Francesca Denegri

“La viralización de lo de Miss Perú es resultado de la sensibilización lograda por los colectivos feministas”

Es profesora principal del Departamento de Humanidades de la PUCP. Su próximo libro se titula: 'Caerá jueves en domingo. Cultura y emociones en el Perú posbélico'. Es columnista de El Comercio.

Gabriela Wiener

Domingo, 12 de Noviembre del 2017

Lo supo el mundo: En la celebración del último Miss Perú, las participantes cambiaron la enunciación de sus “medidas” por la de los datos de violencia contra las mujeres en este país. La polémica estalló, también entre los feminismos de muchos lados. Se denunció el anacronismo de una denuncia que se realiza en un contexto de objetualización y cosificación del cuerpo de la mujer, donde muchas situamos el origen del resto de violencias. Otras pidieron no olvidar que se trata de una campaña de marketing, tanto del concurso como del canal de televisión, aprovechando el contexto de denuncias feministas. Muchas lo consideraron un aporte más a la lucha desde el mainstream. Para hablar de las misses, de testimonios y del aluvión de denuncias fui a buscar a Francesca Denegri, autora, entre otros libros, de El abanico y la cigarrera. La primera generación de mujeres ilustradas en el Perú (Lima, 1995 2001) y de Dando cuenta. Estudios sobre el testimonio de la violencia política en el Perú 1980-2000 (Lima 2016).

Se ha dicho que ningún colectivo feminista podría haber conseguido el impacto mediático que lograron las misses. ¿Crees que ha tenido un alcance real y ahora hay más consciencia o es una anécdota?

No dudo de la pegada mediática del episodio de marras, pero creo que su relación con los colectivos feministas va más allá de cuál tuvo más alcance. El fondo de la cuestión es la lógica de sobrevivencia de la Organización Miss Universo (OMU), su versión local, Miss Perú y los conglomerados que también tienen su pedazo de torta en el concurso. Hay que tener en cuenta la crisis que habrá supuesto para la empresa madre, que en el contexto de movilizaciones feministas para denunciar la violencia de género, varias candidatas al Miss USA hicieran declaraciones en la prensa acerca de prácticas dudosas, tipo “inspecciones” humillantes y cierto manoseo, a las que Donald Trump, que era entonces el dueño de la empresa, las sometía sistemáticamente. Sin contar con los alardes públicos del magnate acerca de su interés en tener candidatas “calientes” antes que inteligentes.

Dios, gracias por recordarme que Donald Trump era dueño de Miss Universo.

Aunque en 2015, en medio de un clima de creciente alerta global frente a la violencia sexual contra las mujeres, Trump vendió sus acciones, el daño que las denuncias contra su dueño implicaban para el futuro del certamen tenía que ser controlado. Se entiende por qué entonces la empresa opta por reencauchar la imagen del evento, apropiándose de una plataforma de empoderamiento de mujeres dentro de la que habría que ubicar las ahora famosas enunciaciones de las candidatas a Miss Perú en el Teatro Municipal.

¿Entonces no significa que algo está cambiando?

Yo sí creo que hay algo que está cambiando, pero por el trabajo sólido y sostenido de colectivos, ONG y feministas en todos los ámbitos, responsables de haber concientizado al público sobre la gravedad del problema. Si las organizadoras de Miss Perú acordaron sorprendernos con la aparente transgresión de las candidatas, es porque tienen evidencia de que hay una masa crítica que, crispada frente a esta epidemia nacional de salud pública que es la violencia sexual, iba a celebrar su gesto. Me queda claro entonces que la viralización del episodio que señalas es resultado de la sensibilización que han logrado los colectivos como #NiunaMenos y #YoTambién, y no al revés.

¿Estamos ante un nuevo caso de apropiacionismo de las luchas por parte del mainstream o bien ante la ocupación del discurso y el espacio público por parte del feminismo?

Más que verlo en términos binarios o mutuamente excluyentes, creo que a pesar de la co-opción que planteas, el espacio público está cambiando de hecho con el avance del discurso feminista. Que las expresiones más claramente patriarcales y machistas como son el concurso Miss Perú y Miss Universo necesiten del discurso feminista para sobrevivir, es señal de que estamos avanzando. Pero no hay que confundir, esos concursos no pueden ser nuestros aliados. No puedes denunciar un régimen de violencia y sostenerlo al mismo tiempo. Difícilmente se puede tomar en serio una enunciación de protesta de quien ejerce hace 70 años la violencia adicional de pretender imponer un modelo único de belleza femenina.

¿Lo testimonial contra el machismo –que estalla el año pasado con Ni una Menos– ese nuevo relato colectivo, realmente tiene capacidad de articular las luchas o es solo un primer paso?

Pienso en el testimonio como una forma de lenguaje que se ha ido renovando a lo largo del tiempo, pero sin perder jamás su capacidad de movilización política de lo considerado usualmente como privado.

Cada día hay una nueva denuncia, pero al año ya nos hemos olvidado. ¿Que sigue al testimonio y a la denuncia pública?

Es cierto que cada denuncia nueva, cada testimonio nuevo, complejiza y tal vez rebalsa el caudal de historias de violencia, lo que hace más difícil retenerlos. Y es precisamente en un contexto de conflicto permanente como el que vivimos ahora en el país, donde recordar se convierte en arma política esencial. Recordar para no volver a caer en el silencio, para no repetir el olvido. Por eso, a los esfuerzos de recordar la violencia de la guerra interna hay que sumar los de la violencia de género en tiempos de paz.

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