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El básket se pone hiyab

Desde mediados de octubre, las mujeres musulmanas lucen su fe en cada canasta: gracias a una norma aprobada por la FIBA pueden cubrir sus cabezas con el hiyab, ese velo que el mundo occidental todavía ve con prejuicios.

Redacción LR

Lunes, 6 de Noviembre del 2017

Por Renzo Bambarén / Tomado de la Revistasudor.com

En la libertad paradisíaca de los mares, un país repartido en mil doscientas islitas se ahoga en la disciplina del Islam. Allí, en las Islas Maldivas, donde adorar a Alá es una ley y la homosexualidad y el cristianismo son muerte, las mujeres padecen el calor y se bañan en las playas aborreciendo los bikinis. El pudor no les permite sacrilegios y la desnudez solo muestra los pies descalzos. Allí, en el infierno más lujoso de los turistas occidentales, una niña le dio botes a una pelota de básquetbol sin imaginar que años más tarde se convertiría, quizá, en la deportista maldiva más célebre de la historia. Pero no en su país.

En el sur de India, Maryam Hussain, una quinceañera de tez ceniza y mejillas carnosas, participó de la división B del torneo asiático Sub-16 de básquet vistiendo las sedas de su país y de su fe. El debut fue el pasado 22 de octubre ante Malasia y la presencia de Maryam supuso un hito memorable en la historia de este deporte. En los camerinos, las chicas maldivas alistaban sus shorts y polos rojiverdes para iniciar el partido. Sin embargo, Maryam Hussain fue la única que decidió vestirse como las mujeres de su país que van a la playa. Con vestimenta negra de mangas largas, pantalones largos, y por encima utilizó su uniforme deportivo. En la cabeza, un detalle especial: un hiyab. La niña fue la primera en jugar al básquet de manera oficial divulgando su fe por Alá.

Al día siguiente, el lunes 23 de octubre la selección de Irán siguió su ejemplo: el equipo completo apareció con hiyabs rojos en el coliseo de Koramangala, en Bengaluru, India. La jornada histórica tuvo un final feliz: Irán venció a Nepal 89 a 32.

La participación de Irán en el torneo fue más que digna. Con dos partidos ganados y tres perdidos, las niñas musulmanas ocuparon el cuarto puesto del torneo Sub-16 y abrieron las puertas de un prometedor futuro.

Pero el hiyab es más que un velo en la cultura musulmana. Para las mujeres que practican el Islam de manera activa, lucirlo es un acto de modestia. Según el Corán, quienes cumplen los doce años deben proteger su cuerpo de las miradas viriles ajenas a las de sus familiares. La ignorancia occidental solo atina a valorar una prenda de vestir como terrorismo u opresión sexual. La Federación Internacional de Básquetbol (FIBA) logró despojarse de los prejuicios y accedió a que las jugadoras utilicen el hiyab desde el pasado 1 de octubre. La lucha no fue tan fácil y cobró víctimas.

El último antecedente para solicitar el uso del hiyab tuvo resultados nefastos. Bilqis Abdul-Qaadir, una musulmana estadounidense con rotundo éxito en las ligas de básquet universitario, quiso dejar el amauteurismo. Ya lo había ganado todo en su país: innumerables premios y récords batidos. Siempre vistiendo el hiyab. En 2014, Bilqis tenía el camino abierto para firmar por un equipo profesional europeo, pero la FIBA truncó sus sueños al impedirle vestir el hiyab en el campo de juego. ¿La razón? Presuntas razones de seguridad. O quizás prejuicios. Bilqis no tuvo otra salida que el retiro.

Tiempo después se convirtió en activista. Dio la vuelta al mundo contando su caso y muchas personalidades como el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se solidarizaron con ella.

Con el nuevo permiso, Bilqis, de 26 años, no está segura en volver al básquet. Su motivación es luchar para que el Islam no sea un impedimiento para que niñas musulmanas, como Maryam Hussein, puedan recoger los balones de cualquier deporte.

“Estoy orgullosa de jugar para mi país ”, dijo Maryam Hussein luego de que Maldivas cayera fulminado ante Malasia por 130 a 14. Ella solo jugó 15 minutos y no anotó ningún punto pero el resultado es una anécdota.

Al cabo de cinco días de torneo, Maldivas quedó en el último lugar y perdió todos sus partidos. Maryan Hussain jugó en total cincuenta y ocho minutos y anotó los cinco puntos más felices de su vida. Cobró un tiro libre, encestó un triple y otro tiro de campo. Suficiente para sonreír y sudar el hiyab, regresar a casa y contárselo a mamá.

Algo ha quedado claro: el hiyab aún tiene muchos deportes por vestir.

En los deportes la religión no está permitida. Por ello adoptamos el protector de cabeza”, Hovsep Seraydarian (FIBA).

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