Testimonio

Andrea Luna contra el acoso

La actriz está harta del acoso en las redes sociales y en la calles. Confiesa que abandonó el modelaje porque le ofrecieron ser dama de compañía. Odia cuando sus seguidores la abrazan por la cintura sin su consentimiento. Ahora vuelve a las telenovelas como Ágata en Madre por siempre.

Juana Gallegos

Domingo, 3 de Diciembre del 2017

El peligro de ser una actriz joven, guapa y famosa es que finalmente los medios terminen reduciendo tu carrera a los selfies que publicas.

Hace poco, la actriz Andrea Luna se fue de viaje a un lugar donde había mucho sol y colgó una foto suya en bikini en su cuenta de Instagram. Y un medio no tuvo mejor idea que publicar la foto en sus redes sociales con este titular: Si tienes frío en Lima, puedes ver las fotos de Andrea Luna para calentarte.

"Yo me quedé espantada – exclama Andrea–. Otra vez publiqué una foto modelando un bralette (un sostén de encaje) de mi tienda de ropa y publicaron: A Andrea Luna se le ve un pecho. ¿Me puedes explicar qué está pasando?"

Andrea (26), que ha llevado algunos cursos de periodismo en la universidad San Martín, bien intencionada, le escribió al community manager del medio: Señor periodista, ¿puede dejar de ser tan mañoso?

Si bien esta anécdota le puede arrancar una sonrisa al lector más despistado, no es para nada graciosa.

Andrea Luna es una de las tantas actrices que resaltan en las cuentas de Facebook de algunos medios no tanto por su trabajo sino por llamadas como estas: "se hizo un cambio look", "derrocha sensualidad" o "sube la temperatura". Posts que la reducen una y otra vez a su pelo, a sus piernas, a su cuerpo.

De Andrea Luna no se resalta, por ejemplo, que ya tiene diez años inmersa en el teatro y la televisión, y que , en busca de mejorar sus técnicas actorales, ha llevado cursos de canto en la New York Filme Academy de NYC, donde aprendió a modular su voz para participar en musicales estilo Broadway.

Tampoco se dice mucho de su debut en el cine el próximo año, con un protagónico en la película dirigida y escrita por Aldo Miyashiro: Sangra, grita y late (2018), y poco se sabe sobre sus ambiciones de granjearse una carrera en el extranjero, y que sueña con ser una chica Almodóvar o ser dirigida por Woody Allen o Polanski.

Nadie imaginaría que es muy severa consigo misma y critica todas sus actuaciones:

"Yo me presiono bastante porque es la única manera de mejorar. Para mí todo es difícil aún. La actuación es muy difícil. Me han dicho que a veces me hago daño por ser tan perfeccionista. Es que quiero que la gente vea un resultado convincente, que se crean que soy ese personaje", dice la actriz, quien se reprocha hasta ahora la vez que se quedó en blanco por dos segundos (que para ella fueron diez minutos) en una obra teatral, y que salió llorando de la función.

Vivir al acecho

Algunos dirán que por lo que más resalta Andrea Luna es por sus fotos en bikini. Cuando escribimos su nombre en Google aparecen decenas de fotos de la actriz con poca ropa. Sí, a Andrea no le incomodan ese tipo de tomas y parece que las disfruta. Total, ella puede hacer con su cuerpo lo que desee:

"Yo tengo la libertad de mostrarme como quiera. Creo que proyecto la imagen de ser una chica joven que se viste no de forma exuberante, al contrario, estoy tratando de ser más elegante pero tampoco aburrida", dice.

Ella puede salir en topless en sus redes sociales, si quiere, pero eso no significa que cuando vaya por la calle cualquiera se pueda sentir con la libertad de "sirearla", decirle obscenidades o tocarla.

"Cuando me miran y me dicen algo que los demás consideran 'bonito', yo escucho un acoso. Cuando tenía 18 años, un taxista pasó y me dijo te la meto por no sé donde... yo volteé y me quedé traumada, mi papá estaba lejos y no pudo hacer nada. Hace poco iba caminando por Barranco y un chico me metió la cara, me mandó un beso muy cerca y me gritó ¡Mamacita! Yo grité: ¡Violador, violador! Luego doy tres pasos y hay otro que me hace lo mismo", cuenta.

