Esfuerzo

Policía de rescate submarino

El Equipo de Búsqueda y Rescate de la Policía de Salvataje es un grupo de élite integrado por buzos expertos. Su labor principal es la de ubicar y rescatar cuerpos ahogados. El trabajo en equipo y un entrenamiento especial son claves para su labor bajo el agua.

Edgar Gamboa

Domingo, 7 de Enero del 2018

El Equipo de Búsqueda y Rescate de la Policía de Salvataje lucha continuamente contra condiciones adversas de clima, geografía, visibilidad, corrientes marinas y un largo etcétera de calamidades contra las que nunca claudican. Sin embargo, hace poco más de un año, esta unidad de élite, integrada por buzos y rescatistas expertos, estuvo cerca de fracasar en una laguna "encantada".

El suboficial PNP Fernando Romero Valencia (35) lo recuerda todo. "Nos llamaron del distrito de Huancaraylla, provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho, para buscar el cuerpo de un hombre ahogado. Como somos la unidad especializada en ese tipo de trabajos, tuvimos que ir desde Lima. Allá nos enteramos de que la laguna donde había caído tenía fama de embrujada", relata.

Pese a ser natural de Mazamari, Junín, donde abundan las historias de desaparecidos y espíritus que habitan los bosques, Romero asegura siempre haber sido escéptico. No obstante, durante los cuatro días de infructuosa búsqueda en la temida laguna de Uchillque, afirma que algo sobrenatural impidió ubicar el cuerpo de Bartolomé Malmaceda Surco (38).

"Cada vez que nos sumergíamos el cielo se oscurecía dificultando la visión bajo el agua, pero ni bien salíamos, se aclaraba. Además, una extraña corriente, que no es usual en las lagunas, nos jalaba hacia el centro y el fondo. Eso, sumado a factores climáticos y la altura, nos impedía la labor de búsqueda", recuerda.

La mañana del 19 de enero del 2017, cinco días después de la desaparición de Malmaceda y cuando los rescatistas prácticamente ya no disponían de tiempo ni recursos para continuar la búsqueda, la propia laguna varó el cadáver. Fue como un premio a la tenacidad y sacrificio de los agentes, quienes a pesar del esfuerzo realizado, al día siguiente ya estaban otra vez buscando un desaparecido en otra localidad ayacuchana.

Ahora se trataba de un adolescente de 14 años, ahogado en la laguna de Cochahuarán, en el distrito de Lucanamarca, provincia de Huancasancos. A diferencia de Uchillque, la laguna Cochahuarán no puso trabas a la búsqueda y luego de unas horas el cadáver del menor fue encontrado bajo unos totorales.

No es para cualquiera

Pese a que todo miembro del Equipo de Búsqueda y Rescate es en principio un salvavidas, no todo salvavidas puede formar parte de este grupo de élite. Hay ciertas características –algunas incluso genéticas– que determinan la aptitud de un agente para realizar este trabajo. Y a eso habría que sumarle la vocación de sacrificio.

–Yo creo que lo principal es tener sangre fría.

Con 50 años cumplidos, treinta al servicio de la PNP, el técnico William Namuche López goza de un físico privilegiado. Es de los pocos policías que lucen una figura atlética, de músculos definidos y casi nada de grasa. Si bien lleva solo un año en Salvataje, fue por mucho tiempo del equipo de buzos de la Dirección Antidrogas (Dirandro).

–Mi labor era ubicar cargamentos de droga bajo el agua, a veces adheridos a las embarcaciones. Ahora salvo vidas y ubico personas ahogadas.

–¿Y por qué hay que tener sangre fría?

–Porque muchas veces, cuando uno bucea, se encuentra cara a cara con un cadáver en descomposición, por ejemplo. He visto buzos que no lo soportan.

Cuando habla de sangre fría, Namuche también se refiere a la concentración, al temple que todo buzo debe tener en determinadas situaciones, algunas muy peligrosas. Por ejemplo, cuando el oxígeno que llevan se agota y se encuentran a gran profundidad. Un error común, explica, es desesperarse y salir del agua rápidamente.

