El juicio a Larry Nassar

Sobrevivir a un depredador

Lawrence Nassar usó su poder como médico deportivo de alto nivel para abusar sexualmente de más de un centenar de atletas estadounidenses. Esta semana fue condenado a morir en prisión, le esperan 175 años tras las rejas. Esta es la historia de sus denunciantes.

Juana Gallegos

Domingo, 28 de Enero del 2018

Fue la última en hablar y la primera en levantar el dedo acusador contra el médico del equipo de gimnasia olímpica de los Estados Unidos, Lawrence G. Nassar.

La ex gimnasta Rachael Denhollander, de 33 años, fue la última en hablar en la larga audiencia de siete días que se realizó en Michigan, la semana pasada, contra el médico que por veinte años aprovechó su poder, como profesional de alto nivel, para abusar sexualmente de alrededor de 160 atletas que llegaban hasta él para aliviar sus dolores musculares.

"Me penetró, me toqueteó, me manoseó. Y después me susurraba preguntas sobre cómo se sentía. Fueron actos degradantes y humillantes hechos sin mi permiso ni mi consentimiento", dijo Denhollander desde el podio del tribunal, por el que pasaron antes que ella un ejército de deportistas, entre niñas y mujeres, que repitieron, una a una, frente a su abusador el mismo estribillo del horror: Me tumbó en la camilla, introdujo sus dedos sin guantes quirúrgicos en mi vagina, se quedó ahí todo el tiempo que quiso, me dijeron que era el procedimiento médico usual.

Denhollander fue la primera mujer que confesó en 2016, en un reportaje del periódico Indianapolis Star, que el afamado osteópata, Larry Nassar, conocido como el "gurú del dolor", había vejado su cuerpo a los 15 años cuando era gimnasta de un club local.

Había ido ella, narró, por una lesión en la espalda. Confiada en su buena reputación e impresionada por sus fotografías junto a medallistas olímpicas, entró en el despacho del también médico de la Universidad Estatal de Michigan y puso su cuerpo en sus manos.

"Recuerdo estar acostada preguntándome, ¿esto es normal? No sabía qué hacer. Luego el doctor puso presión en lugares que yo no sabía que existían y mientras mi cuerpo me traicionaba yo me sentía indefensa. Me culpé por lo que había sentido", dijo en otro momento del juicio otra de las abusadas por Nasser, la jugadora de voleyball Jennifer Rood-Bedford quien vivió este traumático episodio a los 11 años.

Los testimonios de las 160 deportistas que declararon ante la jueza Rosemarie Aquilina revelaron el mismo método: Nassar sacó provecho de la confianza de los padres y los profesionales del deporte para manipular las mentes y los cuerpos vulnerables de niñas que al no saber qué estaba pasando sintieron culpa, vergüenza, rabiay hasta deseos de morir.

A Chelsea Markham, Nassar le quebró el espíritu a tal punto que a los 23 años se suicidió. Tenía sólo 10 años cuando un día -luego de caer de una viga en su academia de gimnasia- acudió junto a su madre al consultorio del médico: "Mamá, me metió los dedos y no estaban enguantados. Me lastimó", le diría llorando a su madre horas más tarde en el auto mientras volvían a casa. Nunca más fue la misma, a los 13 comenzó a consumir drogas y su vida se desbarrancó.

De vidas destrozadas, de psiquis atormentadas y de historias de superación estuvo marcado el juicio contra el médico quien en algún momento, al no poder con el remordimiento, pidió no escuchar más testimonios. Pedido que fue negado tajantemente por la jueza Aquilina.

El 'método especial'

¿Cómo hizo Larry Nassar para abusar, desde 1986 hasta 2015, de más de un centenar de atletas impunemente?

El médico, casado, padre de tres hijos, que asistía a las gimnastas en las Olimpiadas y que tenía un canal de YouTube de lecciones de masajes, era muy amable y considerado con las deportistas a quienes a veces les traía regalos de los Juegos Olímpicos.

Las niñas tomaban con normalidad el abuso porque Nassar irrumpía en sus partes privadas con total naturalidad, incluso frente a sus padres y otros instructores presentes en la cita médica. Llamaba, con total desparpajo al ultraje: "el método especial". Nadie lo cuestionaba.

