Susanne Noltenius

“Soy una pieza suelta, ni yo misma sé a dónde pertenezco”

Entrevista a la escritora Susanne Noltenius, quien acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura de este año, en la categoría de cuento, por Tres mujeres (Animal de invierno, 2015). Se dedica a la escritura y a las finanzas. 

Gabriela Wiener

Domingo, 26 de Noviembre del 2017

El hastío marital y doméstico han sido temas profundamente explorados por grandes autoras del siglo XX. La peruana Susanne Noltenius acaba de ganar el Premio Nacional de Literatura de este año, en la categoría de cuento, por Tres mujeres (Animal de invierno, 2015), divorciada, casada y soltera, ligadas por un punto de inflexión en sus vidas que las empuja a revisar el lugar en el mundo que ocupaban hasta ahora. Esa tensión entre las mujeres que son y deben ser y las que siempre quisieron ser no siempre se resuelve en experiencias liberadoras, a veces reafirman la norma y con eso sus peores miedos. “Me gusta pensar que la mujer divorciada ganará el juicio con que el ex marido la ataca, la casada se irá con el amante, la soltera cambiará de trabajo. Supongo que entre los lectores surgirán otras soluciones, basadas en sus propios referentes. Leer es una conexión con uno mismo”, asegura Noltenius.

¿Desde qué perspectiva te interesaba trabajar esa impostura, esa lucha interna?

Es incuestionable que las mujeres nos estamos abriendo paso en varios ámbitos. Mi interés no es plantear hacia dónde debería cambiar la situación, sino sembrar preguntas, que seamos conscientes de lo que ocurre, de los desequilibrios. Cuando una asume responsabilidades –lo que deberían ser o lo que los demás esperan que ellas sean– no se da cuenta de lo que sacrifica en el proceso: una pasión o un sueño de juventud. Funcionas en automático hasta que un evento mínimo, tal vez tan simple e inofensivo como una frase en un libro, te destapa los ojos y entiendes lo que dejaste de lado. Descubres la figura en el tapiz. Después no dejas de verla. Se vuelve algo inquietante en tu día a día.

Tus personajes femeninos orbitan alrededor de hombres que tienen demasiado poder sobre ellas, para hacerlas infelices pero también felices; por ejemplo, Julián a la mujer casada. ¿Cuánto de nuestra propia voz de escritoras que escriben sobre la experiencia femenina está impregnada del patriarcado que soñamos con erradicar? ¿Te lo cuestionas?

No había reparado en eso. Es cierto que en el escenario laboral de Tres mujeres hay un dominio masculino y las tres protagonistas lo cuestionan. Lo mismo ocurre en los vínculos con los maridos o exmaridos. Ellos tratan de mantener a las mujeres en roles tradicionales. Pero también hablo de otros vínculos que son igualmente castrantes para ellas: con los hijos –sin importar si son chicos o chicas–, con las madres y las compañeras de trabajo que abogan por el statu quo. El personaje de Julián es oxígeno para la vida asfixiante de Marcela, una ventana a su encierro. Yo quería graficar la admiración que Marcela siente por él. La admiración es el gran ingrediente del amor.

Las oficinas de las grandes empresas, las casas de playa en las que está a punto de ocurrir un tsunami, las esposas durmiendo con maridos que no quieren… ¿Escribir sobre lo que conocemos es una manera de desconocerlo, de negarlo?

Al contrario. Escribo sobre lo que conozco para hacerlo más visible, para desnudarlo.

La maternidad y la culpa se parecen mucho. ¿Al final de la historia siempre hay un niño que nos necesita? ¿Nos quedamos o nos vamos?

Los hijos nos hipotecan la vida para siempre. Si un hijo te necesita, dejarás todo para ir a su lado. No importa cuánto nos desgastemos o posterguemos en el rol de madre, es impensable renunciar a él. Eso no significa que nos sometamos y no intentemos un espacio propio. Al contrario, el lograrlo es admirable, lo mejor que podemos enseñar.

La mujer casada y aspirante a escritora se pregunta: "¿Representaba su origen un obstáculo para desarrollarse como escritora?". Tú vienes del mundo de las finanzas, tu primer contacto con el mundo literario fue a través de un taller de escritura. ¿Has tenido, como tu personaje, que hacerte esas preguntas, que justificarte ante los literatos de verdad?

Yo siempre estoy presente en mis personajes. Esas son preguntas que han pasado mil veces por mi cabeza. En general, no solo en el ambiente literario, tengo la sensación de no encajar del todo. Para el mundo corporativo soy una extraña interesada en la ficción. Para los escritores es llamativo que me dedique a las finanzas. Soy una pieza suelta, ni yo misma sé a dónde pertenezco. Hay algo trascendente en el oficio de escribir. Es un viaje de ida sin regreso. Quiero seguir en esto. Es por lo que me gustaría ser recordada.

Tuviste el privilegio de que tus maestros hayan sido dos personas muy conocidas del mundo literario. ¿No crees que las mujeres escritoras hasta ahora hemos necesitado de valedores, por lo general hombres y exitosos, que nos legitimen para acceder a los espacios?

No solo las mujeres. A cualquier persona que se inicia en un oficio o actividad le suma contar con el espaldarazo de alguien reconocido. Entre los escritores peruanos hay más hombres con una trayectoria sólida, pero muchos están dispuestos a reconocer y apoyar el avance de las mujeres en el oficio. Ya hemos levantado la mano, tenemos el zoom de la cámara, demostremos lo que somos capaces de crear.

Susanne, como saltando la soga y esperando que no pises: ¿soltera, casada, viuda, divorciada...? ¿Felizmente?

Estoy divorciada hace doce años. Eso significa que he pasado por los tres estados civiles a los que mi libro hace referencia. Mi felicidad no depende de mi estado civil.

 

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