Juan Luis Cebrián

“No me gusta el sentimiento épico del periodismo” [VIDEO]

Periodista, escritor y empresario español. Director del diario El País de España desde 1976 hasta 1988. Ex presidente ejecutivo de PRISA, grupo de información, educación y entretenimiento en países de habla española.

Maritza Espinoza

Domingo, 3 de Diciembre del 2017

Juan Luis Cebrián ha sido considerado el periodista más influyente de España y, por cuatro décadas, ha pertenecido al cogollo mismo del poder. Hace apenas un par de semanas, anunció su salida de la presidencia del súper poderoso Grupo Prisa -aunque se reserva la del diario El País-, hecho que causó un gran revuelo en su país. Esta entrevista tuvo lugar en el Swiss Hotel, poco antes de que partiera rumbo a Ica, para participar en el Cade hablando sobre el rol de los medios para la superviviencia de la democracia.

Ha anunciado hace muy poco su salida de la presidencia de Prisa. ¿Cuáles son sus sensaciones después de tantas décadas?

Creo que es bueno para la compañía que haya un relevo y que haya sangre nueva y joven. No lo hice antes porque hemos pasado una temporada muy complicada. Teníamos una deuda muy elevada, de nada menos que casi 100 mil dólares. Hemos devuelto a los bancos, entre cotizaciones e intereses, más de cuatro mil millones de dólares.

¿Por qué le pareció importante mantener la presidencia de El País?

No es solo mi deseo lo que ha motivado esta transición. Había una serie de accionistas importantes que incluso no querían que dejara la presidencia de Prisa. Todos ellos están preocupados por los aspectos institucionales de la compañía, sobre todo por el hecho de que es preciso proteger la independencia editorial y la autonomía de las redacciones y de los directores de los medios.

Y la libertad de los periodistas, me imagino…

La libertad y la autonomía de los periodistas. Hay que tener en cuenta que el derecho de la libertad de prensa no es un derecho de los periodistas: es un derecho de los ciudadanos. Los periodistas, los empresarios, los editores, administran un derecho que es ajeno.

Usted ha dicho que lo único peor que el deterioro de la política es el deterioro de los medios. ¿A qué se refiere?

Creo que están relacionados. Estamos viviendo una crisis de representación en los sistemas políticos occidentales, fruto de la aparición de las tecnologías digitales, de la extensión de las redes sociales y de la capacidad de intervenir en el espacio público de cualquier ciudadano, lo cual, en principio, es interesante, es bueno, es más participación y, por lo tanto, más democracia, pero hace que las redes se hayan llenado de mentiras, de post verdades, que son peores que las mentiras.

Hay quienes piensan que ese es el periodismo que va a dominar, de alguna manera, el Internet y las redes. ¿Usted es optimista?

Hay que ser optimista y soy optimista por naturaleza. Lo que pasa es que estamos ante un cambio de civilización y el impacto de Internet es igual o superior al impacto de la imprenta. Por lo tanto, estamos asistiendo a un cambio fundamental de la estructura política y social en la que vivimos.

Usted funda El País en un momento de transición en España y fue de repente uno de los periodistas más jóvenes en manejar tanto poder. ¿Cómo fue eso?

La transición española, por motivos válidos, fue también un cambio generacional, y yo tenía 31 años cuando fundamos El País, yo como primer director, pero Felipe Gonzales tenía 33, el Rey tenía 38, 39… [Risas]

Suena bien eso: yo, Felipe Gonzales y el rey… [Risas]

Bueno, digo por pensar en la gente que de alguna manera fue activa en la transición. Fue un cambio generacional, ¿no? O sea, había mucha gente joven en política, en la prensa, en la cultura en aquellos momentos. Yo no fui una excepción.

Su padre fue un periodista franquista y usted fundó el diario más progre de España. ¿Hubo algo de edípico ahí?

No, en absoluto. Yo me llevé siempre muy bien con mi padre. Hay que tener en cuenta que, para comprender la transición política en España, el franquismo no fue una dictadura militar solo. Fue el fruto de una guerra civil en la que media España se enfrentó con la otra media. El franquismo representaba una amplia parte de la sociedad española. Por eso Franco murió en la cama…

Además, la transición fue una negociación.