La gimnasta olímpica, ganadora de dos medallas de oro y una de plata, Aly Raisman recordó en el juicio: "Llamó a la puerta de mi habitación a las 8 de la noche y me dijo 'creo que te vendría bien un masaje'. Era un médico. Todos los adultos lo querían y respetaban sus virtudes. ¿Quién era yo, una mera adolescente sin conocimiento médico, para decir algo diferente, para cuestionar sus métodos?". Tenía 16 años la primera vez que ocurrió.

El mundo de la gimnasia es ultra competitivo y el camino para ganar una medalla está lleno de sacrificio. Las gimnastas crecen aprendiendo a obedecer, a no quejarse y a tomar a pie juntillas las órdenes de sus instructores. En su inocencia, ellas pensaron que Nassar sabía lo que hacía.

Inclusive, la misma Simone Biles, la estrella de la gimnasia norteamericana, ganadora de cuatro medallas de oro, confesó en su cuenta de Facebook: "Yo también soy una de las supervivientes de las que abusó Larry Nassar. Por mucho tiempo me he preguntado ¿fui demasiado inocente? ¿fue culpa mía? Me rompe aún más el corazón pensar que mientras trabajo en mi sueño de competir en las olimpiadas de Tokio 2020 tendré que volver al lugar de entrenamiento donde fui abusada".

En otro momento del juicio, la campeona Aly Raisman reprochó a Nassar recordándole la protección que recibió de su entorno: "Ningún adulto actuó, hubiéramos podido no conocerlo, usted debería haber estado encerrado hace mucho tiempo. No sabemos por qué le permitieron seguir. Adulto tras adulto, algunos siendo autoridades, lo protegieron y hasta nos hacían sentir culpables, volviéndonos víctimas otra vez."

El método de Nassar resultó engañoso incluso para la policía pues, como reportó Univision, en 2014, tras denuncias hechas por algunas deportistas, la oficina del condado de Ingham dedujo "que los tratamientos de Nassar eran médicamente apropiados".

Según el The New York Times, por otro lado, el juicio despertó tal furor en el mundo de los deportes que esta semana renunciaron el director y varios integrantes de la junta del órgano rector de la gimnasia olímpica en Estados Unidos, USA Gymnastics.

Víctimas nunca más

Iban a ser 80 las mujeres que declararían en el juicio, pero debido a la catarsis pública y el clima que se vive en los Estados Unidos por el movimiento #MeToo, se sumaron más conforme pasaba la semana.

Este ejército de valientes mujeres se hacen llamar sobrevivientes y no víctimas pues han tenido el coraje de hablar sobre su dolorosa experiencia, mirar de frente a su abusador y lograr una sentencia ejemplar de entre 40 a 175 años de prisión dada por la jueza Rosemarie Aquilina.

Se han arrancado así la etiqueta de víctimas porque se han liberado de años de silencio, dolor y confusión. Llevar a su abusador a prisión es una forma de empezar a sanar y seguir con sus vidas.

Si Rachel Denhollander fue la que desenrolló la madeja, la historia de terror que vivió Kyle Stephens retrató hasta dónde llegaron los tentáculos de Nassar. Kyle no es deportista. A ella el médico, que era amigo de sus padres, la dañó de los 6 a los 12 años: "Se masturbaba delante de mí jugando al escondite, ponía su pene en mis pies, tocaba mis genitales en el sótano de su casa mientras mis padres, mi hermano, su mujer y sus hijos estaban en la misma casa. Mi padre no me creyó. Cuando en 2016 se enteró de las acusaciones contra Nassar, se suicidó", dijo ante el tribunal.

Antes de la lectura de su sentencia, Lawrence G. Nassar miró tras sus lentes finos de metal con rictus compungido a las mujeres a las que les había partido la vida y dijo: "No hay palabras que puedan describir la profundidad de cuánto siento lo que ha ocurrido".

Con firmeza, sin inmutarse, la jueza Aquilina replicó y puso el punto final: "Es mi honor y privilegio condenarte... acabo de firmar tu sentencia de muerte".

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