Homenaje

Los 80 de Gerardo Chávez

Gerardo Chávez (Trujillo, 1937) celebra sus ochenta años con la exposición Chávez 80, que estará en el Museo de la Nación hasta el 18 de noviembre. Una monumental retrospectiva que recorre todas las etapas creativas de uno de los más importantes pintores del país.

Raúl Mendoza

Domingo, 29 de Octubre del 2017

A lo largo de su vida, Gerardo Chávez ha perseguido la belleza con sus pinceles. En esa búsqueda ha creado un universo en el que se funden figuras antropomorfas, criaturas voluptuosas, artefactos en continuo movimiento, objetos que tienen vida propia. Es el universo nacido de toda una vida de trabajo creativo.

"Un día te vas de esta tierra, pero queda tu obra, tu legado", dice el pintor, sentado en uno de los sillones de la sala de su casa, reflexionando sobre su exposición Chávez 80, la más completa retrospectiva sobre su obra hasta ahora. Luego señala una vitrina llena de vasijas prehispánicas y dice: "No sabemos quién hizo todo eso, pero la belleza queda".

PUEDES VER Gerardo Chávez: Nada se inventa, todo está creado

En los últimos años su búsqueda ha llegado a una etapa que él llama "La propuesta" y que describe como el reencuentro con las formas primarias de la pintura, con los trazos que hicieron en las paredes de las cuevas los primeros hombres, aquellos que narraban con trazos mínimos sus historias de cacería.

"Después de haber recorrido algunos ísmos, después de tanto ensayo y academia, siempre consiguiendo que mi interior convulsione en dirección de la belleza, he seguido desarrollando ese mundo que estuvo y está en mí, para plantearme ir un poco en la dirección del arte primitivo", cuenta el pintor.

Si uno acude a visitar la retrospectiva Chávez 80, en la torre Kuélap del Museo de la Nación, podrá apreciar en la primera planta sus enormes trabajos en yute que él ha llamado El otro Ekeko, La justicia en su laberinto o La procesión de la papa, cuyas formas ha trazado con carbón vegetal y ha pintado con arcilla diluida. Ha llevado su arte a una pureza de materiales y de colores.

"Hay cierta monocromía, porque yo siento que el color está en el interior de las cosas", dice. Y cuenta que La procesión de la papa está hecha de varios paneles y que cada panel está pintado con arcilla que él mandó traer de distintos lugares. "Cada panel tenía su provincia de donde venía este barro, y cada uno de ellos me daba un color diferente. Y todo eso dio algo que me contentó interiormente", explica el artista.

Chávez 80 recorre todas las etapas que Chávez ha atravesado en su vasta trayectoria. Desde su pintura inicial, cuando era un estudiante de Bellas Artes, su pintura al óleo o pastel graso desarrollada en París, su etapa más lúdica en la que pintó carruseles y caballos que parecían salir de un sueño, hasta la pintura 'primitiva' que ha estado trabajando en los últimos tiempos. En la muestra está el testimonio de una vida a través de los pinceles.

La retrospectiva reúne 212 cuadros y algunas esculturas, y ocupa cuatro pisos del Museo de la Nación. Es monumental. "Soy amigo de mostrar lo que he hecho y lo importante es que sea visto por otras personas. No me costó tanto reunirlo todo, porque he preservado mucha obra mía", cuenta. Se conmovió cuando vio un cuadro –prestado por un coleccionista– que no veía hacía años: El cazador cazado. "Son hijos que se fueron a vivir en colecciones privadas", dice.

Cabalgar un sueño

Los caballos siempre han estado presentes en la vida y en la obra de Gerardo Chávez. En el medio de la sala de su departamento hay un enorme caballo de madera de la India del siglo XIX y más allá otro de China esmaltado en azul-celeste. Los caballos le fascinan y los pintó durante una década como parte de su serie Caballitos del alma.

De niño le gustaban el circo y los carruseles. Alguna vez deseó escaparse con los artistas de un circo que pasó por su pueblo, Paiján, en Trujillo. Luego descubrió que su hermano Ángel Chávez era un pintor reconocido y así se interesó en el arte. Pasó por la Escuela de Bellas Artes de Lima y más tarde se fue a Francia. Luego volvió y hace años que vive entre Perú y Francia. Nunca dejó que su niño interior desapareciera, hoy tiene incluso un Museo del Juguete.

"En los años 90, súbitamente, me acordé del carrusel de mi niñez y pensé que podía hacer un cuadro. En él yo escapaba del carrusel en mi caballo de madera para encontrar la luna. Fue una pintura que le gustó a quienes la vieron y se vendió. Años después fui a Chosica con mi hijo que entonces tenía tres años y ahí vi un carrusel antiguo, similar al de mi niñez: "Te encontré", dije.

Eso dio origen a su serie Caballitos del Alma que realizó entre 1993 y 2000, y que tuvo mucho éxito entre los coleccionistas. "Me dio una situación económica que permitió que pudiera hacer realidad el Museo de Arte Moderno, en Trujillo", cuenta. Ahí no acaba su historia con los caballos. El 2000 hizo un viaje con su esposa a Los Angeles, EEUU, y en una visita a un museo encontró otro carrusel antiguo.

"Estaba funcionando y me subí por primera vez a uno. En un caballo blanco, como siempre quise. Me pareció una experiencia maravillosa. Pero después de eso algo pasó: cuando he querido volver a pintar un carrusel ya no he podido, me cuesta demasiado trabajo. Ha sido como cerrar un círculo", explica.

Por estos días, el maestro Chávez se encuentra recuperándose de una lesión a las costillas. Se la causó un caballo que pretendía montar durante una visita a Paiján, el lugar donde creció. Tuvo suerte.

En la presentación de su retrospectiva Mario Vargas Llosa dice de él: "Ese mundo suyo, frágil y suntuoso, bello y discreto, Chávez lo ha ido forjando, perfeccionando, depurando, liberando de influencias, mediante una técnica cada vez más segura y más propia. De su arte se puede decir algo que es raro: que siendo, de exposición en exposición, más congruente y leal consigo mismo, ha ido siendo también, más original y más profundo".

El pintor dice ahora que hace muchos años que ya no trabaja, sino que se divierte, que simplemente juega con los pinceles.

La retrospectiva reúne 212 cuadros, esculturas, y ocupa cuatro pisos del Museo de la Nación. Es monumental.“He seguido desarrollando ese mundo que estuvo y está en mí, para plantearme ir en la dirección del arte primitivo”.

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