Sí, la transición fue una negociación entre los vencedores de la guerra. Mejor dicho, entre los hijos de los vencedores de la guerra, y entre los hijos de los vencidos.

Usted era hijo de un vencedor, ¿no?

Yo era hijo de un vencedor, pero estuve casado con una mujer que era hija de vencido. O sea, después de 40 años, el régimen lo había contaminado todo. Por otra parte, estaba todo el mundo ya muy cansado del franquismo, empezando por los franquistas. Yo creo que esto se entiende si se piensa que un ministro de Franco, Manuel Fraga, fundador de la Alianza Popular

Uno de los fundadores de El País, entiendo.

Bueno, era uno de los accionistas, sí. Él fue el que introdujo, en una conferencia en Madrid, a Santiago Carrillo, quien era secretario general del Partido Comunista, que había estado 40 años exiliado y era odiado por la derecha española. El primer pleno de las cortes democráticas, después de las elecciones del 77, lo presidió la Pasionaria, la líder mítica del Partido Comunista Español.

Ahora, usted ha estado desde muy joven en el cogollo del poder. ¿Qué le advertiría a un joven periodista de eso? ¿Qué riesgos tiene?

Bueno, los periodistas tenemos la ventaja o la desgracia de, efectivamente, conocer un poco las interioridades del poder.

Pero no todos los periodistas van a las reuniones del grupo Bilderberg…

Eso es así, pero para algunos, ¿no? Bueno, yo creo que lo más importante para un periodista es, primero, no dejarse seducir por los cantos de sirena. Y saber que uno realmente no es más que lo que yo decía antes: gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente.

Usted ha estado, como le mencionaba, en las reuniones del grupo Bilderberg, que son los 130 hombres más poderosos del mundo. ¿Cómo es esa experiencia?

Bueno, hay mucha leyenda sobre el Grupo Bilderberg. Yo empecé a asistir a principios de los años 80 y he estado en 20 o 25 reuniones de estas. Bueno, para un periodista, es una experiencia impagable, porque te permite convivir realmente durante tiempo con jefes de estado, con primeros ministros, con empresarios importantes. Ahí tuve la oportunidad de conocer a (Gianni) Agnelli y a (Henry) Kissinger y a muchísima gente.

Como creador y fundador de un diario como El País, ¿cuál piensa que es la impronta que le ha dejado?

Yo he sido periodista toda mi vida. No he hecho más que periódicos desde que estaba en el colegio y en la universidad…

¿Pero qué es lo que tiene El País que no podría haber tenido sin usted?

Ah, no lo sé. Creo que todos los periódicos se parecen, para bien o para mal, a sus directores y al director de cada momento. Otra cosa es que fundar un periódico es una oportunidad que a muy pocos se les es dada. Y lo hicimos desde cero.

Yo pensaba que tal vez el anticlericalismo de El País podía ser un sello suyo…

Yo no soy anticlerical. Ni El País es anticlerical, pero tiene una voluntad muy fuerte de ser un periódico laico. Claro, los clericales suelen confundir el laicismo con el radicalismo.

Usted, en su libro (de memorias) cuenta haber sufrido abusos sexuales en la infancia (en un colegio religioso). ¿No lo ha marcado eso en relación a la iglesia?

Honestamente, yo creo que aquello no me marcó. O pienso que no me marcó, pero, efectivamente, lo que sí me marcó y marcó a muchos españoles es la intensidad de la intervención de la Iglesia Católica en la vida pública española.

Educativa, sobre todo, ¿no?

Bueno, cuando empieza la transición, el 70% de la enseñanza primaria y media estaba en manos de la Iglesia. Ahora debe ser en torno a un 30%, 25%. Segundo, fue una Iglesia muy reaccionaria. Era un gueto interior en el que vivíamos los españoles.

Por eso el impacto del destape, ¿no?

Eso fue en los 60 y los 70, sí. Y luego, además, en la transición, hubo una eclosión de libertad en España, y empezó a catalogarse como uno de los países más libres de Europa en cuestiones sexuales o sociales o de convivencia. Lo cuento en el libro: yo me fui a París en el año 64 y tenía ya 20 años. Era ya un joven adulto, y me quedaba sorprendido de ver besarse a las parejas en las calles y en los puentes de París.