Hay protocolos que se deben respetar para salir del agua, de lo contrario, el cambio brusco de presión puede ser incluso mortal para el buzo. Por ello, un chequeo con cámara hiperbárica es necesario periódicamente para descartar complicaciones. "Esto no es para cualquiera. Hay cuerpos que soportan mejor la presión que otros", apunta Namuche.

Por otro lado, el rigor y el desgaste de los buzos es distinto al de los salvavidas comunes. Por ejemplo, tras participar en el rescate de un cuerpo en el mar, un buzo no puede repetir la rutina, sino que debe descansar para reponer energías. Por ello, un equipo mínimo de búsqueda y rescate debe estar integrado al menos por seis hombres, que alternen entre sí a la hora de sumergirse en el agua.

Trabajo en equipo

El teniente PNP Alexander Mescua, instructor del equipo de buceo, destaca que la labor de los rescatistas es siempre riesgosa. Fuera de situaciones externas, como chocar contra las rocas o contra la base de un muelle, ser arrastrado por una corriente o mordido por un animal, el principal riesgo, asegura, siempre es interior: perder el control de sí mismos y afectar al equipo.

Por ello, un ejercicio común en los entrenamientos de los buzos consiste en formar rondas bajo el agua, en las que deben compartir un solo tanque de oxígeno entre todos. "Si alguno se desespera y usa oxígeno de más, perjudicará a sus compañeros. Aquí es muy importante saber trabajar en equipo", refiere.

Un caso reciente, en el que la idea de equipo prevaleció, ocurrió esta semana tras la caída de un bus en el serpentín de Pasamayo, adonde 'Los Delfines' (así los llaman en la Policía) acudieron para sacar a las víctimas del agua. Al lugar, también llegaron rescatistas del Escuadrón de Emergencia de la PNP, de la Marina de Guerra y los Bomberos.

"Ese día no solo trabajamos en equipo nosotros, también hicimos equipo con otras unidades. Nos repartimos la zona y cada uno realizó su labor. A nosotros, por ser especialistas en buceo, nos tocó sacar los cuerpos atrapados dentro del bus, cortar cinturones de seguridad y hasta desmontar asientos", cuenta el suboficial Romero.

Riesgo permanente

Horas antes de acudir al rescate de cuerpos en Pasamayo, el técnico Namuche le salvó la vida a una joven que ingresó al mar con la firme intención de suicidarse. Esto ocurrió a pocos metros de la base central de la Policía de Salvataje, en la playa Los Yuyos, en Barranco.

"Estábamos realizando nuestro entrenamiento diario, cuando nos alertaron de esta mujer. De inmediato acudimos a su auxilio y la sacamos a la playa, donde nos llevamos una gran sorpresa: no solo se estaba ahogando, sino que había ingerido veneno y empezó a botar espuma por la boca. También tenía cortes en las muñecas", recuerda.

Namuche, además, reflexiona sobre los riesgos de su trabajo. "Mientras le daba respiración artificial (boca a boca), pude haber tragado la espuma con el veneno que había ingerido e intoxicarme. Gracias a Dios no fue así. En ese momento, uno solo piensa en salvar la vida del otro, incluso a riesgo de la nuestra", sostiene.

Padre de cuatro chicas, dos de ellas menores, este experimentado efectivo, quien además practica triatlón, prefiere no comentar demasiado sobre su trabajo con ellas, para no preocuparlas. Solo les advierte de los riesgos que hay en las playas.

"Siempre les digo que tengan cuidado al entrar al mar, que tomen sus precauciones, porque no me gustaría tener que ir al rescate de un cuerpo y que sea el de una de ellas", concluye.

Un caso reciente, en el que la idea de equipo prevaleció, ocurrió esta semana tras la caída de un bus en el serpentín de Pasamayo”.“Hay ciertas características –algunas incluso genéticas– que determinan la aptitud de un agente para este trabajo”.

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