Con L de lucha

El valor de Indyra Oropeza

Perdió su cabello, sus curvas, el trabajo, la universidad y hasta los cumpleaños de su hija. A cambio, la leucemia la amistó con su cuerpo, sus padres, y le concedió una nueva familia: sus lectores. Esta semana Indyra Oropeza, autora del blog Con L de Leucemia, publicó un libro con Planeta y contó su historia en el TEDxLima. Casi nada.

Renzo Gómez

Domingo, 29 de Octubre del 2017

“Caminé a los nueve meses, me quité el pañal a los ocho, tuve una hija antes de tener DNI azul, y comencé a morirme a los veinte”.

Indyra Oropeza (24) -vestido negro apretado y cortito, labios color vino, y tacones- tiene cautivas a 500 personas, en el auditorio de una universidad.

PUEDES VER Campaña de despistaje gratuito de cáncer de mama y cuello uterino

No los está dominando el peso de su voz, juvenil y vacilante, sino más bien la honesta imposición de su decir. Brillante como la esfera que corona su cuerpo.

Indyra padece de leucemia, y cuenta con quince minutos para contarlo, en esta la primera edición del TEDxLima, versión local de la franquicia, que ha reunido a nueve personajes para contagiar inspiración.

Indyra es la octava y penúltima. La han antecedido casos notables como el de Bruno Villegas, un muchacho que aprendió a convivir con su tartamudez y ha creado una organización para que las trabas en el hablar no sean limitantes; y también casos de los otros, como el de Luciana Olivares, marketera exitosa cuya principal tragedia fue disfrazarse de un camote para una actuación colegial.

Es la primera vez que Indyra se enfrenta a un público tan grande. Su speech no fluye con tanta facilidad, pero es genuino. No ha sido entrenado de paporreta. No suena a un robot.

Cinco minutos después de haber empezado, en la tercera parte de su discurso, el quiebre. Relatar el momento exacto en el que su padre le confirmó, en el estacionamiento de una clínica, que tenía leucemia la ha movido.

Su hablar se entrecorta. Su respiración se turba. Sus ojos se inundan. Sus entrañas han tomado la palabra.

El respetable, voluntariamente cautivo, aplaude.

L de leucemia

Durante dos años, Indyra Oropeza dudó en compartir sus tripas públicamente.

En abril de 2017, tres años y medio después de ser diagnosticada con leucemia mieloide crónica -una patología que altera el funcionamiento de diversos órganos-, cinco meses después de trasplantada, cuando su organismo comenzó a rechazar la médula ósea de su hermano menor Luighi, y tuvieron que hospitalizarla de emergencia durante un mes y medio, Indyra se atrevió a crear su fanpage Con L de leucemia.

Los likes se dispararon. No había en sus post el penoso tufillo de una víctima ni tampoco la petulancia de un héroe. Menos, la pureza de un ángel. En las redes sociales, Indyra Oropeza no se ponía otro traje que no fuera el suyo.

Trataba a la leucemia de maestra, guapura o pendeja, según el vaivén de su estado. Ironizaba sobre sus cachetes inflados, producto de los corticoides. Es más, definía en habla fácil los complejos términos clínicos. Ejemplo de su glosario:

Catéter: Puerto USB saliendo de mi escote. No te asustes. Si le ves el lado positivo, podrás ponerme los ojos encima con la excusa de que mi cablecito te llama mucho la atención.

Las personas, enfermas de cáncer o no, empezaron a multiplicarse.

Dos meses después, Indyra halló, entre sus mensajes, un inbox de Víctor Ruiz, editor de Planeta. "Estoy interesado en armar un proyecto contigo", le dejó dicho. A los días, luego de salir de la clínica, y acompañada de su mamá, Indyra se presentó en la editorial. Ruiz la esperaba con un contrato en la mano. Su segundo libro. El primero, un poemario llamado Azul que publicó en una editorial independiente, se hizo ceniza, en uno de sus arranques. Descuartizó los ejemplares y luego los quemó.

Es la mañana del miércoles en casa de Indyra, en San Borja. Hoy se imprimirá Con L de Leucemia, el compromiso que le firmó a Ruiz. Mañana jueves saldrá a la venta a nivel nacional y, por si fuera poco, Indyra contará su historia en una reconocida plataforma de conferencias.