¡No me diga que fue virgen a París! [Risas]

[Risas] No, no fui virgen, pero España era un mundo muy difícil de imaginar para cualquier ciudadano que haya nacido en los 60, los 70, los 80. Era como un mundo completamente diferente.

Ha dicho hace poco que usted es solo un lector privilegiado de El País. ¿Ese es el único papel de un presidente de un diario?

No es el único papel, ¿no? El papel de un presidente o de un editor, en España por lo menos, es lograr y ser capaz de permitir que los periodistas hagan su tarea, tratar de garantizar la independencia y la autonomía de las redacciones…

Ahora, en tantos años al frente de El País, ¿tiene alguna autocrítica?

Autocríticas creo que tengo muchas y, si has leído mi libro, pues reconozco unas cuantas. Eso no quiere decir que me arrepienta. Yo creo que el arrepentimiento, nuevamente, es un sentimiento muy propio de la concepción de la culpa en el catolicismo o en la tradición judía…

¿De la que ya se liberó?

Bueno, yo creo que de eso no se libera uno nunca. Lo que trato de decir es que la historia de uno es fruto de sus errores y de sus aciertos. Por lo tanto, no debe uno arrepentirse de los errores. Lo que debe es aprender de ellos y no volver a cometerlos.

¿Alguna vez sintió que El País cambiaba la historia de España?

No me gusta el sentimiento épico del periodismo. No me gustan los periodistas que enseñan todos los días las llagas en sus manos, fruto de la persecución que viven por la libertad de prensa. Uno ve una gran cantidad de asesinatos de periodistas que mueren en conflictos armados, fotógrafos o cámaras de televisión, enfrentan peligros formidables y, normalmente, son casi anónimos. Arrostran peligros inmensos y, efectivamente, muchas veces son víctimas de ellos sin que vayan presumiendo de ello como algunos columnistas o comentaristas o tertulianos acostumbran.

Según una crónica de Vanity Fair, a raíz de su salida, usted presumía de ser el periodista más poderoso de España.

Yo no soy muy presumido, porque soy muy tímido. No lo sé, se ha atribuido a El País un poder que no ha tenido. Ha tenido un poder de influencia, entre otras cosas, porque pudimos recoger el sentir de una generación, que era la de la transición. Y como era el director y lo había fundado, ese poder se me atribuía a mí. Pero no lo creo. Lo que sí creo es que he tenido y tengo es la satisfacción de tener acceso a conversaciones con jefes de estado, con políticos, con intelectuales… El País me ha permitido amistades íntimas con García Márquez, con Carlos Fuentes, con Mario Benedetti, con Mario Vargas Llosa… También con algunos políticos y otros personajes de la vida económica y social, y eso es enriquecedor.

¿Y esperaba que su salida de la presidencia de Prisa fuera un acontecimiento de carácter casi nacional?

El País, por su influencia en la vida española, ha generado siempre una gran tensión. Llevamos más de 40 años siendo el primer periódico de España. Somos el único periódico en español que aparece entre los 10 primeros periódicos del mundo. Y eso, pues, genera envidia. Genera también prácticas de competencia a veces desleales, tratando de ganar al competidor no por ser mejor que él sino por tratar de destruirlo, de difamarlo.

¿Se refiere a cuando lo asociaron con los Panama papers?

Bueno, no es lo peor que nos ha pasado. A mí me empezaron asociando con la KGB y abriéndome cuentas falsas en diversos bancos en México, en Luxemburgo y en Israel. Nos acusaron de pertenecer al servicio secreto del ejército español en la transición. Nos han acusado de tantas cosas que, digamos, ya estoy curado de espanto.

Finalmente, y siendo usted crítico de las redes sociales, no he podido descubrir su Instagram, ni su Twitter, ni su Facebook. ¿No los tiene?

Tengo tres cuentas en Twitter, dos o tres en Facebook

Activas…

Ninguna. Dos en LinkedIn [risas], estoy en Instagram

¿Tinder? [Risas]

Estoy en todas… Un poco para visitarlas yo y para verlas yo.

Te puede interesar

Nuestras portadas