio. Y ese día está cerca. Según tienen previsto, será el próximo 22 de abril.

Al gobierno sudafricano le faltó previsión, declaró la alcaldesa de la ciudad, Patricia de Lille, ya que en 2015 se advertía sobre la proximidad de un periodo de estrés hídrico. Sin embargo, recién en 2017 se empezó con los planes serios de reciclaje de agua, así como la construcción de las primeras plantas desalinizadoras de agua de mar y las estaciones de extracción de aguas subterráneas.

Ciudad del Cabo ha empezado así su cuenta regresiva hacia el #DayZero. En Twitter, este hashtag es utilizado para dar consejos sobre cómo ahorrar el líquido vital y cómo vivir racionados con 25 litros de agua al día, que es el volumen que gasta un limeño promedio al lavarse los dientes si deja el grifo abierto.

Derrochadores

Un bonaerense consume 500 litros de agua al día. Frente a este derroche, el del limeño, que gasta en promedio 250 litros diarios, parece inofensivo; sin embargo sigue siendo alto para la media de consumo recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) según la cual un humano puede atender todas sus necesidades con 100 litros de agua al día.

Lima no será de pronto una Ciudad del Cabo, pues el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) pronostica una buena temporada de lluvias en la sierra de la capital, por lo cual el nivel de sus ríos se mantendrá estable el 2018.Sin embargo, el uso que le estamos dando al agua no es responsable. El Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (Sedapal) comunicó esta semana que por segundo año consecutivo los distritos de San Isidro y Miraflores tienen el mayor consumo per cápita de la ciudad: 477 y 436 litros diarios respectivamente.

Jorge Ramírez, jefe del equipo comercial de Sedapal de San Juan de Lurigancho, explica que este excesivo gasto se debería a que son distritos donde cohabitan zonas comerciales, edificios multifamiliares y de oficinas, y que reciben al día gran cantidad de gente.

"Un edificio de 60 departamentos puede consumir hasta 22 mil litros de agua al mes, facturando 5 mil soles por el servicio, aproximadamente, si no se registran fugas", precisó el técnico.

En el otro extremo, los distritos que menos gastaron agua por persona al día, el 2017, fueron Lurigancho (26 L) y Cieneguilla (54 L): "Esto se debe a que la población tiene menos acceso a la red de Sedapal. Debido al crecimiento desordenado de Lima y Callao, y que las municipalidades no tienen un plan de desarrollo urbano, los cerros crecen de forma desproporcionada, y allá es a donde no llega el agua y es donde más cuesta", precisa Ramírez quien nos coloca frente a las grandes desigualdades de la ciudad.

En Lima, 65 mil familias no tienen acceso a agua potable, y tienen que abastecerse del líquido a través de camiones cisterna. "Pagan hasta 22 soles por metro cúbico de agua, mientras que Sedapal cobra 1.3 soles por el mismo volumen", precisa Jorge Ramírez.

El contraste de ambas realidades puede ser visto desde las alturas de Pamplona Alta, en San Juan de Miraflores. Allá, un muro de diez kilómetros separa a los asentamientos humanos en los que viven las personas que tienen que llevar agua a sus casas en baldes, de la urbanización más rica de Lima, Las Casuarinas, que rebosa de verdes jardines y grandes piscinas.

Volviendo al tema del consumo, Sedapal advierte de otra forma de derrochar el agua: el uso de las piscinas portátiles.

Si bien, para llenar una piscina empotrada se usa gran cantidad de agua (17 mil L en promedio), estas tienen un sistema de recirculación, es decir, el agua es tratada y puede ser reusada varios días. En cambio una piscina portátil tiene que ser llenada constantemente.

"Se gasta 7 mil litros para llenarla, lo que equivale a 14 días de consumo de agua de una familia", señala el técnico Ramírez, quien recomienda a los que hacen uso de estas piscinas reutilizar el agua para regar jardines, lavar el auto o para mantener limpio el inodoro.

Informales

Se suma a la falta de conciencia en el uso cotidiano del agua, el timo de los usuarios que manipulan sus medidores de agua o se hacen de conexiones clandestinas a la red de Sedapal.

Solo el 2017 se detectaron en Lima 2,399 conexiones clandestinas: "Hemos encontrado ductos enterrados que no figuran en nuestros planos: en hostales, empresas industriales, hospitales públicos y hasta en centros recreativos de la policía nacional", precisa el técnico Ramírez.

Un caso emblemático fue el del Mercado Central de Independencia, en donde los comerciantes excavaron un largo tramo de 80 metros para empatar su conexión informal con un grifo de la red pública de Sedapal. Misteriosamente, antes de ser descubiertos, este populoso mercado facturaba solo 500 soles al mes.

En 2017, por estas conexiones al filo de la ley, se perdió 1 millón 200 mil metros cúbicos de agua, volumen con el que se pudo abastecer de agua a 5,100 familias por un año.

 

Estrés hídrico

Sólo hay dos ciudades en el mundo asentadas sobre un desierto, El Cairo y Lima, que con 9 millones de habitantes, tendría que tomar conciencia ante una probable época de escasez hídrica.

Al igual que Ciudad del Cabo, su principal fuente de agua son las lluvias que colman sus tres ríos (Rímac, Lurín y Chillón), además de los 277 pozos subterráneos a los que se recurriría solo en caso de emergencias, como lo sucedido durante el Fenómeno del Niño Costero.

Si nos quedáramos sin lluvias, aún tenemos 19 lagunas, entre ellas Marcapomacocha, la más importante, y las reservas de Antacoto, Yaracmayo y Huascacocha; sin embargo, la reserva mayor de agua, nuestros glaciares, están retrocediendo, el 54% de su superficie ha desaparecido en los últimos años.

¿Qué pasaría si nos toca una sequía feroz como la de Ciudad del Cabo?

No somos concientes de lo que vale el agua hasta que pagamos por ella. Para poner un ejemplo, pagamos sin chistar S/. 1.50 por una botella de medio litro en la tienda, mientras que por S/. 1.30, Sedapal nos da mil litros de agua, es decir, 2 mil botellas. ¿Qué pasa si nos quedamos sin agua potable? ¿Volveremos a pelearnos por una botella en la fila del supermercado como el verano pasado?

• Conexiones informales

En 2017, se perdió 1 millón 200 mil m3 de agua, volumen con el que se pudo abastecer a 5,100 familias por un año.

• Piscinas portátiles

Se llenan con 7 mil litros de agua que equivalen al volumen que consume una familia en 14 días.

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