La maquilladora le coloca unas pestañas de tira para la sesión de fotos. Hace tres semanas volvió a quedarse sin vellosidad en el cuerpo por el tratamiento. Aunque en el spa insistieron en llevarle una peluca, fue inútil.

“Soy conchuda. Ando pelada por la calle, y no me importa si se rompen el cuello volteando a mirarme. No me pondré peluca, ni turbante ni nada”.

Hace unos días, Indyra, quien vivió sus diez primeros años en Cajamarca, dictó una clase de automaquillaje para 50 mujeres con cáncer. Linfoma, ganglios, mamas. Al verla -cuenta ella- con la cabeza despoblada, como un pollito desplumado, empezaron a quitarse las pelucas. No en señal de reverencia, como los militares, sino en señal de valentía.

“El cáncer se asocia con muerte. Piensas en una persona tirada en su cama que no se arregla. La enfermedad está llena de mitos. Por eso en el blog intento tumbármelos”.

Uno de los mitos es, indudablemente, la sexualidad. Como ocurre con los ancianos, existe en el imaginario colectivo la suposición de que los pacientes con cáncer carecen de deseo.

“Les cuento un secreto: los guerreros también follamos, tenemos ganas, y queremos sexo tanto o más que una persona sana. No somos muñecos de porcelana”.

Ana María Aguilar, 'Mamá Oropeza' para su familia de lectores, la observa, cómplice. Hasta antes de la enfermedad, las discusiones con su única hija mujer eran diarias. El carácter fuerte de ambas las hacía colisionar a menudo.

Hoy, ambas han bajado la guardia por los abrazos que se deben. Cómo no ceder cuando una madre te ha visto llorar, te ha bañado e incluso ha limpiado tu vómito.

De pronto, alguien tararea una canción a lo lejos. Es una vocecita dulce que pugna por pronunciar un inglés correcto.

Es Tatiana o 'Tatibebé', la hija de seis años de Indyra. Una niña con lentes gruesos, vestido y pantys.

Es 'So fine' de We the lion, el grupo favorito de ambas. Uno de los tantos puntos que las conectan. Indyra experimentó la maternidad a los 17 años. 'Tatibebé' la ayudó a amar su cuerpo. Demasiado robusto para el estándar de los catálogos. Las estrías son ahora motivo de orgullo.

El 2 agosto, 'Tatibebé' cumplió seis años. Indyra sufrió una fuerte recaída, y, a pesar de sus esfuerzos, fue hospitalizada de inmediato. Posteó su tristeza y su rabia. Horas después, Mamá Oropeza la llamó para contarle, emocionada, que quince de sus lectores habían ido a su casa a dejarle regalos y dos tortas a su niña.

Cinco días después, Indyra celebró su cumpleaños por primera vez en seis años. Almas buenas confabularon otra vez: una mesa ambientada con su serie favorita, Juego de tronos, y un concierto privado, en su sala, de We the lion, su "banda adorada del mundo mundial".

El final de TEDxLima

La mujer de los ovarios de acero, Indyra Oropeza, ha continuado su discurso sin secarse las lágrimas, pero mucho más resuelta, en el TEDx Lima. Ha contado, con soltura, las 38 quimioterapias que recibió en apenas seis días, como preparación para su trasplante de médula, y cómo estuvo a punto de dejarse morir, en noviembre del año pasado.

A estas alturas, el público ha gritado y aplaudido varias veces, pero con una euforia tímida por las formas. Entonces, el final.

“Yo tengo cáncer pero el cáncer no me tiene a mí, y nunca me va a tener”.

Al demonio las formas. A pararse y aplaudir. Indyra Oropeza, una seductora de la vida.

Agradecimientos:

Marco Antonio Salón

Make up: Lucero Rivera.

Dirección: Av. Las Artes Norte 264 - San Borja.

Teléfonos: 2262399/2247970

El cáncer fue mi maestro, me enseñó mucho, pero, como todo en la vida, se acabó y tal vez sea lo mejor que me ha pasado”.“Es estúpido sentirse morir para recién darse cuenta que la vida, con todo lo que pueda faltarnos, es maravillosa”.

Te puede interesar

Nuestras portadas