Hallazgo

Hombres contra el machismo

Son hombres y quieren marcar distancia del típico "macho". Son activistas de la Red Peruana de Masculinidades, un grupo que quiere terminar con la violencia machista mirándose primero al ombligo.

Redacción LR

Lunes, 6 de Noviembre del 2017

Joshua Calderón (34): "La dejé hablando al vacío, cambié de tema deliberadamente, controlé la situación una vez más".

Orlando Pardo (62): "No consideraba sus sugerencias. Yo era el que capitaneaba, el que decidía a dónde ir, qué película ver, qué opinión dar".

Jaikel Rodríguez (28): "Yo tenía siempre la razón. La conversación terminaba siendo un monólogo. Ella escuchaba y yo decía".

Walter García (29): "La última vez que ejercí violencia fue esta mañana. Le pedí a mi pareja que lea un texto que escribí, no aguanté sus críticas y le refuté de muy mala gana".

Estamos en un departamento de Breña. Tras una hora y media de conversación y muchos vasos con agua, seis hombres de diferentes edades y oficios confiesan la última vez que ejercieron violencia contra una mujer, no violencia física, ninguno de los presentes es un agresor, sino una violencia más sutil, esa que se suelta gota a gota, todos los días, en pequeños actos machistas.

–Mientras más inteligente es el hombre, su violencia es más sofisticada, dice Orlando, el hermano mayor que siempre tenía que alzar la voz para ganarse el respeto de los otros, y que tomó conciencia de su "hombría" y se la cuestionó cuando trabajó en un programa de hombres que se comprometían a renunciar a la violencia.

A su lado está Zuider Zamalloa (35) quien agrega:

–Casi nadie nota cuando ejerces violencia emocional. Cosificar a la mujer, por ejemplo, es una forma de violencia, yo lo hice y estoy dejando de hacerlo.

Zuider es el gerente de una pequeña consultora y asiste quincenalmente junto a Orlando a las reuniones de la Red Peruana de Masculinidades, una agrupación de activistas conformado por hombres y mujeres que desde hace siete años se reúne en este departamento para pensar y repensar qué hay detrás de ese modelo de hombre que sociedades como la nuestra manda emular desde niños y al que todos llaman macho.

Les he propuesto a los hombres de la Red desmantelar esa forma de hombría, no desde la superioridad moral sino desde el autoexamen. Ellos mismos han pasado por un proceso de reinvención y han puesto en cuestión su masculinidad y estas fueron sus respuestas.

 

Matando al dinosaurio

 

Uno. Un hombre no nace macho, se hace. Nuevamente Orlando:

– Tú tienes cuatro o cinco años y ya te das cuenta de que el papá es el que manda en casa, es al que atienden y al que le dan la mejor presa, es el modelo por imitar porque él es el que trae el dinero de la calle. La madre, en cambio, es quien tiene que estar en la cocina, criando a los hijos, es quien sangra y pare con dolor. De chico te das cuenta que como hombre tienes privilegios y dices, aliviado: ¡Gracias!

La supuesta superioridad del hombre se activa primero en casa, luego se refuerza afuera, en la calle, en lo que llaman espacio público:

– ¿Quiénes son los ídolos de ahora? –agrega Orlando– pues los jugadores de fútbol. ¿Quién era el más popular en el salón? El que le pegaba a todos o el que metía más goles, nunca fue el chancón.

Dos. Un hombre debe ser fuerte y no hablamos de la fortaleza física, el macho es viril por la billetera, por su capacidad de proveer.

– La cultura nuestra hace que el hombre se ennoblezca por ser el proveedor. Se sobrevalora el dinero, asumimos una carga innecesaria que nos deshumaniza– interviene Joshua Calderón (34), un abogado que antes de involucrarse en la Red sostenía un doble discurso: trabajaba promoviendo los derechos de las mujeres, era políticamente correcto, pero en su relación amorosa era deliberadamente manipulador:

– No ejercía la violencia física pero sí la psicológica, agrega.

Tres. Un macho debe ser un heterosexual cabal, la cercanía entre los hombres está prohibida. Cuando se abrazan lo hacen con fuerza, nunca con calidez pues tienen que reafirmar su virilidad, no vaya a ser que duden de su hombría.