La actriz está harta y vive temerosa. Vivir el acoso a diario en las calles ha hecho que Andrea prefiera moverse en auto en vez de caminar. El que a los ocho años un ladrón haya reventado con una bujía la luna del auto de su papá para robarles, le ha creado una sensación de vivir al acecho.

La actriz confiesa padecer ataques de ansiedad con regularidad, que es una forma de manifestar su pesar por vivir en una ciudad tan hostil como Lima, angustia que trata con clases de yoga y medicación.

"Tengo miedo de que me hagan daño. Vivo muy nerviosa. Tengo miedo de que me roben, me golpeen, me digan algo feo...", dice con cara de circunstancia.

"Querían chicas bonitas"

Antes de ser actriz, Luna era modelo. Empezó a los 17 años y dejó el oficio cuando de pronto se vio envuelta en un mundo en el que extrañamente a las modelos las invitaban a Las Vegas con todo pagado:

"Me ofrecieron ser dama de compañía cuando modelaba. Incluso había una lista de chicas conocidas que lo hacían y me parecía la cosa más espantosa del mundo. Sabía que eran empresarios que querían chicas bonitas para llevárselas de viaje o para que se paren al lado de ellos en los casinos. Era horrible", señala Andrea, quien se alejó de ese ambiente, además, porque le incomodaba muchísimo el que sus seguidores, a mano suelta y sin su permiso, le envolvieran la cintura y la apretaran contra ellos como si fuera una muñeca cada vez que se tomaban una fotografía.

- ¿Como actriz, como figura pública, te sentías en la obligación de complacerlos?

- No. Yo les quito la mano, me siento como violentada, me pongo seria. Y a veces se ríen y se ponen nerviosos. Por eso también dejé el modelaje. Me alejé porque era horrible soportarlo.

Esa ha sido una de las razones para que su padre se conviertiera en su manager. Necesitaba que alguien en verdad sacara cara por ella, especialmente, cuando no le querían pagar por sus trabajos de modelaje.

El personaje extremo

Estamos en los talleres de Del Barrio Producciones, dirigidos por Michelle Alexander.

Las pestañas tupidas, alargadas y postizas de Andrea parecen unos abanicos.

Está caracterizada como Ágata, una chica mimada, ambiciosa y superficial que cree merecerlo todo y que será uno de los personajes del relanzamiento de la telenovela Colorina retitulada Madre por siempre.

Esta fue la razón por la que vinimos a entrevistar a Andrea, pero terminamos hablando, inevitablemente del acoso. Pero volviendo a su nuevo papel, dice: "El personaje tendrá un poco de Miranda Priestly de El diablo viste a la moda y algo de Fallon Carrington, un personaje de la serie ochentera Dynasty".

Andrea, quien ya ha abandonado la autosuficiencia de Ágata y ha subido las piernas sobre el futón de cuero del estudio, no deja de acomodarse el vestido azul.

A Andrea, hija única y rescatista de animales desprotegidos, que se califica como una chica "extra dulce", le atraen ese tipo de personajes, los diametralmente opuestos a ella: "Los que tengan alguna enfermedad, o una psicópata, o una asesina en serie. Me gustaría interpretar personajes extremos", señala.

El miércoles pasado arrancaron las grabaciones de la telenovela. Está seducida por su nuevo papel, pero uno de los que recuerda con más cariño, dice, es el de Lucero de la telenovela Sólo una madre. La gente la paraba en la calle, le decían que admiraban su trabajo, que lloraban y sufrían con las paripecias de esa madre joven y soltera de la ficción.

- No todo es malo, la gente también te dice cosas buenas en la calle, entonces.

- No, no todo es malo. La actuación me ha dado muchas satisfacciones.

Terminamos la entrevista. La joven Andrea Luna parte como Ágata sobre unas altas y doradas sandalias de tacón por las calles de Barranco. Va con dos amigos. A salvo.

Me ofrecieron ser dama de compañía cuando fui modelo. Había un lista de chicas conocidas que lo hacían. Salí espantada”. La actriz confiesa padecer con regularidad ataques de ansiedad que controla con clases de yoga.

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