– Nos han castrado la cercanía y canalizamos esa necesidad de contacto y de ternura a través del golpe, de la peleita, del mariconeo –, dice Jaikel (28), psicólogo social y uno de los fundadores de la Red.

– La joda homofóbica es una forma de decirle al otro yo soy más hombre que tú. Recuérdalo – agrega Orlando.

– ¿Y eso de mostrar las emociones en público?, pregunto.

– Los hombres no podemos estar tristes ni sentir vergüenza en público, esas son emociones de mujeres. A nosotros nos está permitido la alegría o la ira–, apunta Joshua.

Cuatro. Un macho no puede mostrar debilidad. A dos compañeros de la Red se les murió el padre porque, sospechan, nunca aceptaron estar enfermos, no cumplieron con sus chequeos médicos:

– Creo que mi padre murió por esta idea de ser hombre y ser fuerte. Nunca pidió ayuda, desarrolló gastritis que desencadenó en cáncer y murió a los 60 años, dice Jaikel.

Destripar la "hombría" no es fácil porque todos estos hombres han mamado de la cultura patriarcal desde chicos, esa que pone al hombre blanco y heterosexual en la cumbre de la pirámide social por sobre todos los demás. Sin embargo, este grupo les ha permitido dudar y cambiar.

 

Liberarse del machismo

 

Dijimos que a la Red la conforman hombres y mujeres. Ellas están allí para explicarles de primera mano por qué estamos tan rabiosas y hartas.

Están ahí para recordarles, por ejemplo, que en el Perú 7 de cada 10 mujeres han sufrido alguna forma de violencia, que somos el segundo país de Latinoamérica con más feminicidios, y que el 80% de los asesinatos de mujeres los cometen quienes dicen que las aman.

Esta realidad la conocen bien las activistas Paola Villa y Cynthia Cano, quienes se unieron a la Red tras asistir a una charla sobre micromachismos en la universidad San Marcos. Ambas estaban inmersas en relaciones de dependencia emocional y sometimiento.

–El machismo es un sistema que nos ubica a hombres y mujeres en un lugar. Los hombres deben ser los proveedores y los que mandan. Las mujeres deben ser las sumisas y las que obedecen. Cada quien debe encajar en esa lógica sino el sistema colisiona, de ahí surge la violencia, dice Jaikel.

Y es que las mujeres estamos "huyendo" de nuestro lugar "natural", la casa. Tenemos trabajos como los hombres y somos independientes:

– Los hombres estamos usando la violencia para retenerlas pero esa ya no es la salida , dice Orlando.

– Es un tema de poder, el hombre se siente amenazado. ¿Qué es sino el acoso sexual callejero? Es una forma de decirle a las mujeres, la calle siempre fue lugar de hombres, vuelvan a sus casas, por esos las ‘cirean’, las tocan, las violentan, explica Zuider.

La Red no es un grupo de apoyo, sus acciones trascienden a la discusión de café. Cada tanto organizan intervenciones en las calles. Tienen una brigada antimachista contra el acoso y cada 25 de noviembre, en el Día de la no violencia contra la mujer, leen un compromiso público llamando a los otros hombres a: "No ser cómplices de actos de violencia, a no controlar los cuerpos y la sexualidad de las mujeres, a empezar con el cambio desde lo personal", entre otros compromisos.

– Aquí en la Red me lo he cuestionado todo. Hoy soy un hombre muy inseguro, siento mucha culpa, pero creo que es parte del proceso de cambio, dice Zuider, macho en proceso de conversión que tras su paso por la Red se ha permitido ponerse mallas y seguir clases de ballet. ¿Y por qué no?

Hay hombres que están renunciando a sus privilegios de macho. Hay hombres escépticos que no se la creen:

– A veces nos miran y se preguntan ¿él realmente ha hecho el cambio? , dice Joshua. La violencia no cesará mañana pero, al menos, la Red ha abierto una ventana.

Desde chico te hacen saber que como varón tienes privilegios que tus hermanas no tienen, y te dices aliviado: ¡Gracias!”.Trabajaba promoviendo el derecho de las mujeres, pero en mi relación amorosa era deliberadamente manipulador”.

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